En las relaciones bilaterales y multilaterales de los países miembros de la comunidad internacional, el protocolo diplomático o reglas a observar en el trato a los gobiernos extranjeros va mucho mas allá de la mera formalidad. La violación de estas normas determina acciones de correspondencia en el gobierno agraviado, las mismas que casi siempre quedan estampadas en decisiones con carácter de represalia.
Por mucho que un gobierno discrepe ideológica y políticamente con otro, el protocolo, sinónimo de respeto y templanza, le aconseja evitar el enfrentamiento directo. Lo peor es que un gobierno haga contra otro toda clase de acusaciones, dentro de un hostigamiento permanente que poco a poco conduzca a la crisis de la relación bilateral. Sobre todo es aconsejable la prudencia en este campo cuando de un buen acercamiento, más allá de las diferencias ideológicas y políticas, dependen, en gran medida, facilidades y réditos que beneficien al país.
Como el gobierno actual convirtió a Estados Unidos en el principal blanco de sus ataques en el campo de la política internacional, ahora, a grandes, medianos y, sobre todo, a miles de pequeños empresarios de todo el país, pero particularmente de El Alto de La Paz, la posibilidad de perder las preferencias arancelarias para sus exportaciones al gran mercado de la potencia del Norte, mantiene en creciente sobresalto. Con razón, porque si el respectivo tratado no es ratificado por el Congreso norteamericano, a muy corto plazo se verán sin el principal mercado para cuanto producen, situación que les empujaría a la ruina, después de lo cual se dispararían hacia arriba los índices de desocupación, principalmente en esa conflictiva urbe aimaro-mestiza que es El Alto de La Paz.
Ante la escasa posibilidad de que el Gobierno, por las razones anteriormente anotadas, encare el asunto con la solvencia y prudencia necesarias, conviene que círculos empresariales y las propias regiones tomen la iniciativa, haciendo que su voz sea escuchada por los congresistas norteamericanos respecto a las razones que les asiste para que continúe el régimen de preferencias arancelarias. Mejor todavía si para ello destacan una comisión a Washington.
Nos parece absolutamente necesario que hagan lo sugerido. Aún estamos a tiempo de evitar que se nos cancele la ATPDEA. Debe tomarse en cuenta que por las razones señaladas líneas arriba, el gobierno de Evo Morales ya dejó de ser interlocutor válido en el tratamiento de tema tan actual en la relación bilateral con los Estados Unidos. Así el embajador de Bolivia en EEUU y sus colaboradores hagan hasta lo imposible en aquella dirección, no podrán reparar los daños que infirió a la relación bilateral el hostigamiento verbal del Presidente de la República a los Estados Unidos y la serie de acusaciones que sin respaldo documental alguno formularon niveles del gobierno contra la misión diplomática de aquel país en La Paz.
Coordinando, todos podemos ayudar
Marcelo Rivero
No alcanzan las palabras para testimoniar la pena que se siente al ver a tanta gente angustiada, temerosa, padeciendo hambre, sufriendo enfermedades, cercada por el agua, arrastrada por la corriente y finalmente muriendo, como consecuencia de las intensas lluvias en vastas regiones del país. Están produciendo tantos desastres los fenómenos atmosféricos que nada está quedando en pie en miles y miles de kilómetros cuadrados, y lo poco que todavía está parado hoy o mañana puede sucumbir porque los temporales no cesan, es más, las predicciones meteorológicas señalan que lo peor llegará en los venideros días o semanas.
De manera que pueden aumentar los sufrimientos, acrecentados por las pérdidas económicas porque el ganado está pereciendo, porque los productos agrícolas no se los puede cosechar y se están pudriendo (algo de lo que se rescata poco llega a los mercados porque los caminos están intransitables), porque las plantaciones se están arruinando por la humedad y es imposible fumigarlas contra las plagas. Cuadros desoladores en las áreas rurales que comprometen la solidaridad de la gente en general, como se ha podido apreciar a través del periodismo.
En cuanto corresponde a esta capital la asistencia podría ser mucho mayor, involucraría al millón y medio de habitantes, si existiesen centros de recepción de la ayuda en barrios más o menos cercanos a sus domicilios, donde lleven lo que quieren donar y si hubiese la campaña que identifique dichos centros. Hasta donde sé sólo hay dos puntos de recepción, uno en el Comité pro Santa Cruz y otro en el estadio que está a cargo de la Prefectura (Defensa Civil distribuye por su cuenta lo que corresponde al gobierno central).
Insisto en que debe haber muchísima gente que está presta a llevar cinco kilos de azúcar, uno de arroz, otro de harina, un pantalón, ropa para niños, un colchón, una frazada, en fin, analgésicos y otros medicamentos, pero no lo hace porque no hay tiempo de ir, por ejemplo, desde la Pampa de la Isla hasta el estadio. Incluso podría darse el hecho de pedirle a esas buenas personas que no lleven más frejol porque hay suficiente, en cambio pueden cooperar con otros alimentos o con determinados remedios que están faltando.
Estamos lanzando gritos de auxilio al extranjero, queremos que se declare 'desastre nacional' para que la conmiseración externa sea más rápida y más abundante, y por no organizarnos internamente estamos haciendo que millares de personas se queden con las ganas de poner su granito de arena. Si se suma lo que se comenta, que las instituciones departamentales y del gobierno nacional, aquí y en el resto del país, no coordinan esfuerzos para un mejor cometido de la noble misión de socorrer a tantos desventurados, pues la conclusión será de que en lugar de sacar a flote al que está por ahogarse se le pisa la cabeza para que se sumerja fatalmente.