LUNES 25, FEBRERO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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‘Rentismo’, salud y educación


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En Bolivia, se torna dramático el contraste entre las falencias de la infraestructura hospitalaria, el déficit de locales escolares y el despliegue rentista del Gobierno, algo que sólo se pueden permitir países altamente desarrollados cuya economía les permita inflar el gasto público con subsidios que favorezcan a personas en situación de desempleo y garanticen salud y educación a sectores de bajos ingresos.
Semejante disparidad no es de ahora, sino de tiempo atrás. La población aumenta en todas las ciudades del país, pero particularmente en Santa Cruz, por causas que todos conocemos. No se ejecutaron programas de ampliación de la infraestructura hospitalaria y educativa para satisfacer la creciente demanda en ambos sectores. Cualquiera que visitara hospitales y escuelas comprobaba enseguida las dramáticas carencias: las salas de los nosocomios exageradamente ahítas de pacientes y los niños pasando clases sentados en el suelo de aulas igualmente repletas en locales de techos y muros deteriorados, en su mayoría. En lo que respecta a los hospitales, los desastres naturales provocados por La Niña recargaron las tintas de tan lamentables imágenes, pues ahora los pacientes atiborran hasta los corredores de ingreso en las diferentes salas de asistencia. El cuadro guarda mucho parecido como el que de vez en cuando vemos en los informativos de televisión sobre la triste situación sanitaria prevaleciente en algunos paupérrimos países africanos.
En materia de aplicación de recursos públicos, lo primero de lo primero, para todo gobernante, cualquiera que fuese su visión ideológica y política, es atender a la población en sus necesidades básicas. Debe hacerlo a escala de integridad y con proyección de futuro. Es decir, favoreciendo a todos y no sólo a ciertos sectores, garantizando soluciones de largo alcance.
Sobre todo en favorables interregnos de mercado internacional para nuestras exportaciones, como el que actualmente nos garantizan mayores ingresos nacionales, lo prudente es que un gobierno priorice la inversión pública en la producción, educación y salud. Necesitamos, además, ampliar, mejorar y consolidar nuestra infraestructura vial para garantizar mayor competitividad a cuanto producimos para el mercado interno e internacional. Esto cobra más rigor que nunca ahora que las riadas, inundaciones y derrumbes dañaron caminos y carreteras, dejándolas en estado visiblemente precario, como son los casos, por ejemplo, de la nueva y vieja carretera a Cochabamba. No hay cifras exactas, pero sospechamos que la actual infraestructura educativa cubre apenas el 45% de la demanda de aulas. Lo peor se da en el campo hospitalario, pues los nosocomios ya no podrán aguantar niveles de atiborramiento de pacientes superiores a los que actualmente padecen.
Lamentablemente, el Gobierno, por causas puramente proselitistas, se desentendió totalmente de tales frentes, entregándose por completo a una política rentista que le cuesta al país millones de dólares, sumas que bien podía haber destinado a la cobertura de las dramáticas falencias que hoy padecemos en materia de infraestructura hospitalaria y educativa.


Dos burreras: roseta y socializar
Marcelo Rivero
Siempre ha ocurrido, pero se acentuó en estos tiempos: las autoridades -desde el primer mandatario hasta el último subalcalde-, los 'expertos', los dirigentes, los tecnócratas y los funcionarios de toda jerarquía están dando en utilizar palabras a cual más alejadas de lo que quieren expresar. Es de lamentar que el periodismo, 'obligado' a usar con propiedad el idioma, a consultar el diccionario cuantas veces sea preciso y a sentar 'denuncia' ante la evidencia de que algún disparate está generalizándose, por el contrario se convierta en 'cómplice del delito' divulgándolo por radio, prensa y televisión. Nada más que ser escuchado o leído el disparate para que tome carta de ciudadanía y en lugar de mejorar nuestro léxico, a diario lo empeoramos.  
Una de las grandes burreras consiste en darle otro sentido a las palabras, tal el caso de 'roseta' tan de moda a comienzos de cada año por el asunto del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito y por la 'inspección' de Tránsito para ver si los vehículos tienen las condiciones mecánicas para circular, dicho sea de paso, todo un cuento porque ni le miran al motorizado, lo que quieren es sacar plata (hasta el doble del valor establecido). En ambos casos, todos hablan de la roseta del Soat y de la roseta de Tránsito, por no decir cédula, etiqueta, viñeta o marbete, que es lo que se encuadra en las dos exigencias, no así 'roseta' cuyas siete acepciones -una de ellas es la sabrosa pipoca- no pasan ni siquiera cerca de lo que significa el adhesivo con el que las aseguradoras y los pacos nos melean unos buenos pesos.
Y burrera mayor considero aquello de 'socializar'. Empezó, como casi siempre ocurre con los absurdos, en el Gobierno, donde salieron con la historia de que había que socializar la nueva Carta Magna del Estado, queriendo con ello decir que había que darla a conocer a la ciudadanía, básicamente a las clases populares. Según el diccionario de la Real Academia Española, socializar es, en primer lugar, 'transferir al Estado, o a otro órgano colectivo, las propiedades, industrias, etc., particulares; y en segundo lugar es 'promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona'. Más resumido, lo mismo dicen Larousse y Nuevo Océano. Lejos del tiesto entonces aquello de socializar aquel aborto, que de inmediato, infelizmente, tuvo rápida acogida en esta llanura, donde empezaron a 'socializar' el Estatuto Autonómico.
De puro monos que somos los unos, y los otros, como está dicho al principio, porque no se les cruza por la cabeza mirarle al ‘mataburros-. Por eso, como hace meses apunté, también copiamos o salimos con 'inventos' que ofenden la lengua, la nuestra y la de Cervantes.


 
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