Se trata de una acción subversiva y las Fuerzas Armadas tendrían que intervenir en defensa de la nación…”. Podría ser una afirmación del Gral. René Barrientos, en vista de la insurgencia guerrillera. Podría ser 1967. La necesidad de acudir al orden armado, dada la amenaza de la subversión. ¡Pero es uno de los Peredo, don Antonio, quien sale por los fueros del orden y de la legalidad! ¿Qué cara le pondría su hermano, el ‘Inti’, subversivo por convicción, respetabilísimo por su conducta, legítimo indignado por la ‘legalidad’ que le imponían?
Don Antonio Peredo no ha dejado de ser un coherente y perfectamente explicable defensor de la guerrilla, no ha dejado de ser procubano –nadie tendría que reprochárselo–, no ha dejado de ser honrado ni respetable, ¡pero ahora está en el poder! ¡Ahora sí, viva la legalidad, viva el orden, muera la subversión!
Pero vayamos con calma: la subversión que él denuncia es la convocatoria a un referéndum. No es la organización de un grupo armado, en plan de combate, dispuesto a la guerra, organizando emboscadas y teatros de batalla, sino la canalización de una voluntad mayoritaria –¡ya expresada en las urnas!–, de la afirmación autonómica. No es el cuestionamiento de una legalidad –su otro hermano, Oswaldo, es autoridad elegida y legítima y nadie lo está echando–, sino la voluntad de institucionalización de la autonomía. Si eso es tan aberrante, ¿por qué el Presidente y el Vicepresidente viven afirmando –reconociendo que su anterior posición fue una horrible metida de pata– que están de acuerdo con las autonomías?
¡Muera la ley… si estoy en la oposición! ¡Viva la ley… si estoy en el poder! No es un mal criterio para los oportunistas, pero es pésimo para hombres honrados, como don Antonio. Pero hay algo más grave: el llamado a la participación de las Fuerzas Armadas para contener una demanda popular ya contiene un principio profundamente reaccionario. Es el único recurso al que pueden acudir los proyectos totalitarios. Peor aún: no se trata de unas Fuerzas Armadas resultantes de la lucha revolucionaria e insurgente, fruto de la revolución y protectoras, por todos los medios, del nuevo orden. Son las mismas Fuerzas Armadas, ¡las mismas de febrero y de octubre!, a las que llama don Antonio.
Desde luego, me niego rotundamente a admitir que el llamado a consolidar un referéndum autonómico suponga la comisión de un acto subversivo. Pero tengo que confesar mi perplejidad, casi hasta el asombro y estupor, por el hecho de que la palabra ‘subversión’ resulte tan pecaminosa para don Antonio Peredo. Obviamente, estoy partiendo del supuesto de que tal palabra es una palabra digna en el vocabulario de un revolucionario… ¡salvo que esté en el poder! ¡Había sido distinto!
Tengo que suponer, con muchísimas más razones, que si de subversión se trata, don Antonio Peredo no hubiera tenido ningún inconveniente en llamar a las Fuerzas Armadas para aplastar a subversivos como don Álvaro García Linera, don Felipe Quispe y otros, a quienes la palabrita no sólo que no los incomoda, sino que los enorgullece. ¡Como para convocar una mesa redonda en el seno del oficialismo!
Y todavía más: si a las consultas autonómicas de Santa Cruz, de Beni, de Pando, de Tarija, pronto Chuquisaca, probablemente Potosí, se quiere responder con Fuerzas Armadas, hay que decirle a don Antonio, con la mayor cordialidad, con el mayor respeto, pero con toda claridad… ¡que le van a faltar Fuerzas Armadas!
* Analista político