SÁBADO 23, FEBRERO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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La hondura del cruceñismo


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A juzgar por nuestras reacciones periféricas, el cruceñismo de que estamos animados es denso, es imponderable. Nos proclamamos cruceños cuantas veces nos tira el cuerpo, con una suerte de fanatismo, más que de orgullo, que esto sí, lo del orgullo, viene a ser legítimo como lo es el de cualquier otro individuo respecto de su lugar de origen o de nacimiento.
¡Somos cruceños! ¡Somos cambas!, sostenemos ante quienes quieren o no quieren escucharnos, y muy pagados de nosotros mismos nos sentimos como si estuviésemos alcanzando el cielo con la yema de los dedos. En sí, nada tiene de malo este alarde al menos mientras no constituya una provocación, un rechazo inapelable de cuanto nos rodea, dibujado y pintado con otros colores.
Pero no es por este lado por el que deseamos orientar este comentario editorial sucinto. Lo que pretendemos cuestionar es si ese casi fanatizado orgullo de sentirnos cruceños corre parejo, dice relación con el amor, con el respeto, con la protección que debe merecernos el medio, el ambiente, la ciudad nuestra, en que discurre la cotidianidad de la vida.
Y es precisamente en este punto donde afloran nuestras grandes dudas. Todo, porque al recorrer nuestras calles, avenidas, paseos, parques, plazas, plazuelas, lugares públicos en general, advertimos sin esfuerzo el grosero trato que se da al ordenamiento urbano. Por un lado, las paredes de los domicilios y de las instituciones públicas y privadas brutalmente pintarrajeadas con tintas y aceites indelebles. Supuesta publicidad de politicastros estúpidos, mensajes no menos estúpidos de grupos antisociales, confesión paladina, en el fondo, no sólo de una triste carencia de atributos civilizados, de una miseria cultural espantosa, sino también de la intención de transformarlo todo en chiquero de cerdos que al parecer es el ambiente en que a gusto se sienten muchos de nuestros inadaptados que andan sueltos. Desplazarse a lo largo de las paredes salvajemente emporcadas es un suplicio en esta cálida y sufrida urbe de nuestros amores encendidos.
Y la horrorosa porquería que se desprende de nuestras paredes se completa con el desaseo general de las aceras en que se arrojan desperdicios de toda cuenta, desde restos de comidas hasta papeles del más diverso corte. Aceras bloqueadas por multitud de venteros ambulantes, de vagos y malentretenidos y ahora, incluso, por ladrones y criminales que por arrebatar un teléfono manual hasta matan sin pizca de piedad allí mismo. Caótica situación de las vías públicas con motorizados que sus dueños estacionan a capricho sin importarles un bledo todo el mal que causan. En fin, abusos sin cuento, groseros faltamientos que hacen dudar cuando se habla de la hondura del amor que nos despierta nuestra Grigotania, que es tan digna de mejor suerte.


Un desastre de país y un porvenir negro
Marcelo Rivero

No hay más que abrir las páginas de los periódicos de un día cualquiera para concluir sin dificultad que estamos viviendo en Bolivia como en una olla de grillos, como en un nido de víboras, como el país donde domina el odio, la ignorancia, el capricho, la crueldad, la falta de sentimientos y de solidaridad, la miseria, la delincuencia, el abuso... Donde además impera la ineptitud, la intolerancia, la tozudez (todo eso y mucho más), desde la autoridad más encumbrada hasta el funcionario de menor importancia, por ello estamos frente a lo peor: sin remedio, cayendo al hondo precipicio.
Creo que después de ojear EL DEBER de ayer, tocamos fondo: nuevos linchamientos de presuntos ladrones, con dos tremendos agravantes porque en un caso (el de San Ignacio), no fue una reacción del momento sino que se planeó con frialdad un cerco a las víctimas, se las esperó toda una noche, se las rastreó, se las alcanzó y se las masacró. Y en otro caso (cuatro fueron en menos de 48 horas), el más fuerte doblegó al muchacho y posible ratero, lo amarró y sin piedad lo molió a garrotazos, muriendo horas después. ¡La justicia comunitaria (o por mano propia que es lo mismo), propiciada por el gobierno, en plena vigencia!
Un lindo hospital en nuestra ciudad, el Francés, que ya en su inauguración en octubre de 2006 carecía de personal suficiente, desde hace cuatro meses tiene cerrado su servicio de pediatría por escasez de médicos y enfermeras, al igual que la sala para cuidados intermedios. Otras dependencias funcionan a medias, no por falta de enfermos (que desgraciadamente es lo que más sobra en este pueblo), sino porque no se cuenta con profesionales para atenderlos. No tiene plata el gobierno para pagar médicos, enfermeras y empleados administrativos en los hospitales públicos, tampoco para maestros, anda llorando por auxilio para los damnificados por las inundaciones, pero le sobra dinero para largos y costosos viajes al exterior donde reclamará más ayuda. Y también le sobran buenos tomines para intensas campañas pontificando una Constitución espuria, como espuria es la COD cruceña (apañada por el oficialismo para sacar a los genuinos dirigentes), que se presta a la treta centralista de desprestigio a instituciones y personas, y para concentraciones con gente acarreada para darle palo a legítimas conquistas, no de unos cuantos sino de pueblos enteros como han sido las autonomías departamentales que para consolidarlas, ya que los dictadores no quieren reconocerlas, sí o sí precisan estatutos.  
No queda espacio para otras tragedias tales las que padecen las víctimas de las riadas. Pero está bien porque lo cierto es que resulta doloroso enterarse de las novedades que sólo nos hacen ver nuestro porvenir: negro como la noche.

 


 
¿Qué haría si pierde interés en su pareja y no desea continuar con la relación?

Le explico como me siento
Lo/la dejo sin darle explicaciones
Espero que la relación se desgaste y él/ella corte
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