Los cambios en la estructura institucional del país suponen todo un crítico proceso que no se cierra, sino que empieza, con la promulgación de la nueva Carta Magna, aprobada que haya sido ésta por el voto popular en el referéndum previsto para ello. Una serie de incoherencias y contradicciones en los principios del futuro orden jurídico-constitucional pueden demorar en extremo aquel recorrido, en medio de un clima de enfrentamientos de intensidad mayor a los que se intenta poner término con el diálogo que hoy se reanuda en el Palacio de Gobierno.
Muchas de esas contradicciones equivalen a verdaderas bombas de tiempo, razón por la cual deben ser desactivadas antes que sea demasiado tarde. Y la mejor oportunidad para hacerlo es justamente el diálogo aludido, en el que debe primar, por ambas partes, no sólo sensatez y racionalidad a toda prueba, sino también prudencia.
Sí, prudencia, sobre todo, por parte del presidente Evo Morales y su equipo gubernamental, cuyos radicalismos son, en gran medida, causa de la polarización que se ha dado en el país
En la Carta Magna aprobada en La Glorieta y en Oruro, las contradicciones e incongruencias se pasean igual que Sancho por su casa. Por ejemplo, eso de que la soberanía nacional conviva con soberanías ‘indígenas’ dentro del Estado ‘unitario, social de Derecho, plurinacional comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías’. O aquello de que la ‘soberanía reside en el pueblo y se ejerce en forma directa’ -Art. 7- (democracia directa de los tiempos de la Grecia republicana), pero a la vez por delegación a los poderes Ejecutivo, Asamblea Legislativa Plurinacional y Poder Judicial Plurinacional’.
¿En qué quedamos? ¿Estado Unitario o Estado fragmentado en ‘Subnaciones Estados Indígenas? ¿Democracia Directa? (algo que ya quedó para la historia) o ¿Democracia representativa con delegación de poderes a los que el pueblo elija en las urnas?
Las incongruencias citadas dejan su impronta en casi todos los títulos y capítulos de la Carta Magna a llevar a referéndum, dando lugar a encontrones conceptuales difíciles de asumir. Es el caso, por ejemplo, del Art. 441 (‘Jerarquía normativa’ y ‘reforma de la Constitución’ que caracteriza de ‘originaria’, ‘plenipotenciaria’, ‘activada por iniciativa popular’ (sic) mediante referéndum. Otra colisión, está, entre delegación de poderes y poder originario.
Si en el diálogo que hoy se reinicia no se concilian criterios que permitan resolver tan graves contradicciones, el futuro que nos espera será más de conflictos que de paz. Ingresaríamos a un nuevo periodo de crisis que puede dilatar al extremo los plazos previstos no sólo para la realización de los referéndums, sino también para la elaboración y sanción de las respectivas leyes reglamentarias, que no son pocas.
Creemos que lo sensato es que se llegue a un acuerdo para que la revisión del texto constitucional sea hecha por especialistas en la materia. Así como hay ‘comisiones técnicas’ del diálogo para intercambio de información y formulación de propuestas conciliatorias, así también debiera haber una comisión compuesta de renombrados constitucionalistas a cargo de la revisión del texto de la Carta Magna aprobada por el MAS. Sería la forma de garantizarse que la futura Constitución Política del Estado tenga precisión conceptual y total sindéresis, sin las contradicciones e incongruencias que complicarían su aplicación e inclusive su reglamentación.
El pueblo sin gozo, abrumado por el infortunio
Marcelo Rivero
En la penosa historia de este país que se llama Bolivia, por obra y gracia de los administradores del Estado que se sucedieron en el poder en casi dos siglos, deben contarse con los dedos de una mano los momentos de satisfacción, de gozo, de triunfo, de felicidad en suma, que experimentó el pueblo, principalmente aquel que es de extracción humilde, que siempre es el que se lleva la peor parte y que vive en las ciudades, en los campos y en las minas, así unas y otros se ubiquen en los valles, en los llanos o en las alturas. Los días, los meses y los años van pasando y no cambia tan dolorosa característica, al contrario, se agudiza porque en el colmo de los males somos objeto de engaño, de fraude, se burlan en nuestras narices, nos mienten con descaro. Es lo que está ocurriendo con este Gobierno demagógico, con aires de socialista y por tanto dictatorial, discriminador, centralista, racista y transgresor de las leyes, títere de un déspota atrabiliario y aborrecible al que con una sumisión que nos avergüenza le aplaude su insolente intromisión.
Agobiada pues bajo el peso de una administración gubernamental engañosa, corrupta, abusiva y extremista -como tantas otras a lo largo de la vida nacional-, todavía la ciudadanía debe sobrellevar una serie de dificultades: escasea el trabajo y si se lo encuentra es mal remunerado, motivos ambos por los cuales la gente sigue buscando los medios para mandarse mudar al exterior, donde las perspectivas son ciento por ciento más alentadoras, aunque duela la separación de los seres queridos y se lleve un régimen casi de esclavitud. Todo continúa subiendo, en especial los precios de los artículos de primera necesidad, sin que al Gobierno no le dé ni la tos, ni siquiera cuando se informa que en San Matías, en Riberalta y en un montón de pueblos lejanos la garrafa con 10 kilos de gas cuesta 100 bolivianos ¡si se la encuentra! En medio de las angustias económicas, los delincuentes tienen con el resuello corto a todo el mundo en el centro, en la periferia y en la punta de un cerro, porque mientras la Policía se debate entre la corrupción y la carencia de medios, aquéllos -los maleantes-, afinan la puntería y preparan sus golpes cómodamente sentados en su casa, en un bar, en una plaza.
Interminable la cita de adversidades, pero no se puede dejar de añadir los fenómenos atmosféricos -lluvias ahora y mañana sequías-, que prácticamente el año redondo están causando estragos, sobre todo en el campo, con millares de damnificados y con pérdidas materiales inestimables para esa gente humilde, como se ha visto en el interior y como está pasando ahora en El Torno.
Terriblemente cierto: contados los momentos de gozo del pueblo, que en cambio casi siempre camina cabizbajo de tan abrumado por los infortunios.