Mañana 11 de febrero se cumplen 55 años del Diario Mayor EL DEBER. En un país como nuestra Bolivia, donde hasta las instituciones son a veces efímeras debido a los cambios permanentes derivados de la falta histórica de estabilidad, llegar a tener más de medio siglo no es, no ha sido, cosa sencilla. Sin embargo, aquí estamos y podemos decir con orgullo -sin petulancia- que aquí seguiremos por mucho tiempo más. O hasta que el buen Dios lo permita.
No ha sido fácil el camino, pero hemos marchado por él con constancia y dedicación. Hemos sabido adaptarnos a los profundos cambios que han tenido lugar en los últimos años del siglo pasado y a lo largo de este tercer milenio, ciclo que ya transitamos por más de un lustro. EL DEBER muestra hoy su rostro renovado en el papel y en la red informática mediante su sitio Web, marcando así las pautas de un periodismo actualizado, vigoroso, listo para asumir nuevos desafíos.
Crecimos con nuestro pueblo, crecimos al ritmo de una Santa Cruz de la Sierra que al despertar de su letargo aldeano, se transformó en la primer metrópoli nacional y en la locomotora económica del país. Crecimos también al lado de Bolivia toda, gozando de sus momentos de orden y progreso, sufriendo con sus momentos de desorden y caos. Somos parte integral de esta tierra de las llanuras de Grigotá y somos por derecho propio y por derecho adquirido con nuestro esfuerzo, también parte integral de Bolivia.
Llegamos a todos los rincones bolivianos y tratamos de reflejar una posición siempre nacional, sin perder en cuenta ni nuestro origen ni nuestra fuente, este sagrado suelo cruceño que nos cobija, que nos brindó su confianza y apoyo.
Nada seríamos sin ustedes, lectoras y lectores, savia que nos alimenta, que nos provee la fuente para intentar ser cada vez mejores, para tratar de servirlos a la medida de sus necesidades con objetividad e imparcialidad.
Lejos están los tiempos del linotipo y armado manual, ahora todo es electrónico, tenemos tecnología de punta Sin embargo, persiste entre nosotros el amor al espíritu artesanal con el que ofrecemos cotidianamente este nuestro periódico, para así llegar a donde se encuentren ustedes: hogares, oficinas, casas de estudios, talleres, etc.
Internet nos permite, además, entrar al mundo, hacer que aquellos extranjeros que quieran informarse acerca de nosotros puedan hacerlo cómodamente; llegamos asimismo a los bolivianos que viven allende nuestras fronteras y que desde el exterior nos leen y escriben.
Todo eso y mucho más, marca nuestra trayectoria, una trayectoria también humana y familiar, hecha con esfuerzo, con dedicación, con esperanza, con fe. Mediante la ayuda del Todopoderoso seguiremos nuestra senda; prometemos esforzarnos todos y cada uno de los que componemos esta gran familia que es el Diario Mayor EL DEBER, a ser cada día mejores.
Es nuestro compromiso para los años que vendrán, expresado con firmeza en la víspera de nuestros cincuenta y cinco años de vida al servicio de la comunidad.
El carnaval y los malos cruceños
Dominicus
Hoy, domingo de ‘Carnavalito’, termina la farra, la semana que viene se reinician a pleno todas las actividades. Queda sí a la vista, hiriendo la retina, el conjunto de desmanes que malos cruceños han ejercido contra la capital oriental, como también seguramente lo hicieron en todas las ciudades y pueblos de nuestras tan queridas provincias.
Sí, son esos malos cruceños que pintan paredes y ensucian por doquier, los primeros en ufanarse luego de ser “cambas de corazón” y de “dar su vida por esta tierra”. Mientras se pavonean con esas huecas expresiones, durante los días de jolgorio carnavalero muchos de ellos se dedicaron a destruir lo poco y bueno que hay en el casco viejo de Santa Cruz de la Sierra. Desde ya, me imagino que lo mismo sucedió en otras poblaciones de la extensa geografía departamental.
Mientras no se comprenda que la verdadera alegría está en uno mismo y en la forma en que esa alegría se la comparte con otros, no en ensuciar por doquier y violando normas elementales de higiene, las fiestas carnavaleras siempre arrastrarán un punto negro en su parte medular.
Por otro lado y como expresó un sentido editorial de nuestro Diario Mayor EL DEBER de hace pocos días, es hora de que las autoridades frenen estos abusos y los castiguen con sanciones ejemplarizadoras, sin descartar prohibir que en el futuro se realicen celebraciones carnavaleras en el casco viejo.
Ni la ciudad capital, ni el departamento en su conjunto, pueden seguir tolerando esta reiterada vejación hecha a propósito (como parte de una ‘alegría’ irracional que nadie la entiende) por parte de malos cruceños y falsos carnavaleros, personajes que en su afán patológico afiebrado por el alcohol y vaya uno a saber por qué más, disfrutan destruyendo la propiedad pública y privada. Los buenos cruceños y los carnavaleros de verdad, no cometen semejantes salvajadas.