No hay nada, al parecer, que pueda frenar, aplazar o modificar la agenda de viajes del Presidente de la República. Desde luego que la dramática situación en que se debate nuestro país a merced de las copiosas lluvias que por lo visto no van a concluir jamás, y que ya tienen al borde del naufragio o como náufragos más bien, a pueblos enteros, para el jefe del Estado no son otra cosa que agua de borrajas y en tal sentido no hay porqué preocuparse ni privarse del placer de volar.
Desentendido de todo, dando sus espaldas a nuestras crudas y dolorosas realidades, el gobernante, -con una singular inquietud que esta vez es del todo impertinente-, está en trance de cruzar el ancho mar en pos de dos o más esplendorosas capitales europeas que, por lo que parece, le quitan el sueño. ¿Y el país en situación de desastre? Este tipo de dificultades no está anotado en el manual de sus responsabilidades.
No resulta nada difícil imaginar que ya no existe una expectativa que pueda considerarse apreciable en ninguna parte del globo terráqueo en torno de la visita del Presidente boliviano. Primero, porque ya se lo conoce, porque ya se ha dejado ver gracias a la gran debilidad que le inspiran los viajes y que virtualmente lo tienen con un pie en el estribo en cualquier época y en cualquier día. Y luego porque, si en persona no se lo ha conocido a través de sus múltiples arribos con las maletas a mano, su imagen, vía medios nacionales e internacionales de comunicación tiene dadas incontables vueltas al mundo y hasta ha despertado el interés de seres de otros planetas del sistema.
¿Que la expectativa va a girar en torno de lo que lleve en su portafolios o en su mente para exponer a sus pares europeos? Bueno, puede ser. Sin embargo, desde ya puede adelantarse que no será muy novedoso ni menos muy complejo lo que el viajero ponga sobre el tapete. Confirmará, seguramente, lo mucho que ya se tiene dicho acerca de los desastres que sacuden al pueblo de Bolivia. Pintará estrujantes y dramáticas imágenes de comunidades que además de arrastrar el peso de sus miserias ancestrales, ahora sufren el castigo de los elementos naturales descontrolados.
Y sobre esas pinturas espectrales, invocará sentimientos solidarios, demandará ayuda ya sea en efectivo o en especies, agradeciendo de paso la que ya se hubiese hecho efectiva sin vacilaciones y espontáneamente.
Luego de esta diligencia, tal vez el gobernante viajero retorne al asiento de sus funciones para acompañar al pueblo en su lucha contra la adversidad que hoy concierne a los diluvios. Tememos, sin embargo, que no le falten pretextos para emprender otro cruce del océano o atravesar de un extremo al otro el continente.
El Niño, La Niña y Epizana
Oso Mier * ®® Sonría ‘Plis’
Volví de vacaciones. Chocolate por la noticia, porque eso, sólo alegra a mis acreedores y pone los pelos de punta a mi suegra. Volví y un cielo gris me dijo que las cosas no caminaban bien por estos barrios.
De tanto llover vi que mi gato se había encogido. Viéndolo bien, era un gato del vecino que comía de la manga del titular.
Vi con mucha pena lo que El Niño primero y La Niña después, están haciendo con nuestro territorio. En todas partes hay gente que llora por pérdidas de vidas y pertenencias, entumecida hasta los huesos. Esos niños traviesos han destrozado mucho de lo poco que tenemos.
El fenómeno que no se entiende es el de Epizana, debe ser porque no es un fenómeno natural, sino animal.
Los bestias hacen noticias y los policías son las pobres víctimas de la barbarie. A nombre de la justicia comunitaria, es frecuente que se linche a la gente. Pasa la tragedia, queda la vergüenza como país y aparecen los ofrecimientos de “investigar, de dar con los autores y aplicar la ley”. Luego pasa el tiempo y nadie se acordará de los tres pobres policías.
Si son camaradas y pertenecen a la Policía, ¿cómo ésta no les garantiza la mínima seguridad para cumplir sus funciones y no terminar colgados de un árbol, luego de tanta bestialidad?
El miércoles fue Epizana, anteriormente San José y así una larga lista de iniquidad, porque un gobierno incapaz e incompetente para salvaguardar la vida de sus habitantes, está más preocupado en cercar la democracia en el Congreso.
Qué pena, ¿no? El cambio y la revolución que muchos soñamos, es sólo un desfile de malas noticias y mucha incapacidad.
El que no sabe, habla macanas o patea pelota, el que sabe hace demagogia, el incapaz maniobra, teje, calumnia, miente o en otros casos adula y de este festín, salen policías atrozmente masacrados, por turbas que si no hacen bloqueos, para no aburrirse, hacen justicia manchándose las manos.
Ahora, ¿de qué nos disfrazamos? Vamos a maquillar la cosa con declaraciones, otros hablarán de justicia comunitaria y en lo que coincidiremos todos es en que este país ha dejado la brújula en el pantalón equivocado y camina a la deriva, en medio de discursos, de confrontación, de ataques, porque hasta el debate ha quedado trunco porque al Congreso, heroicos cocaleros le han puesto una mordaza por el mero hecho de joder la paciencia.
Bolivia cambia, rumbo a la barbarie. Evo cumple, sólo sus compromisos para sus picaditos de fútbol. Antes daba pena, ahora da miedo y una bronca mezclada con la pena que representa la muerte de esos pobres policías.
* Ciudadano de un país originario de iniquidades