Un siglo, quizás un poco más, tal vez un poco menos, se arrastra Mutún en el cieno espeso de la incertidumbre. Ya estamos ancianos y hasta arrastramos las patas, los de aquellas generaciones de la primera mitad del siglo pasado que abrimos los ojos y crecimos oyendo hablar entusiastas y a voces de Mutún.
Era Mutún, no la panacea del Oriente olvidado ni la válvula de escape y salvadora del país boliviano enclaustrado entre sus milenarias montañas. Mucho más que eso era Mutún, gigante dormido sobre tesoros inmensos e incalculables a los que se podía acceder con sólo tender las manos.
De aquellas visiones de un siglo o más atrás, no hemos dado un solo paso. Mutún, el gigante dormido encima de sus fastuosas riquezas, se renueva año tras año en su real e inconmovible postración. De vez en cuando, en derredor de la mole pétrea, se producen ruiditos de sonajas que terminan disolviéndose bajo la inmensidad azul de nuestros cielos orientales.
Un poquito más que ruido de sonajas, hay que reconocerlo hidalgamente, se dio en torno del portentoso gigante dormido en este tiempo en que de verdad no son pocas las calenturas que, sin embargo, no tardan en enfriarse y en desaparecer sin dejar rastros. Se dieron esperanzadores pasitos, se abrieron alentadoras perspectivas, se tomaron contactos con visos de formalidad que permitieron revivir viejos sueños y que hicieron brotar alas nuevas a las esperanzas, no de una región, hay que puntualizarlo, sino de todo el país,
Pero ha trascendido, y eso vuelve a ensombrecer el panorama del gigante, que habiendo tantas cosas de fondo que abordar en el afán de asegurar el despertar de Mutún, líos caseros, pugnas subalternas, choques frontales de intereses creados, prédicas demagógicas de la más baja estofa, han salido al paso y están por entrabar, por hacer cuesta arriba la materialización, la operabilidad de esa especie de sueño dorado que, para los bolivianos, sin excepciones, es Mutún.
Lo del gigante dormido es un proyecto del más alto interés nacional y eso no puede ser ignorado en ninguno de los sectores sociales en que se conglomeran las clases pensantes o no. Obstruir, frenar y peor aún, malograr el proyecto Mutún por acción u omisión individual o colectiva, tendría todas las características de un sabotaje y en consecuencia los saboteadores deberían sentir todo el peso de nuestras leyes. Razones de sobra nos asisten para pensar que escarmientos así, en Bolivia, no los veremos nunca.
Pese a todo, gran parte de la expectativa nacional está volcada en torno a Mutún en las circunstancias y los tiempos actuales. Grande sería la gracia si tal expectativa no fuese defraudada una nueva vez.
Tres en Uno
A cambiar el casete...
Un grupo de parlamentarios estadounidenses le ha dejado su preocupación al presidente Evo Morales durante un encuentro que con él sostuvieron en las últimas horas en la sede de gobierno. De un lado, por el tono de la retórica gubernamental contra los representantes de EE.UU en el país. Del otro, por las relaciones con Irán que acaba de anunciar la instalación de un canal de televisión en pleno Chapare. En el primer caso, es clara la referencia al trato mortificante dispensado al embajador gringo en La Paz y que se las aguanta todas con una paciencia que haría empalidecer a Job. En tanto, el canal iraní desde el trópico cochabambino nos mostrará en vivo y en directo cómo crecen los cocales y sus ventajas económicas sobre las bananas, el palmito y las piñas...
Los parlamentarios visitantes advirtieron que si su preocupación sigue en aumento, podría adquirir color hormiga la ampliación de las preferencias arancelarias que busca Bolivia con el país del Norte.
Más ‘evaluaciones’ con el agua al coto
En medio de los sufrimientos de la gente afectada, pareció una miserable pérdida de tiempo el encuentro del martes entre el Primer Mandatario y los prefectos de Beni y Santa Cruz en Trinidad para tratar el tema de las inundaciones. Tras recibir un informe detallado de la magnitud del desastre y luego de confundir cifras relacionadas con las pérdidas en cada departamento, al presidente Morales no se le ocurrió nada mejor que pedir treinta días más ‘para evaluar daños’(?). Pero, ¿es que entre sus idas y venidas por las zonas inundadas se les mojaron y borronearon informes y evaluaciones a los ministros y comisiones?
La ciudad, fea como nunca
A pocos días de un aniversario más de su fundación, Santa Cruz de la Sierra luce la peor de sus imágenes. Sucia y desordenada.
Nunca antes estuvo tan fea...
Aunque los cruceños brotan pecho por ella, su ciudad (la nuestra, la de todos) es maltratada inmisericordemente por propios y extraños. No hay quién la respete ni que la haga respetar.
El casco viejo es todo un asco con muros pintarrajeados por doquier y vendedores ambulantes asentados donde mejor les viene en gana. Eso, para no hablar de las zonas periféricas que, en muchos casos, parecen tierra de nadie, asimismo pasando por alto los basurales que abundan en los lugares públicos, las aceras en pésimo estado, o directamente inexistentes, o copadas por comerciantes, o que las usan para aparcar vehículos. Ni qué decir del enloquecedor tráfico de motorizados.
¿Y las autoridades? Desde hace largo rato, parecen estar de floreros...