El mensaje anual al Congreso Nacional es una excelente oportunidad para que un Presidente de la República gane puntos ante el pueblo. Su palabra promueve interés en el ciudadano de a pie que pegado a la pantalla chica espera del Jefe del Estado información y datos concretos sobre la forma en que marchan y marcharán las cosas en el país, particularmente en los frentes de la economía y el empleo, que son los rubros que mayormente le interesan, más allá de los vericuetos que corresponden a la política.
Ese ciudadano quiere que se le dé a conocer todo aquello en forma precisa y ordenada. Desea ésto no sólo en la introducción sino en el desarrollo de los diferentes temas de la gestión gubernamental (relaciones internacionales, macro y microeconomía, finanzas, exportaciones, reformas superestructurales, educación, salud, etc.)
Para lo anteriormente señalado es imprescindiblemente necesario que el mensaje sea escrito y que su lectura no se prolongue mas allá de los 60 minutos, tiempo que basta y sobra para que un Primer Mandatario diga cuanto juzgue conveniente referir y valorar. Lo peor que puede hacer en estas ocasiones es apostar a la improvisación, incurriendo en retórica kilométrica que provoca el cansancio a moros y cristianos. Si hay algo cierto es que la capacidad de concentración de las personas no se la puede exponer frente a una perorata extremadamente larga. Sobre todo, si ésta salta de un tema a otro sin orden ni concierto. Peor todavía si transcurre en medio de referencias de tipo episódico que no sólo demeritan sino desfiguran un mensaje presidencial.
El martes pasado, el Presidente de la República redujo drásticamente su audiencia nacional por improvisar y hablar sin orden ni concierto durante más de seis horas, durante su mensaje al Congreso. ¿Quién puede aguantar seis horas y media de perorata presidencial, pegado a la pantalla chica o a un radiorreceptor? Nadie, en absoluto. La gente, simple y llanamente, cambió de canal para ver algo que no le aburriera tanto, mientras que el hastío se hizo patente en el rostro de los propios parlamentarios del MAS. El aburrimiento hizo igualmente presa de los diputados y senadores opositores, además de representantes diplomáticos, al punto que optaron por marcharse del hemiciclo.
Volvemos a insistir en la necesidad de que el Jefe del Estado, en resguardo de su propia imagen, evite las improvisaciones y los discursos exageradamente prolongados. Sus mensajes al Congreso Nacional, que en realidad constituyen una rendición de cuentas a la nación, deben ser escritos y bien estructurados, pero sobre todo, breves y con gran despliegue de síntesis.
Ojalá que no sea más que una mera bravata su advertencia de que la próxima vez hablará el doble del tiempo que utilizó en su último mensaje. En la buena estaríamos. Un Presidente debe buscar que le presten la debida atención y a sus mensajes correspondan los aplausos y no los bostezos ni las rechiflas.
El texto constitucional y la OEA
Dominicus
El pasado 30 de diciembre expresé la urgencia de contar con expertos extranjeros para el análisis del texto constitucional aprobado en Oruro, pues lo dicho en Bolivia no le importaba al Gobierno. Propuse que reconocidos constitucionalistas del continente analicen sistemáticamente las secuencias jurídicas dadas hasta producir la nueva Constitución oficialista. Antes de consultar a la ciudadanía, debe saberse si el texto es legal o ilegal; no se puede ir al Referéndum sobre un texto ilegal.
Luego de mi modesto escrito han habido pronunciamientos impresionantes acerca de la ilegalidad del documento, en particular aquellos de la III Cumbre Judicial de la semana pasada. Pese a ello, el documento se presentó ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y en persona al Secretario General José Miguel Insulza durante su permanencia en nuestro país, prosiguiendo así su ‘socialización’ a nivel internacional.
La OEA es un organismo burocrático e ineficiente, pero aún así deja ventanas abiertas para evitar violaciones de los Derechos Humanos y de los Derechos Políticos de los bolivianos. Y de eso se trata, si nos quieren imponer a toda costa una Constitución ilegalmente generada.
El Art. 8º de la Carta Democrática Interamericana (CDI) expresa: “Cualquier persona o grupo de personas que consideren que sus derechos humanos han sido violados pueden interponer denuncias o peticiones ante el sistema interamericano…” En otras palabras: se puede denunciar o pedir a nivel individual. Y eso es lo que hecho el Prefecto Rubén Costas en nombre propio, como de todos los cruceños y bolivianos de buena fe, al entregarle una carta al Secretario General de la OEA el pasado viernes 25 durante su tránsito por Viru-Viru. Se solicitó formalmente que constitucionalistas imparciales definan objetivamente la ilegalidad del texto que se pretende llevar a Referéndum.
La relación de la OEA es con los gobiernos, pero admite que personas o grupos de personas puedan acceder al sistema interamericano, tal como expresa el Art. 8 de la CDI y sus peticiones deben ser atendidas. Será obligación de la OEA, entonces, canalizar el pedido del prefecto hacia las instancias correspondientes. Sin escudarse en cabildeos formalistas y en estricto cumplimiento de la CDI, la OEA debe responder a la brevedad.