DOMINGO 3, FEBRERO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Acerca del referéndum autonómico


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La Ley 2769 de 2004 instauró la importante modalidad del Referéndum, es decir, la capacidad del pueblo para decidir en voto directo sobre determinadas cuestiones de interés nacional o regional. Dicha norma precisó también las pautas para el referéndum departamental y  municipal.
Este aporte a la democracia boliviana ha sido significativo; permite una mayor agilidad de procesos, sobre todo de aquellos que se encuentran en discusión. El mecanismo de juntar firmas para asegurar con un porcentaje mínimo sobre el padrón electoral que el referéndum se realice es de sentido común, ya que caso contrario habría una especie de  hiper inflación en materia de referéndum, dada la exageración de la que se hace gala en Bolivia cuando algo se pone de moda. El referéndum debe tener sus limitaciones y alcances; nada mejor para ello que el esfuerzo de juntar firmas y luego confirmar su validez mediante la autoridad competente: Corte Nacional o Departamental Electoral.
Como en muchas otras causas que ahora son patrimonio de todos los bolivianos, ha sido el pueblo cruceño el que abrió la brecha en este campo. Pese a ser reciente, ya adquirió categoría histórica la recolección de  casi medio millón de firmas para el referéndum sobre las autonomías.
Santa Cruz se encuentra nuevamente frente a otro referéndum, esta vez departamental y a los fines de convalidar el Estatuto Autonómico aprobado el pasado diciembre. Más de 100.000 firmas avalan el proceso.
Como de costumbre, surgen voces antagónicas e inclusive en el propio departamento se pretende ahora elaborar un estatuto alternativo afín al oficialismo.  A tal efecto, se dice que se ha iniciado otra recolección de firmas.
La democracia se maneja con consensos y disensos. La institucionalidad democrática asigna igual importancia a los acuerdos y a los desacuerdos; son parte de la vida en democracia. Hay sí un denominador común: el respeto a la Ley y en ese marco, el respeto inalterable a la voluntad popular.
Aunque siempre habrá algunos que pretendan desvirtuar el ya prácticamente irreversible camino hacia las autonomías departamentales, lo básico es lograr entendimientos y continuar el positivo proceso de desarrollo político que viene gestando Bolivia desde el 10 de octubre de 1982.
Estamos en momentos singulares de la vida republicana. Tenemos un proyecto constitucional impuesto como rodillo político y que se lo quiere llevar a referéndum sin haberse constatado plenamente su legalidad. En nuestra región tenemos un Estatuto Autonómico aprobado en buena forma y ahora una convocatoria, para aprobarlo o rechazarlo, en un referéndum departamental el próximo 4 de mayo.
Ex miembros del Tribunal Constitucional y por tanto, eximios e irreprochables juristas, han manifestado que lo avanzado en Santa Cruz se apega a la legalidad. El gobierno, obviamente, opina lo contrario.
Más allá de las disquisiciones a favor o en contra, surge un aspecto político fundamental: la capacidad de lograr arreglos de mutua conveniencia que, basados en los intereses superiores de la Patria, lleven las cosas por el rumbo deseado para todos, haciendo que las leyes se ajusten progresivamente a ese pacto político. Ojalá las cosas vayan por ese camino, así lo deseamos. Y mientras trabajamos para llegar a ese punto de encuentro nacional, no se le puede negar al pueblo cruceño su libre derecho a expedirse por el sí o por el no en torno al Estatuto Autonómico.


Carnaval: ¡cuidemos la ciudad!
Dominicus
Con el ingreso de la llamada “Fiesta Grande”, del Carnaval, Santa Cruz de la Sierra se pone de gala, pero por otro lado, la pobre ciudad paga el pato de los excesos.
Pareciera que con motivo de la parranda, la pobre urbe debe ser todos los años en esta época, depredada, pintada, ensuciada y dejada a la miseria. Son las “manifestaciones” de una alegría incivilizada que se descarga sobre una urbe indefensa. Mucha gente que participa en estos actos de vandalismo lo hace amparada en la creciente impunidad que aqueja a este pueblo, donde todo el mundo hace lo que le viene en gana, pues sabe que no hay castigo, ni multa que eduque o detenga.
Ya hubo un adelanto positivo al evitar en temporadas anteriores que las comparsas entren a la plaza principal, pero aún así varias de las calles aledañas sufrieron en manos de los grupos irresponsables. Y si pasamos del tema limpieza al tema higiene, las cosas se ponen aún más alarmantes; casi todo el mundo hace sus necesidades en cualquier parte, casi todos botan basura en donde se les ocurre.
Una vez al año y cada miércoles de Ceniza, Santa Cruz de la Sierra amanece dolida, golpeada por muchos de aquellos que supuestamente se divirtieron a su nombre y –dizque- con “espíritu cruceño”. Viene luego la forzada limpieza municipal y la resignada limpieza hecha por vecinos y damnificados. Poco a poco, los carnavaleros se quitarán la resaca de tanto alcohol, fiesta y farra, para reiniciar sus actividades. Algunos se divirtieron sanamente, otros participaron de la violación anual de la ciudad con sus “cochineras”.
Espero que en este carnaval las cosas cambien, para así tener diversión sin suciedad y nada de peleas ni de violencia. Ojalá. Todos tenemos la obligación de cuidar a nuestra ciudad, particularmente el casco viejo, verdadera reliquia histórica de nuestro pasado y que todos debemos preservar.


 
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