Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 28, agosto de 2007
 

Las reservas forestales



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La marcha hacia el Oriente fue la “sabia” solución cuando se dio el intrincado problema de la decadencia de la minería provocada por la caída de precios de minerales estratégicos, que conllevó, a la vez, la escasa demanda de éstos.
Dejando de ser atractiva la explotación minera para este país nuestro monoproductor por falta de miras amplias, mucha gente de la que vivía en torno de la explotación de los metales o a expensas de esta actividad, se vio de pronto sin nada que hacer y peor que eso, sin recursos para buscarle a la vida por otro lado. Las cosas para el gobierno nacional de aquel entonces se ponían color de hormiga. Desocupados a montones y para completar el cuadro dramático, sin recursos y aquejados por serios males pulmonares contraídos en el laboreo de los inhóspitos, profundos y enfermizos socavones. ¿Qué hacer con esa gente considerando que aparte de buscar metales no tenía otra aptitud manual?
Los cráneos de entonces acuñaron la fórmula salvadora: Marchar hacia el Oriente, entendiéndose por Oriente casi de manera exclusiva a Santa Cruz que, en sus cálidas llanuras, con el esfuerzo de pioneros, empezaba a ponerse de pie después de casi dos siglos de olvido y abandono total.
Por cientos y por miles empezaron a llegar los llamados ‘colonos’ que se enrolaban por igual sanos y enfermos, hábiles e inhábiles, ancianos, jóvenes y niños, hombres y mujeres, con buenos hábitos de trabajo y sin ellos, pacíficos y beligerantes. Y a falta de planificación racional, cosa que se hubiese hecho antes en cualquier parte del mundo, los ‘colonos’, así llamados por capricho puesto que nada colonizaban, se establecieron  donde les vino en ganas, y se dieron, con pocas excepciones infelizmente, a la tarea de la depredación que no sólo afectó al espacio físico, sino además a la rica fauna cruceña, hoy totalmente diezmada, con ricas especies en proceso de absoluta extinción.
Las reservas forestales de este Oriente tan hospitalario siempre estuvieron entre ojos de los depredadores. Pero éstos, los depredadores, no se atrevieron a mucho frente a ellas tal vez porque habían adquirido la categoría de pulmón no sólo de una extensa parte del territorio de Bolivia, sino además de nuestro sud continente. Porque así se las cotizaba y en calidad de tal se les guardaba respeto, las reservas forestales lograban sobrevivir a una depredación que de todas maneras se la percibía latente.
En los últimos días han salido a luz unas placas fotográficas de la reserva forestal Choré. Lo que se puede apreciar a través de tales placas es, sencillamente, sobrecogedor. Lo que antes era un bosque vital, cubierto de viejos y vigorosos árboles, lo que antes era un poderoso pulmón que renovaba el aire que nos metíamos cuerpo adentro, ahora presenta la imagen de un cementerio, de un cementerio vegetal dejado de la mano de Dios, cubierto de retorcidos despojos de árboles y arbustos tronchados sin piedad. Las placas, desde luego, no permiten apreciar más, pero no es difícil imaginar que sobre esos despojos sobrevuelan aves carroñeras en reemplazo de esas especies que alucinan con sus cantos y sus plumajes. Están heridas de muerte las reservas forestales. Poco falta para que por viciado el aire que nos corresponda respirar, igualmente nos lastime de muerte asimismo, a los vivientes de esta villa pisoteada.


Viendo y oyendo al Vice
Raspapinchete
El domingo por la noche, en horarios estelares de la televisión, se lo vio y escuchó al vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, ocupándose de los temas del momento que tienen que ver con el enrarecido clima que desde hace rato se ha instalado en el país para el desasosiego ciudadano.
En la entrevista, García Linera lució un traje gris, camisa azul y corbata al tono. Llamó en cierto modo la atención el detalle porque en sus tenidas no es habitual la corbata, prenda proscrita por no ser de la ‘onda revolucionaria’ entre la casi totalidad de los miembros del entorno palaciego.
Lo que el Vicepresidente mantuvo sin cambios fue el tono suave, casi enternecedor de su voz, para responder a las preguntas que sobre diversos tópicos le formularon los entrevistadores. Y también mantuvo sin variantes el argumento de anteriores intervenciones públicas suyas: que los que amenazan con ‘desestabilizar’ al actual gobierno y con poner de cabeza a la nación son cuatro gatos. Unas pocas ‘familias’ que se resisten a perder los privilegios que habrían usufructuado a sus anchas de las mieles del poder en anteriores gestiones gubernamentales.
Podría no hacer falta que García Linera revelara dónde están radicadas esas ‘familias’ (¡segurísimo que en estos llanos orientales!) pero si él o el presidente Evo Morales sostienen y repiten machaconamente que son unas cuantas, pues que los bien montados y asesorados aparatos de inteligencia del gobierno, las identifiquen de una buena vez para pedirles encarecidamente que se dejen de embromar la paciencia. Que siendo tan pocas, al extremo de que quizás alcancen los dedos de las manos para contarlas, es mucha dosis que esas ‘familias’ le arrebaten el sueño a cerca de nueve millones de bolivianos y, de yapa, a sus mandantes de turno. Menos aún cuando éstos no pestañean ni miden riesgos llamando a la movilización de cien mil campesinos hacia Sucre, -con el desembolso de otra millonada de plata-, para que ni ‘una mosca’ revolotee sobre las cabezas de los asambleístas constituyentes que en poco más de diez meses reprobaron y van camino a un nuevo aplazo en el redesquite.

 




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