LUNES 28, ENERO 2008
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Un riesgo a tomar en cuenta


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En los actuales tiempos de globalización, una crisis con características de recesión como la que hoy amenaza a los norteamericanos, apareja innegables riesgos para las economías nacionales que aún no han consolidado unas sólidas defensas estructurales contra tal tipo de contingencia.
Es el caso de Bolivia. Sin duda que en América Latina nosotros somos los de mayor indemnidad respecto al inevitable efecto dominó inherente a los aprietos de Estados Unidos en materia financiera. En lo que hace a la estabilidad macroeconómica, seguimos dependiendo de exportaciones de productos básicos como los hidrocarburos y los minerales, a los que hemos añadido los de carácter agropecuario, textil y artesanal. Si a consecuencia de la recesión estadounidense se contrae la demanda de tales productos, el precio de los mismos irá en picada. Ahora mismo se observa cierta tendencia de descenso en los precios del petróleo y el gas. Si ésta se consolida, nos veremos en aprietos, pues tendremos ingresos nacionales inferiores a los de antes.
El fenómeno provoca inestabilidad en las bolsas de valores de casi todos los países del continente e inclusive de Europa. Países como Chile, Argentina, México y Brasil adoptan medidas de protección contra la emergencia. Su economía se los permite. Tienen cuentas nacionales con saldos altamente favorables para ello. Lograron un equilibrio no completo, pero equilibrio al fin, entre macro y microeconomía, con registros controlables de inflación e índice de desempleo de tendencia estacionaria. Todo como resultado de políticas de apertura total a la inversión extranjera y de inserción plena en el mercado internacional.
Bolivia, en cambio, se verá en dificultades si Estados Unidos cae en la regresión. Peor todavía si como resultado de la contracción de la demanda, declinan los precios de sus exportaciones mineras, agropecuarias, textiles y artesanales. Progresivamente se le iría ensanchando la diferencia entre ingresos y egresos nacionales, generándose así un factor inflacionario que iría a sumarse a todos los que actualmente provocan un continuado alza en los precios de los artículos básicos de la canasta familiar. Así se perfila como particularmente sombrío el horizonte en este frente. Y todo por las ostensibles bajas que parece que provocará nuevamente entre nosotros el fenómeno La Niña en la producción agropecuaria, circunstancia que puede correr a favor de una mayor inflación.
Claro, los actuales son tiempos distintos a los de la década del 20 del siglo pasado, por ejemplo, cuando Estados Unidos y los países de Europa necesitaron de un largo periplo temporal para salir de una recesión económica de gravísimo impacto en el empleo y los ingresos. Hoy la tecnología punta y los modernos sistemas de interacción económico-financiera permiten recuperaciones más rápidas. Estados Unidos aplica fórmulas impositivas y monetarias de urgencia para cerrarle el paso a la recesión. Si logra hacerlo es cosa que se verá recién en dos o tres meses.
Entre tanto, el riesgo para Bolivia es más que inminente. Sería bueno que el Gobierno informase si tiene un plan contra la emergencia y en qué consiste. Estamos ante una alerta roja que no es dable pasar por alto. 


Ignorando la verdad de los acontecimientos  
Marcelo Rivero
Cada vez que hay una reunión internacional de presidentes, o de ministros, o de secretarios, o de un determinado organismo con presencia de altas autoridades, el Gobierno boliviano aprovecha para conseguir que emitan declaraciones apoyándolo en diversos tonos y conceptos, asimismo a sus 'cambios en democracia', a la 'manufactura' de sus constituyentes (con sahumerios, challa y  otros ritos), e igual cosa pasa cuando algún funcionario de poco, regular o mucho rango visita Bolivia. ¡Todo sirve! Claro, se ampara el Gobierno en su amplio triunfo en las elecciones de finales de 2005, en el desconocimiento -fuera de las fronteras de la patria- de lo que verdaderamente está aconteciendo en Bolivia, en el respaldo de algunos influyentes (porque tienen plata, porque conviene a sus intereses, porque comparten ideologías extremistas y porque gustan de lo 'folclórico'). Por último, saca tajada de que el saldo va 'clemente a la bulla de la gente' y levanta las manos porque sí, aunque no comparta lo que está muy en duda, lo que es materia de controversia grave, lo que se ignora porque apenas se lee o escucha la versión oficial e interesada o porque este rincón del mundo importa poco. 
El último en caer en acomodaticias declaraciones fue el secretario general de la OEA en su oficiosa visita a La Paz. Generalmente para eso sirven estas pegas, y para viajes de placer, para promocionarse y dar la impresión de que cumplen misiones delicadas. Pero es condenable porque, al contrario de los que lo hacen por interesados, por extremistas, por 'levantamanos', porque ignoran la verdad, él, en virtud a su alta investidura, debe estar bien enterado de los atentados y violaciones contra las leyes, la razón, el derecho y la democracia que está cometiendo el Gobierno boliviano.
Entonces, sabiendo el señor Insulza cómo se está cocinando la Carta Magna (ni hablar de su contenido porque hasta Satanás se santigua), cómo se están distorsionando las autonomías departamentales ganadas en las urnas, cómo se cercenan los recursos regionales -legalmente establecidos- con el propósito de fortalecer el centralismo y quitarle poder a las prefecturas opositoras que son amplia mayoría, resulta inexplicable que sus palabras, que son las palabras de la OEA, equivalgan a un 'visto bueno' a las anormalidades que está perpetrando el Gobierno. Es decir las últimas y que termino de mencionar, no las de dos años porque sería cosa de nunca acabar. ¡Y olvidando lo que ya es una ofensa a la dignidad nacional, la permisividad a la injerencia del insolente mandón venezolano!
De poco sirve que el señor Insulza hubiese dicho después que hubo un exceso y una distorsión de la prensa, salvo que lo aclare de forma expresa y demande una rectificación. Lo contrario es ignorar la verdad de los hechos y entrar en el juego de los interesados, de los extremistas y de los dóciles levantamanos, además de apañar la injerencia, peor aún, imitarla. 


 
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