¿Desaparecerán las colas en las oficinas de Migración, ahora que rige el requisito de la visa para todos los bolivianos desesperados por irse a España o a cualquier otro país europeo, en pos del trabajo y los medios de subsistencia que no pueden conseguir en su propio país?
Los hechos despejarán la interrogante anterior, a más tardar hasta fines de la presente semana, cuando reporteros de los medios de comunicación social difundan cuanto ocurra a las puertas de tan controvertida repartición pública.
Pero algunos datos sirven de base para anticipar cierta prognosis sobre aquel respecto. En los últimos años, particularmente de 2003 a 2007, se incrementó drásticamente la cifra de inmigrantes bolivianos en España. Miles de ellos lograron ya legalizar su situación, lo que no consigue aún una mayoría. Los primeros, sin duda alguna, harán cuanto les sea posible para que cónyuges, hijos y hasta parientes cercanos que dejaron en Bolivia vayan a reunirse con ellos a la Madre Patria. En consecuencia, es poco probable que desparezcan las colas en las oficinas de Migración. Los exteriores de esta repartición seguirán ahítas de gente en pos de un pasaporte para irse del país, pero esta vez rumbo al encuentro del esposo o esposa, padre o madre que por tener en orden su situación laboral en España, les allanarán el camino para sumarse a la diáspora.
Sólo que de ahora en adelante tendrán que padecer una segunda cola ante las oficinas del consulado de España, que puede ser tan larga como la primera, aunque, desde luego, limpia de ‘tramitadores’ dedicados a lo que sabemos.
No se darán por vencidos los que no tuvieron los recursos ni el tiempo necesario para irse a España como ‘turistas’. Moverán cielo y tierra para cumplir los requisitos de visa, tal como lo hacían aquellos miles de compatriotas que en las décadas del 60, 70, 80 y 90, particularmente, se marchaban a Estados Unidos, en pos del “sueño americano”.
Es previsible, en consecuencia, que las colas no disminuyan frente a las oficinas de Migración. Esta perspectiva debe inducir a las autoridades del ramo a la aplicación de fórmulas que aceleren y acorten los trámites de extensión de pasaportes. Lo primero de lo primero es la disponibilidad de estos documentos en cantidad condigna con la demanda. Los pasaportes deben sobrar y no faltar, como actualmente acontece, desequilibrio que en gran medida determina que se den casos de corrupción, bajo un alero ya conocido: “casos especiales”…
Urge también una aplicación rigurosa de tecnología de punta para abreviar al máximo el tiempo de tramitación del documento de viaje. El pasaporte debe ser algo que se obtenga de modo inmediato o en muy pocas horas, como ocurre en casi todos los países del mundo. Necesitamos todo un sistema que congregue en tal dirección al Registro Civil, al Sistema de Identificación Personal y al Servicio de Migración. El paso de tortuga que caracteriza a la manualidad en la atención al público en todas estas reparticiones, frente a colas infiltradas de “tramitadores”, promueve la corrupción que parece de nunca acabar.
Modernizar el servicio de Migración es el reto. Ojalá que el Gobierno lo asuma.