MIÉRCOLES 12, DICIEMBRE 2007
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Objeto: paseo


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Singular episodio el ocurrido, hace unos días, con un avión de matrícula venezolana que, tras tocar tierra para escala técnica en el aeropuerto de la plácida y encantadora Riberalta, debió reatacar, volver a las alturas, en medio de la pedrea de aguerridos y vigorosos riberalteños.
Nada, desde luego, tenía nuestra gente de Riberalta, contra los venezolanos que, en su mayoría son gente de alta calidad humana, de incuestionables valores morales y cívicos. El rechazo concernía, entiéndaselo muy bien, al papel que ciertos sectores venezolanos, manejados discrecional y caprichosamente por el mandamás del país, están jugando en calidad de promotores del socialismo al que, luego de la debacle universal que sufrió, se lo trata de revivir en esta América del Sur donde jamás de los jamases tuvo cabida y ni siquiera pito que tocar.
Después de la pedrea, y como la escala técnica era inevitable puesto que la aeronave venezolana debía reabastecerse de combustible, no le quedó más a la tripulación que tocar tierra en un aeropuerto del vecino Brasil. Las autoridades de este país vecino cayeron de inmediato sobre la nave y sus ocupantes y proclamaron enfáticamente que a bordo no existía arma alguna sino unas cuantas decenas de hombres que leían revistas o jugaban a las cartas igual que criaturas buenas.
Aún declarándose legos en preparativos con fines armados se puede concebir que a vista y paciencia se embarquen en tiempos, así sean aparentes, de paz, hombres pertrechados hasta los dientes con ametralladoras, fusiles, bombas y otros de alto poder mortífero. En tiempos de paz, al menos las apariencias se guardan, haciendo viajar a los potenciales combatientes dando de comer a las palomas de la paz, y camuflando hábilmente el armamento por cuenta separada. De modo que será imposible el desplazamiento de gente armada a través de países que están a merced de crisis internas que, en cualquier caso, sólo deberán resolver los propios países afectados.
Por si acaso, la lengua, de manera extremadamente frecuente, suele ser tan de efectos mortíferos o mayores incluso, que los que produce arma de potencia deletérea. Una lengua viperina y peor aún mil lenguas viperinas, pueden llevar la desolación, reducir a escombros los frutos, los esfuerzos de los seres que crean para el bien común. Desconfíese pues, de aquellos enviados que con frecuencia esparcen por el planeta las más intolerables dictaduras con la presunta misión de combatir la pobreza, de curar a los indigentes, de construir paraísos terrenales para buenos y para malos, y sin que a nadie le cueste un pelo ni una gota de sudor.
Desconfíese de los que aseguran que la fortuna se logra sin necesidad ni de arrugar el chaleco ni de encallecer las manos.
Hace tiempo que a nuestro país llegan, escondiendo la cara y sin someterse a ningún control de migraciones, avionadas y camionadas de extranjeros que embarcan en buses a altas horas de la noche o primeras de la madrugada para desaparecer sin dejar rastro alguno. ¿Por qué el secreto estricto? ¿Por qué se oculta este movimiento? Alguien tiene que decir, más mucho que poco, sobre este asunto.


Como si tal cosa los linchamientos
Marcelo Rivero
A comienzos de la semana pasada una noticia dio cuenta de la muerte a golpes de un joven estudiante que retornaba a su casa tras haber estado en una fiesta de graduación. El desenlace se produjo en Sacaba, Chapare, donde una turba lo confundió con un ladrón y lo liquidó sin piedad, no permitiendo la intervención de unos policías. Dos o tres días después se produjo otro linchamiento esta vez en El Alto, aunque ahora las víctimas fueron cuatro presuntos atracadores. "Los atrapamos, luego realizamos justicia comunitaria", explicó un vecino, agregando que "constantemente se producían robos en la zona, seguro que eran ellos los autores".
Tan escalofriantes hechos se vienen repitiendo con mayor frecuencia desde que subió al poder el actual gobierno, en cuyo partido tanto se vierten amenazas de la más diversa naturaleza, incluso en una rara combinación con las reivindicaciones sociales que tendrían que ser cosa muy distinta. Están tan subvertidos los ánimos y está tan revuelto el ambiente en todo el territorio nacional, que al menor movimiento sospechoso ya se está haciendo justicia por mano propia ignorando a jueces, policías, fiscales y a cuanta persona estuviese investida de autoridad competente.
Cierto, estamos acosados por los maleantes y no pocas veces los hechos vandálicos que cometen merecen el castigo más duro y el escarmiento ejemplarizador, al punto de que buena parte de la ciudadanía proclama ¡pena de muerte! Sin embargo tras el sacudón debe retornar la calma y así cojeen los organismos de prevención y sanción, al final deben ser ellos los que tomen las riendas. Es lo prudente y así lo entienden en todas las comunidades civilizadas del mundo.
Pero en la Bolivia recuperada del 'imperio' y de los colonialistas europeos, la de los ponchos rojos y la de las venganzas y odios no siempre bien fundados y jamás justificables, la de caciques y de nuevos 'libertadores', la cosa pinta peor porque la caricatura de Carta Magna que se han inventado los masistas contempla la justicia comunitaria. Ondearán pues las whipalas y allí donde aparezca un sujeto con apariencia dudosa -¡más si es k'ara!-, sufrirá el rigor colectivo y de inmediato, a garrotazos y pedradas, sin siquiera sumaria consideración, será despachado a los pagos de mandinga. Y capaz que corran la misma suerte los que osen echarle en cara al régimen sus malandanzas -que ya son tantas-, más si plantean demandas regionales. ¡Los perros despanzurrados fueron una advertencia de lo que les puede suceder!
Entonces en cualquier instante de nuevo podemos ser espectadores de más linchamientos en una esquina de barrio porque así lo manda la justicia comunitaria prevista en la Carta Magna. Es más, puede haber licencia para reeditar carnicerías de muy triste memoria.


 
El domingo 28 se juega el clásico cruceño, ¿quién ganará ese partido?

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