Medio a regañadientes, el presidente de la República, don Evo Morales Ayma, accedió a signar los dramáticos días que se están viviendo hasta hoy en el oriente boliviano, y muy precisamente en esta jurisdicción de Santa Cruz de la Sierra, como de desastre nacional. Dos o tres o vaya a saberse cuántas veces tuvo que pensarlo y masticarlo el jefe del Estado para emitir la declaratoria en cuestión. Mas, lo hizo finalmente. Lo que no ha ocurrido aún viene a ser la generosa y ágil acción gubernamental a través de un programa consistente y sostenido de salvataje y de auxilio a las víctimas del desastre, niños incluidos, ni el montaje de defensivos materiales para desviar el curso de las aguas de manera que discurran sin sembrar más muertes ni desolación.
La tragedia local, que realmente lo es y muy grande, desde las altas esferas del Gobierno ha sido vista con indiferencia, como si hubiese ocurrido muy lejos y entre gente ciertamente extraña.
Pero no es el momento de pasar factura, de pedir puntuales cuentas. La historia que todos los días se escribe, se encargará de hacerlo. Hoy se da más bien la oportunidad propicia para determinar orígenes del desastre y responsabilidades de nosotros mismos que estamos viviendo con el Jesús en la boca la tan dramática circunstancia.
Tendremos que empezar reconociendo que no es el actual el primero ni el único desastre que nos azota. A causa del mismo elemento descontrolado, el agua, que cae y engrosa el caudal de nuestros ríos, no muchos años ha, bajo lluvias torrenciales y persistentes, nos vimos de pronto con el líquido elemento al cuello y llorando a nuestros muertos y damnificados en general, a la vez que lamentando la pérdida parcial o total de nuestros bienes ganados con esfuerzo y sudor.
Duro, tremendamente duro fue el azote que nos cayó encima, del que ciertamente no éramos merecedores por no pocas circunstancias. Después, y tras salir de ese insufrible castigo, pusimos alma, corazón y vida en la tarea de reponer cuanto nos habían arrebatado las turbulentas aguas. Lo fuimos consiguiendo poco a poco, con redobladas energías y el ámbito fraternal de la cruceñidad retomó la calidez atractiva de la tierra de promisión.
No obstante, descuidamos una faceta, confiados seguro en la Divina Providencia. Esa faceta, que por lo menos debió movernos a tomar previsiones, fue la de las aguas de lluvia, que si una vez estuvo a punto de ahogarnos, podía repetirse en el momento menos pensado. Así es justamente como se está dando el presente dramático en que nos debatimos. Como ayer, con el agua al cuello y sin recursos para enfrentar y reducir siquiera los rigores de la naturaleza.
Las presentes observaciones, pensadas de cara al campo abierto, caen cabales, asimismo, a nuestro modo de ver, dentro de los marcos urbanos de nuestra capital.
Tres en Uno
¡Ah...el diálogo...
Por la ‘unidad del país’ que de tanta confrontación bajo la égida masista parece pegada con chicle, el presidente, Evo Morales, ha decidido aceptar como válidas las resoluciones de la Corte Nacional Electoral sobre las convocatorias a referéndum (el de los estatutos autonómicos no tiene retro) y llamó al Congreso Nacional (¿sin cerco?) este viernes para que analice los efectos de esta medida.
El jefe de Estado también ha develado su intención de reanudar el diálogo con los prefectos opositores a su gobierno, aceptando esta vez la presencia de mediadores internacionales.
De tan manoseado y desacreditado que se ha vuelto el diálogo en esta gestión gubernamental, nunca se había hecho tan difícil como ahora sentarse alrededor de una mesa para tratar de resolver los problemas del país.
YPFB crece y crece
No es precisamente una política de ´austeridad’ la que se está aplicando en YPFB, según un informe divulgado el martes por el periódico paceño La Prensa y que refiere que este año, la empresa aumentará su personal un 175% y el sueldo básico de Bs 1.587 a Bs 2.100, lo que demandará un costo anual de más de 66 millones de bolivianos. Así se lo ha resuelto para que Yacimientos pueda asumir, a poco menos de dos años de la ‘nacionalización’ de los hidrocarburos, todas las actividades de la cadena productiva. Por su lado, la Federación de Trabajadores de la entidad asegura que ‘insulsamente’ se están duplicando esfuerzos y que se ha contratado a más abogados que técnicos. También se registran denuncias de nepotismo en la estatal petrolera que sobre aguas bien picadas timonea el imperturbable Guillermo Aruquipa.
En tanto, la crisis energética en el país, a pesar del regalo de los foquitos ahorrativos, se viene al galope.
Una de ‘pacos’
Ver para creer. ¡Por fin aparecieron uniformados de Tránsito por el bulevar de la Monseñor Rivero! Lo hicieron la noche del martes para tratar de meter en cintura a los abusivos que se estacionan donde les da la gana. Pero el mismo día que llovió a cántaros desaparecieron de las rotondas y el tráfico vehicular se volvió todo un tormento en los cuatro puntos cardinales de la ciudad y se produjeron numerosas colisiones entre los ‘tarzanes’ que se aventuraron a cruzar primero...
Ya explicó Tránsito que sus efectivos no tienen ponchos ni botas para el agua. Tampoco recursos para curarse de un resfrío. Por eso ‘desaparecen’ cuando llueve...y se entiende.
Son las carencias en todo sentido que no se pueden cubrir, porque la plata que Tránsito recauda en Santa Cruz -que no es poca- se va donde sabemos y desde allá vuelve en migajas tarde, mal y nunca.