Durante su reciente visita a Santa Cruz de la Sierra, el embajador de los Estados Unidos Phillip Goldberg, no dio ninguna certeza con respecto a la extensión de las facilidades de la Ley de Promoción Comercial Andina y de Erradicación de Drogas, más conocida por su sigla en inglés ATPDEA. En todo caso, el diplomático manifestó su simpatía personal por la extensión a Bolivia de esas facilidades, aunque fue enfático al señalar que la misma obedece a una decisión del Congreso de su país, no de él ni del Poder Ejecutivo de EE.UU.
Los países beneficiarios de la ATPDEA son Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. En lo que hace a nuestro país, fue durante la administración del presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) cuando se inicia el proceso, tras culminar exitosamente varias etapas previas de negociación.
Todas las concesiones comerciales y arancelarias de la ATPDEA a los países miembros han estado siempre condicionadas a la demostración palpable de una política coherente y continua en materia de erradicación de la droga.
En los últimos tiempos y pese a los continuos roces entre el presidente Evo Morales y la actual administración norteamericana, la ATPDEA fue extendida en dos ocasiones. Cabe esperar que por encima de las diferencias que existen hoy por hoy en materia de enfoques sobre la coca y en términos ideológicos entre Estados Unidos y el oficialismo gobernante en nuestro país, se pueda lograr una extensión más.
No debe olvidarse que los productos insertados en la ATPDEA para su ingreso preferencial en el mercado estadounidense son variados, ya que van desde la pequeña industria hasta la orfebrería, joyería, textiles y artesanado.
Una de las zonas más conflictivas y pobres de nuestro país, El Alto, es quien más se beneficiará o más se perjudicará, con la concesión o negación de la ATPDEA. Muchos millones de dólares y muchos miles de empleos alteños, penden de un hilo a la espera de lo que decidan los parlamentarios norteamericanos.
Ojalá que Bolivia siga beneficiándose de la ATPDEA, pero también es necesario que nuestro gobierno vaya abandonando progresivamente su elevado tono anti norteamericano y enfrente con pragmatismo las realidades del momento presente, particularmente la potencialidad de mayor pobreza y desocupación en El Alto sin la ATPDEA, paralelamente con la necesidad de disponer de un programa serio y coordinado de erradicación de cultivos de la llamada ‘coca excedentaria’, que todo el mundo sabe que se destina al triste negocio delincuencial del narcotráfico. Una transparencia plena en torno a la coca dará mayores impulsos a la cooperación internacional, siempre recelosa de todo lo vinculado con la posible producción de estupefacientes.
Las naciones deben actuar en función del interés nacional. Eso, el interés nacional, debe primar por encima de todo, hasta por encima de las ideologías y simpatías de turno. Ojalá así se entienda en la actual coyuntura, por el bien de Bolivia.
Rozando la tragedia
Porque Dios es grande, ya que se produjo un verdadero milagro, los más de 160 ocupantes que se contaban entre los pasajeros y la tripulación del Boeing 727-200 del Lloyd Aéreo Boliviano, salvaron ayer la vida en un accidente. Por causas que todavía no fueron establecidas, el avión que había partido en un vuelo charter desde el aeropuerto internacional de El Alto con destino a Cobija, se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en las afueras de Trinidad, rozando la tragedia. Por las malas condiciones del tiempo, la nave no consiguió tocar tierra en el aeropuerto pandino y por la misma razón tampoco pudo hacerlo en el de la capital beniana.
Unas versiones no confirmadas señalan que al haberse agotado las reservas de combustible, al capitán de la nave no le quedó otra alternativa que realizar un ‘panzazo’ en un escampado en las cercanías del aeródromo trinitario.
La pericia de sus pilotos hizo que el avión se deslizara sobre su fuselaje hasta detenerse abruptamente. El saldo de la arriesgada operación fue de algunos heridos y contusos, por fortuna ninguno de gravedad, entre el pasaje.
El aparato, uno de los pocos que el Lloyd Aéreo Boliviano había conseguido habilitar en el último tiempo para reanudar sus operaciones luego del descalabro financiero que padeciera, sufrió graves destrozos según pudo apreciarse en las imágenes mostradas por los canales de televisión. Por eso, no dejó de causar sorpresa la afirmación de uno de los personeros de la empresa en sentido de que los daños del avión eran menores. Lo hizo como si tratara de minimizar el impacto del accidente que realmente fue grave.
En septiembre de 1969, un DC-6 del LAB se estrelló en Viloco, cerca de La Paz, y más de 70 personas, entre ellas todo el plantel de fútbol del Club The Strongest, perdieron la vida en la que se inscribió como una de las mayores tragedias de la aviación civil boliviana.
El percance de ayer pudo haber resultado peor. Que se produjera tiene que ver, en gran medida, con el asombroso e inaudito desparpajo con que vienen actuando las autoridades y los organismos aeronáuticos en el país. O de qué manera se explica la controversia desatada y no resuelta hace rato sobre la seguridad y confiabilidad de las operaciones de determinadas empresas aéreas sin que, aparentemente, se cumplan en su totalidad y con absoluta rigidez, como debe y tiene que ser, las regulaciones propias de la actividad.
Rozó la tragedia, insistimos, y ya corresponde el tiempo de las investigaciones serias y profundas sobre el accidente, -afortunadísimo al final-, y cuyos resultados tendrían que hacer poner muchas barbas en remojo, a todo nivel, en el ámbito de la aeronáutica nacional.