Como los fenómenos de El Niño y La Niña son de carácter cíclico, los seguiremos teniendo en el país, en el futuro mediato, con desastres naturales peores o iguales a los que hoy padecemos. Esta realidad nos obliga a encarar a uno y otro con rigurosa visión de futuro, tanto en lo que respecta a prevención como a programas de auxilio a las poblaciones de las zonas damnificadas.
Lo primero de lo primero es analizar los factores que se ligan a ambos fenómenos para golpear con intensidad creciente en el territorio nacional, particularmente en las áreas rurales y ciudades de los llanos tropicales.
En cuanto hace a las zonas rurales, la creciente deforestación de las riberas de los ríos corre a favor de mayores desbordes que inundan pueblos y aldeas, poniendo en peligro la vida de miles de personas y de millares de cabezas ganado o malogrando cultivos, que es lo que actualmente ocurre en muchos lugares del Departamento de Beni y también entre nosotros, en Santa Cruz. Otro factor condicionante es asociable al desnivel pluviométrico entre el altiplano, los valles y la llanura selvática. Desde las alturas, en la estación de lluvia, las aguas bajan furiosamente por los afluentes de los principales ríos a la zona Este de Santa Cruz y a tierras benianas, provocando inundaciones cada vez mayores.
Encarar tales emergencias con visión de futuro, implica programas de largo alcance en el orden preventivo. Estos programas, obligadamente, deben inscribirse en tareas de tipo ecológico-ambiental, como la reposición de las fajas forestales de los principales ríos de la zona amazónica boliviana y la construcción de defensivos en los puntos críticos de los cursos pluviales. Si no se lo hace, los ríos Grande y Mamoré, sólo por citar a dos ‘colosos’, seguirán provocando inundaciones cada vez mayores, al no encontrar arboledas ni diques de contención que frenen sus aguas.
Ciudades como Trinidad exigen drásticos reajustes en su infraestructura defensiva. Su actual anillo de circunvalación, a pesar de las obras ejecutadas allí con gran algazara publicitaria y ayuda venezolana, fue rebasado por las aguas en varios de sus puntos, con el resultado de que algunos barrios urbanos quedaron inundados. Es necesario recorrer varios kilómetros atrás esa línea de protección, que además debe ser lo suficientemente sólida y alta como para contener el embate de las aguas pluviales, por muy furiosas que sean. Pecaron de inexplicable imprudencia cuantos supusieron que elevando algunos centímetros el muro de contención en dicho anillo de circunvalación, los trinitarios quedarían a salvo de todo riesgo, de terminar hundidos en el agua hasta el cuello. Ese riesgo aún persiste y esperamos que sólo quede como tal.
El Gobierno, sin más pérdida de tiempo, debe concebir un plan de largo alcance en materia preventiva de desastres naturales cuya progresiva ejecución nos ponga a cubierto de las actuales contingencias.
Celulares: más muertos que vivos
Dominicus
No es novedad el afirmar que actualmente los teléfonos celulares superan ampliamente en Bolivia a los teléfonos fijos. Este es un claro reflejo de la importancia que ha tomado la telefonía móvil ya que –teóricamente al menos- llega a lugares donde las líneas fijas no alcanzan y además la gran reducción de sus tarifas durante los últimos años los ha puesto al alcance de todos
El proceso es positivo y ojalá continúe. Además, refleja una pauta universal, ya que en todo el mundo la cantidad de celulares excede con creces al número de aparatos instalados de la telefonía normal. Es la tendencia y parece irreversible.
Lo que sí preocupa mucho es la calidad del servicio. Por encima de afiches publicitarios y de la propaganda, está el hecho real e irrefutable de que el sistema tiene muchas fallas. Parece ser que los proveedores se han dedicado a vender líneas y productos sin percatarse de sus limitaciones en materia de alcance y de calidad. Un simple movimiento de la muñeca puede hacer que se corte la comunicación y eso es inadmisible.
ENTEL habla de “vivir sin fronteras”, pero la frontera “real” a veces es el paso hacia adelante o hacia atrás que uno da y provoca que la señal se pierda… Viva S.A. debería cambiar su nombre a “Muerto S.A.” ya que continuamente le sucede lo mismo y así sucesivamente, los otros proveedores no se quedan atrás en materia de deficiencias, aunque todos sin excepción se “mandan la parte” con sus pretendidos avances tecnológicos, avances que el usuario no los siente ni se ven reflejados en la volátil calidad del servicio.
Una vez cada tanto aparece la superintendencia encargada del control y multa a las compañías proveedoras. Eso es lo mínimo que puede hacer el ente regulador, pero lo que yo noto es que no hay control de calidad diario y eso debería hacerse.
Además y si las empresas no están en condiciones de brindar un buen servicio, que dejen de sacar sensacionales campañas de publicidad y de promoción que no reflejan la realidad. Si es necesario, que por un tiempo no se les permita aceptar más abonados hasta que amplíen sus sistemas y garanticen mejor recepción y transmisión. El servicio no es gratis, el usuario tiene todo el derecho de quejarse y reclamar.