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El cultivo de la coca
Reiterados han sido, y siguen siéndolo hasta hoy y seguramente lo serán hasta que San Juan baje el dedo, como suele decirse en alusión al tiempo infinito, los empeños de los Estados Unidos para lograr que los países en que se produce la coca, y entre éstos el nuestro, erradiquen los cultivos y se abstengan de reponerlos en lo sucesivo.
Todas las circunstancias son propicias para que los representantes del país del norte aviven el espíritu de lucha contra la milenaria hoja vegetal que es materia prima en la elaboración de la cocaína, al parecer el estupefaciente más requerido entre los adictos de todo el planeta. A través de foros o de contactos personales, Estados Unidos demanda unidad de acción y lucha sostenida para terminar con los cocales y por allí, con la cocaína y sus derivados que los hay y también muy requeridos por los miles y miles de viciosos de toda condición.
Sin embargo, y por lo que sabemos, mucha de la cocaína procedente de factorías que funcionan en nuestros agobiados países tiene como destino final los Estados Unidos. En rigor de verdad, ignoramos si la cocaína de nuestras factorías busca las costas norteamericanas para satisfacer la demanda de los viciosos allí vivientes o para ser reembarcada rumbo a otros destinos del continente o de la Vieja Europa o de la milenaria Asia o quién sabe de qué galaxia.
Mas, lo que en apariencia es incuestionable es que el maldito polvillo blanco o las sustancias sobrantes, tocan antes puntos territoriales estratégicos del poderoso país, para luego alcanzar su destino final.
Por lo que venimos viendo y oyendo desde hace mucho tiempo, nos hemos hecho a la idea de que en el país del norte es difícil o más bien imposible que para sus cuerpos de control, vigilancia y seguridad, pasen cosas inadvertidas como el tráfico de drogas prohibidas por ejemplo. ¿Cómo es posible, nos preguntamos entonces, que la cocaína, la droga más estigmatizada, amén de un mercado ávido, en territorio estadounidense cuente con puntos relativamente fiables para sus inevitables escalas hacia otros mercados?
Los gobernantes, las autoridades en general de los Estados Unidos no deberían, frente al acecho de las drogas, limitarse a exigir que destruyan las fuentes de las materias primas y que en todas las formas prohíban el uso de narcóticos u otras sustancias alucinógenas. Imprescindible resulta que vuelquen simultáneamente el poder de sus organismos represores en el propio medio, es decir, en territorio de la Unión, del que se hace imperioso eliminar no sólo a los traficantes que los hay en gran número, sino además proveer remedios eficaces para empleo y terapia de los dominados por el vicio terrible.
La acción antidrogas es deber de todos y de modo activo y directo. Con dar órdenes y aconsejar, poco o nada se sirve a la buena causa de la erradicación.
Del veto a la altura al estadio cruceño
Marcelo Rivero
Trillado el asunto del fútbol en la altura pero ni caso, habrá que referirse a él otra vez, puesto que la FIFA ratificó la prohibición de que las eliminatorias al mundial del 2010 se sigan jugando en estadios a más de 2.750 metros sobre el nivel del mar.
Me apartaré de la discusión en cuanto a los culpables de ese veto, ignorando, por consiguiente, los disparates que unos collas y un camba insinuaron de que los cruceños somos los culpables de lo ocurrido. Lo cierto es que la altura afecta el rendimiento de los deportistas (a no ser que se aclimaten), como se ha comprobado científicamente tantas veces, por lo que significa una ventaja extra deportiva que no acepta el mencionado organismo internacional, que también se refirió a la cuestión de la salud.
Claro que es posible ganar o empatar, en fútbol lo consiguieron muchos equipos, el último de ellos San Lorenzo de Argentina la semana pasada, aunque uno de sus jugadores salió diciendo que el sacrificio era enorme. Sin embargo, para competir en igualdad de condiciones, es imprescindible la aclimatación. Infelizmente, ni antes y peor en estos tiempos de tantas prisas e intereses económicos, nadie está en condiciones de subir a la puna con 10 ó 15 días de anticipación, ni los mismos bolivianos que juegan en el exterior, puesto que llegan dos o tres días antes de un partido. Habría que prescindir de Raldes, García, Martins, Arce, Peña, Cabrera, Alvarez, Moreno y de algún otro (¡mucha dosis con la ‘abundancia’ que tenemos!), para aprovechar al máximo dicha ventaja extra deportiva que por debajito de cuerda se quiere obtener.
Dije en estos tiempos de tantas prisas pero acá no parece ser así. En efecto, no hubo prisa ni viveza para tomar medidas oportunas, inteligentes y serias, frente a lo que se veía venir, el veto. De haber sido así ya estarían marchando a todo ritmo o por terminar las obras de mejoramiento del estadio Tahuichi para recibir a las selecciones rivales, como lo estuvo para las eliminatorias de México 86, cuando Edgar Peña desde la Federación y Tito Paz desde la Liga, consiguieron este privilegio para Santa Cruz. Claro, hoy son dirigentes inservibles que están llorando por la altura, a los que se suman autoridades más incompetentes todavía y del más alto nivel. La FIFA en la actualidad es más exigente en materia de escenarios, habrá que ir con otro llanto a pedirle elasticidad para que nuestra ciudad o Cochabamba sean sedes de los encuentros de cara a Sudáfrica 2010.
La decisión de la FIFA, igualmente, no hace más que confirmar la gran necesidad de que Santa Cruz tenga un estadio olímpico para diversas disciplinas y con capacidad para 60 mil personas como mínimo. En septiembre pasado dije que los cruceños podrían dar otro ejemplo al país construyendo por su cuenta tal escenario. ¡Alguien debe tomar la batuta en un emprendimiento tan importante! |
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