Los Tiempos. Cochabamba
El Gobierno anuncia investigación
Con la cara bañada en sangre y desfigurada, y el cuerpo lleno de quemaduras, golpes y fracturas fueron hallados los tres policías, que murieron a manos de una turba en Epizana, una región a unos 125 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, en el cono sur del departamento, utilizada habitualmente como ruta por el narcotráfico y las bandas que llevan autos robados.
Los cuerpos del sargento Willy Álvarez Cuevas, el cabo Wálter Ávila Fernández y del policía Eloy Vidal Yupanqui Flores estaban tirados sobre la carretera en el ingreso a Epizana, separados uno del otro por unos 10 metros. Cuando el contingente de 50 policías de la Unidad Táctica de Operaciones (UTOP) llegó al sitio, después del mediodía, la turba había cumplido su deseo de desalojar a los policías.
Es que éstos, según un ex uniformado que trabajó hace un par de años en Epizana, son despreciados en la zona por perpetuar un sistema de extorsiones contra los autos indocumentados y, ocasionalmente, contra narcotraficantes.
Un altercado en el retén móvil, levantado por los efectivos antes de la tranca de Epizana, ayer por la madrugada, para interceptar autos ilegales, apenas presagió la tragedia. Esta vez el conductor cuestionado era el hermano del corregidor de la comunidad de Chillijchi, según los testimonios de policías que acudieron al lugar.
Conocido como Juan, el poblador se resistió a cubrir las exigencias económicas de los efectivos para pasar la tranca sin problemas. Su oposición le valió una paliza y un corte en el cuello, aparentemente ejecutado por el policía que vestía de civil. Pronto corrió la voz de la extorsión y los policías fueron tomados como rehenes en la tranca de Epizana. Pero fue el corregidor de Chillijchi, según versiones de testigos ofrecidas a la Policía, quien llamó a la gente con un altavoz. Entre tanto, un chofer de la línea Totora Carrasco, de nombre Zenón, recorrió el camino en un bus amarillo convocando a más personas: "El chofer ha dicho que los maten, que eran policías y que nadie quería saber de ellos", relató la esposa del camarada de una de las víctimas.
Ya en poder de la turba, los policías fueron desalojados del retén y llevados al pueblo, donde su suplicio duró varias horas. Tras su expulsión, la tranca fue tomada por la turba, que destruyó la cabina, los muebles y todo cuanto identificaba el lugar como un espacio policial. No se salvó ni la patrulla del retén y menos el auto blanco de los tres efectivos.
El motorizado fue requisado palmo a palmo por los líderes de la turba, que, según versiones, encontraron fotografías y croquis presuntamente de gente posible de ser extorsionada por los efectivos, de acuerdo con el testimonio que dio el hermano del corregidor. Luego de escudriñar el auto, unas 300 personas cercaron la casa donde estaban encerrados los efectivos. La vigilia se mantuvo alrededor de la vivienda hasta cerca de las 10:00, y se descontroló cuando unos campesinos que se hallaban con bebidas alcohólicas empezaron a romper los vidrios, además de echar a un equipo de prensa de la red Bolivisión.
La presión se impuso y los efectivos fueron arrojados desde el segundo piso de la casa. La turba se apoderó de ellos, los maniató, les echó agua hirviendo, los golpeó sin tregua en el rostro y la cabeza. Luego se ensañó con uno de ellos al amarrarlo a un vehículo y arrastrarlo por varios metros frente a sus camaradas. Los tres murieron ahorcados con cuerdas utilizadas para arrear el ganado.
"Han sufrido mucho antes de la asfixia, porque los han golpeado en la cabeza y en el rostro". A esa conclusión llegó ayer la forense Miriam Rocabado, que examinó a las víctimas en la morgue del hospital Viedma.
La turba agredió a los periodistas
El periodista de la Red Bolivisión y el camarógrafo relataron que los propios comunitarios de Epizana los llamaron para cubrir la información, pero una vez en el lugar fueron agredidos físicamente, incluso les quitaron la cámara filmadora para evitar que registren cómo linchaban a los policías.
Limbert Díaz, periodista, y su camarógrafo, Edson Jiménez, llegaron a dicha localidad ayer por mañana, convocados por los mismos pobladores. Empero, y cuando golpeaban a los uniformados, uno de los agresores alertó de que la prensa no debería estar ahí por temor a ser identificados, momento en el que golpearon a los periodistas.
Según Jiménez, le quitaron la cámara para sustraer la cinta. Ambos escaparon hacia la carretera, donde lograron dejar el lugar. Horas más tarde fueron socorridos y llevados hacia la clínica Petrolera para ser atendidos de la fuerte golpiza recibida.
Por su parte, la corresponsal de la red de noticias Erbol, Litzi Escobar Valdez, informó de que los comunitarios se descontrolaron y fue aterrador cómo los policías fueron asesinados y luego echados a la ruta./ANF