La verdad de la milanesa es que muchos de los bolivianos nos dejamos seducir con las perspectivas de cambio que traía aparejada la candidatura presidencial de don Evo Morales Ayma. Charlas de café obligadas, tertulias dentro de los marcos familiares, conciliábulos políticos partidarios no fanatizados, no obcecados, agarraban un estribillo más o menos común: “Ya estamos cabras, ya estamos hasta el copete con los regímenes del pasado, corruptos, falsos, inescrupulosos, que permiten que unos pocos privilegiados del entorno se alcen con el santo y la limosna, se den la gran vida, se enriquezcan a expensas de las arcas depauperadas del Estado, mientras el saldo no logra salir del peso y los ocho reales, y a renglón seguido la determinación de apostar por el cambio con el argumento vehemente de que cualquier cosa que éste traiga, siempre será mejor que lo pasado.
En este ambiente dominantemente tremendista, los bolivianos que dieron el triunfo a don Evo Morales para empinarlo en la primera magistratura de la nación, no sólo eran militantes de su partido, ni familiares, ni hombres o mujeres a los que simplemente les caía bien por la pinta o por cualquier otra subjetiva apreciación. Muchos, asimismo, de aquellos bolivianos que apuntalaron el triunfo histórico de Morales en las urnas, eran gente que quería lisa y llanamente el cambio, en el entendido de que cualquier cosa que oliera a pasado, había sido mala y revestía la calidad incuestionable de irrepetible.
A la sazón, y después de dos años de entronizado el régimen supuestamente de cambios, no son nada escasos los que patalean en el arrepentimiento por haber apostado al tal cambio. Y es que, -cada cual lo siente más o menos así-, los cambios se intentan y en seguida se ejecutan con la finalidad única y exclusiva de mejorar las cosas. Racionalmente, nadie ni nada cambia con el propósito de empeorar. Ni en las más primitivas manifestaciones de la especie humana se da tal aberración.
Y no es, en estricto rigor de verdad, que todo lo ocurrido a la sombra del ideario del cambio hubiese sido malo, hubiera constituido un fiasco o respondiese a un entramado para esconder usos y abusos al amparo del poder político y con fines ilícitos de enriquecimiento u otras granjerías materiales. Sería arriesgado e impropio llegar a semejante conclusión. Lo que sí golpea a la vista es el ensimismamiento que se manifiesta en los más altos niveles del gobierno, donde hasta hoy no se facilita un diálogo amplio, una discusión en términos sinceros, leales, en efecto patrióticos, sobre asuntos que se manejan contrariamente entre bambalinas o al calor de prejuicios o de incurables y muy perniciosos resentimientos.
De la verdad absoluta, por mucha fuerza de que cada cual se considere asistido, nadie definitivamente, a no ser Dios, puede considerarse dueño. La verdad absoluta no es una consecuencia del poder, sino de la razón, de la buena razón. La verdad absoluta no brota entre las pobrezas del espíritu.
Dos años en que propios y extraños, unos por materiales afinidades y otros con la esperanza puesta en mejores días, los bolivianos apostaron por el cambio. El veredicto, de cara a esta apuesta, aún está por darse. Buenas y malas verdades quedan, y muchas, por desentrañar.
Tres en Uno
Las lluvias y los daños de siempre
El último fin de semana estuvo marcado por la prolongada e intensa precipitación pluvial que cayó en Santa Cruz. Se deshizo el cielo en agua y como otras tantas veces, la ciudad, algunas zonas periurbanas y localidades vecinas padecieron con los desbordes que dejaron viviendas anegadas, cultivos y otros bienes estropeados y rutas interrumpidas.
Nuevamente quedó en evidencia la insuficiencia y/o debilidad de los canales de drenaje y defensivos para mantener las aguas en su curso. Aunque más de diez horas ininterrumpidas de aguacero, atribuidas al fenómeno La Niña, son mucha dosis...!
El incordio continental
En eso, o algo peor, se ha convertido el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por una especie de insanía mental que parece afectarle con mayor frecuencia e intensidad desde que en su país le espetaron un rotundo ‘NO’ a sus veleidades de tiranuelo ensimismado. O cuando se le estropeó el show personal montado para la liberación en Colombia de dos rehenes mujeres en poder de las delincuenciales FARC a las que él pretende santificar.
Lo último en materia de los dislates chavistas son unos duros embates contra el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, al que tiene sometido a una abierta, insolente y casi constante provocación.
¿Qué busca Chávez en el continente? ¿Una confrontación armada? No hace mucho habló de ‘vietnamizar’ Bolivia y ahora no le pierde el tilde a su vecino al que trata de la más irrespetuosa manera.
El diálogo y dos años de Gobierno
Si seguirá valiendo la espera por los resultados del diálogo entre el Gobierno y los prefectos departamentales. Si en el curso de esta semana se sacará algo en limpio de tantas y prolongadas horas de reuniones. Si todo cuanto en los últimos días ha movido a la expectativa y esperanza ciudadana, no quedará en simples cabildeos. Si a la vuelta de la esquina no estará el país de retorno a las tensiones, a la confrontación. Son algunas de las interrogantes que flotan en el ambiente nacional.
De tan encontradas e irreconciliables que son las posiciones, los analistas no le auguran un final feliz al diálogo porque ninguna de las partes que lo sostienen está decidida a ceder en sus posiciones, en sus propuestas fundamentales.
En tanto, el presidente Evo Morales cumple hoy dos años de su llegada al poder, jaqueado por una aguda crisis política que no consigue resolver. Dos años en que haciendo gestión en vez de campaña, conciliando en vez de confrontar y gobernando para todos, le pudo haber ido muchísimo mejor...