Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, domingo 7, octubre de 2007
 
La casa de botella es una realidad
Sueño. Una familia con siete hijos, que vivía en extrema pobreza en Warnes, ahora habita en ella


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Creatividad. Claudia ayuda a decorar su casa. Las bases de las botellas sirven de modelo para pintar flores en la barda. Todos trabajaron para edificarla

Roxana Escobar N.

Por lo menos diez familias que viven en extrema pobreza, no sólo de Warnes, sino también de la Villa Primero de Mayo y del Plan Tres Mil, desean beneficiarse con una casa digna, como la que ahora habita la familia de María Jesús Molina, en Warnes.
Es que la pobreza en la que viven muchas familias es el común denominador que aleja la posibilidad de tener una casa. Pero Ingrid Vaca Díez de Casal encontró una fórmula para luchar contra la pobreza y se propuso hacer casas con botellas plásticas y otros desechos. La primera de este tipo en Bolivia fue inaugurada ayer y causa furor en el barrio Alfredo Vaca Díez, uno de los más empobrecidos de Warnes.
Tomó un año para que Claudia, uno de los siete hijos de María Jesús Molina y Roque Mejía, cumpla su sueño. Ella nunca perdió las esperanzas de reemplazar su vieja choza por una casa más firme y digna. “Le escribí una carta a la señora Ingrid, donde le explicaba que soñaba con tener una casa donde no entrara el agua cada vez que lloviera, como sucedía con nuestra casa de barro, pero nunca pensé que sería tan hermosa y lujosa como ésta”, sostuvo.
Su vecina, Edith Flores, que es viuda y madre de cuatro hijos, también anhela mejorar su precaria vivienda, pero el terreno no es suyo. “¡Cómo deseo tener una casa hecha de botellas! Son hermosas, pero no soy dueña de este terreno. Sería bueno construir una así en el lote que tiene mi hijo en el barrio La Cerámica”, comentó al ver la alegría de la familia que tiene el primer modelo de este tipo de viviendas.
A pocos metros de ella hay otra casa hecha de barro y tabique, donde mora Carmen Murillo. Esta mujer tampoco oculta su deseo de tener una vivienda con mejores condiciones. Lo mismo sucede con Valentina Cuéllar, que pide ser tomada en cuenta en este proyecto liderado por Vaca Díez.
La primera casa de este estilo en el país llega como alivio para una de las cien familias pobres de este barrio warneño. La dueña de la flamante casa, María Jesús, trabaja como portera en la escuela Nuestra Señora de Fátima, pero no recibe un salario. Su ganancia es la comida que reciben sus hijos, ya que ella es la encargada de preparar los alimentos, y su esposo se gana la vida como portero en la cooperativa de agua.
La vivienda, que contó con la mano de obra de la familia, está construida en una superficie de 165 metros cuadrados. Se utilizaron 25.000 botellas de plástico de dos litros. La casa requirió 15.000 botellas, el tanque de agua 3.000 y la barda 7.000. Consta de living, comedor, cocina, dos dormitorios y un baño.
  Vaca Díez agradeció la colaboración de las empresas Ribepar y Las Lomas, instituciones y personas particulares, como Samuel Doria Medina, Carmiña Ortiz y los jóvenes del Rotarac Grigotá, que ayudaron a concretar esta vivienda.
Esta casa, junto a otra que está casi lista, es el comienzo de un proyecto de diez viviendas ecológicas que se convertirán en un lugar turístico y en una prueba de que tener una casa es posible, aun para las familias más pobres.
 Según la fundación PAP (Participación Ciudadana y Alivio a la Pobreza), en Santa Cruz de la Sierra las zonas en las que se concentra la pobreza son, sobre todo, los distritos 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 12.
Esto lo corrobora el Censo 2001, cuando establece que más del 58% de la población boliviana es pobre y habita en viviendas que no reúnen las condiciones apropiadas, carecen de servicios de agua y saneamiento.

En dos meses más estará lista la segunda
A pocos metros de la primera casa de botella, se encuentra la segunda, aunque la distribución de los ambientes y la forma es distinta. Allí, cuatro hermanos huérfanos (Kathia, de 14 años; Marco Antonio, de 15; Pablo, de 13, y Luis Fernando, de 16 años) con sus propias manos están construyendo su hogar. La obra está siendo apoyada por la empresa petrolera Chaco.
La mamá de los chicos falleció cuando iba a dar a luz al quinto hijo, y su papá los abandonó. Actualmente viven con sus abuelos en un cuarto de barro y chuchío, y techo de motacú. Los cuatro comparten la precaria vivienda. A pesar de las condiciones en las que viven, dividen su tiempo entre la escuela y la construcción de su nueva casa. La vivienda consta de comedor, cocina, baño y dos dormitorios. Uno será para Kathia, la única mujer. “Me siento feliz porque ahora mis nietos tendrán una vivienda digna, pues a mi esposo no le alcanza para construir; él se gana la vida como jornalero”, comentó Dolores Burgos.

 




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