No somos buenos ciudadanos, pero hemos de admitir que entre mediocres y definitivamente malos, hay honrosas excepciones que tal vez alcanzan para ser incluidas en un resumido cuadro de honor.
Nos hemos echado encima infinidad de taras y lo grave del caso es que esas taras han estado pasando de generación en generación, encontrándose a estas alturas proyectadas para un muy largo futuro aún.
De los buenos ciudadanos de antes, poco o tal vez nada queda. Ahora pecamos por superficiales, por no tomarnos con la debida seriedad la lucha por la subsistencia, por aparentar lo que no somos, entre otras flaquezas de nuestra formación. Sin embargo creemos que aún no hemos llegado hasta el fondo del despeñadero, que todavía podemos encontrar el remedio para curar nuestro mal modo de ser.
Y precisamente porque creemos, o más bien estamos plenamente convencidos, de que aún tenemos el remedio para restablecer al buen ciudadano que estábamos seguros de que lo éramos, nuestro diario mayor EL DEBER, a través de sus inquietos suplementos (Debercito entre otros) está virtualmente lanzado ya en una campaña en pro del buen ciudadano.
Con satisfacción damos cuenta de que el simple anuncio de dicha campaña ha despertado singular y muy respetable expectativa, no sólo entre personas que normalmente se identifican con nuestro medio informativo que es, además de noticioso, orientador, sino también entre instituciones sociales diversas. Con buen pie se dan, desde luego, los primeros pasos según se puede apreciar.
Buen ciudadano se puede llegar a ser, aun en estos tiempos de duros e inapelables materialismos, con apenas pizcas de amor y de respeto, con un ejercicio así sea muy ligero, de las prácticas civilizadas.
Buen ciudadano se es, en los hechos, comportándose dentro del núcleo social como ser civilizado, demandando racionalmente respeto y respetando a la vez. El buen ciudadano tiene un comportamiento acorde en el ámbito público, que debe ser el reflejo del que se observa dentro de los marcos de la familia. El buen ciudadano tiene que respetar su entorno, empezando por el vecindario, las plazas, los parques, los jardines, las señales del tránsito que, éstas últimas, son pintadas para la propia seguridad del transeúnte y tienen un costo que de apenas pueden cubrir nuestras tan pobres reparticiones policiales. El buen ciudadano, en fin, ante la posibilidad de hacer el bien, debe brindarse espontáneamente sin aguardar a que se lo llame o se demande su auxilio.
La campaña de nuestro matutino persigue un buen objetivo y ya tenemos indicios alentadores que nos permiten pensar que no caerá en saco roto.
Tres en Uno
En Chapare no dejan de pasar cosas
Qué nomás se estará cocinando ahora en Chapare donde los cocaleros le han pedido al presidente Evo Morales la expulsión de los gringos de USAID y de las fuerzas de UMOPAR que
tienen a su cargo la lucha contra el narcotráfico en la tan controvertida región del trópico cochabambino. Allí donde el jefe de Estado, como si la suya no fuera ‘pega’ para consagrarle tiempo y atención a full, lideriza la media docena de federaciones que siembran, cosechan y ‘comercializan’ la hoja sagrada.
Lo último que se sabe de la zona es la denuncia acerca de indicios sobre la presencia de guerrilleros de las FARC colombianas y hasta de algunos irlandeses. Y no es moco de pavo el asunto porque hace poco el propio presidente de Perú, Alan García, se refirió públicamente a movimientos hacia Bolivia de guerrilleros de la organización subversiva colombiana.
Pero hasta ahora el Gobierno boliviano no ha dicho ni ‘mu’ acerca de lo denunciado por el mandatario peruano ni por las fuerzas de oposición.
El clamor de los exportadores
‘Un país que exporta, es un país fuerte. Un país que no exporta, está destinado a morir inevitablemente’. En lo medular, así se resume el mensaje ‘desesperado’ que los exportadores de Santa Cruz enviaron en las últimas horas al Presidente de la República, solicitándole que revierta las medidas que prohíben la exportación de algunos productos y liberan la importación de otros, como ‘estrategia’ gubernamental para combatir la inflación y evitar el desabastecimiento. Una ‘estrategia’ a la que, dicho sea de paso, le han llovido los cuestionamientos por su falta absoluta de eficacia y de sostenibilidad en el tiempo.
El sector exportador no se quedó solamente en el reclamo. Le propuso al Gobierno acciones conjuntas para reactivar el aparato productivo y evitar el desabastecimiento de alimentos en el país.
¿Se escucharán estas voces en las alturas? No se oye, padre...
El Cardenal y su pedido
Otra voz que se dejó escuchar en las horas precedentes fue la del Cardenal Julio Terrazas, pidiendo poner fin a las provocaciones y resentimientos entre bolivianos. Lo hizo en su homilía dominical durante la que exhortó a dejar de aplaudir a los que exacerban los ánimos de pueblos contra pueblos.
También se refirió a la intolerancia que se ha entronizado en varios ambientes de la vida nacional. ‘Ya no nos podemos sentir ni hablar’, subrayó el líder máximo de la Iglesia Católica.
Plenamente justificada la inquietud del Cardenal Terrazas. Cómo no va a estar tan descompuesto el panorama nacional y la convivencia entre bolivianos si sus principales mandantes son los que a cada paso van sembrando los malos vientos.