Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 6, abril de 2007
 

Entre construir y demoler



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Cambios bruscos se han operado y se siguen operando en el modelo (si es que lo hay o lo hubo alguna vez) de nuestra cuatricentenaria ciudad capital que avanza hacia sus primeros quinientos años de existencia.
Y por supuesto que los cambios bruscos se justifican al menos a la luz de lo ocurrido aquí a partir de mediados del siglo pasado. Sabemos, si no todos, al menos una inmensa mayoría de gente madura que hasta promediados los años cincuenta, Santa Cruz de la Sierra, con todos sus encantos y exquisiteces originales, no pasaba de ser una aldea no muy grande y privada de los servicios básicos como agua, luz, pavimento y alcantarillado. Mas en aquel tiempo coincidió con la aldea, su transformación en un centro rico potencialmente, poseedor de recursos naturales verdaderamente inagotables y urgido de brazos, de capitales, de mecanización y con capacidad planificadora y determinacón, a la vez,  para ponerla en juego sobre la marcha.
Lo que siguió fue una extraordinaria afluencia humana que activó múltiples fenómenos sociales y, muy en particular, estructurales, es decir, del sector de las construcciones, incluyendo calles y plazas.
Sin orden ni concierto, sin un mínimo de consideración a lo que ya estaba en pie y que era el reflejo de la gente nuestra, empezó a edificarse dentro del estrecho casco viejo sin que institución ni autoridad alguna ejercitara el control debido, señalando expresamente lo que debía conservarse sí o sí. No es por nada que la arquitectura de nuestro centro urbano poco o nada dice de nuestro pasado. Es un  híbrido carente de atractivos en que al lado de un edificio moderno todavía sobrevive una casucha que es vivienda y no refugio de fantasmas.
Por lo que concierne a las calles y avenidas, es fácil estimar que allí hemos tirado la casa por la ventana, hemos gastado a manos llenas lo que teíamos y lo que no teníamos y que una buena parte se ha ido en construir rotondas que al cabo de no muchos años han sido demolidas, seguramente gastando otros borbollones de plata en efectivo.
No tenemos la más insignificante idea de lo que es la materia urbanística, pero en razón de nuestras crónicas limitaciones estimamos que, si hacer buena labor urbanística supone hipotecar hasta el alma, nosotros no estamos en condiciones, ni muy remotamente, de permitirnos tal hipoteca y menos rumbosos planes cosméticos en la ciudad, a la que amamos con encendidas devociones, indudablemente.
La ciudad se ha extendido mucho más allá de lo que racionalmente podrían esperar los más optimistas. Pero da la impresión de que sigue fallando un organismo regulador que norme los alcances de cada proyecto de construcción. Creemos que por allí puede empezar a cambiar la cosa para bien.

 


 

Hoy, show, hoy
Oso Molino * ®® Sonría “Plis”
Qué viernes tan agitado. La gente va de un lado a otro. Han anunciado la función. Va a empezar a la hora nona. Es decir a las nueve, aunque empezará muy temprano. Le darán que cargue su propia cruz y le harán pasar por el vía crucis. La gente está entusiasmada. Habrá mucha gente. Nadie quiere perderse el espectáculo. Si hay sangre estarán en primera fila los canales de televisión. En vivo y en directo, pese a que el que ejecutarán es un revoltoso desconocido, hijo de un carpintero que se cree Dios.
Apareció diciendo incongruencias como “Amaos los unos a los otros” en un mundo donde nos odiamos los unos a los otros. Un mundo que le pone fronteras a todo. A su territorio, a sus orígenes, a su raza, a sus ideas, para que eso de que somos todos hermanos, se convierta en todos somos soldados y estamos acá para sacarnos la entretela. La guerra es el deporte numero uno de la humanidad. Tiene el auspicio de las religiones y en nombre de Dios la gente se mata y mata.
Por eso ese Hombre es un desubicado. Por eso le pondrán clavos en las manos y en los pies, como si fuera el peor de los maleantes. Cómo se le ocurre el despropósito de hablar de amor en una cueva de lobos, con perdón de los lobos.
Su madre está desesperada, está junto a El con la Magdalena, una mala mujer que no había sido tan mala porque le es leal hasta el último momento. En cambio sus amigos que anoche tuvieron una cena de despedida lo han negado, han huido, lo han traicionado.
Patitas para qué te quiero, han emprendido las de Villadiego para cuidar sus pellejos. Es comprensible. A la hora de la verdad la madre y el amor verdadero son los únicos que quedan al pie de la cruz.
Él sabe que no será la cruz el peor martirio. Le herirá más la traición del que le dará un beso, del que dijo que lo amaba y por conseguirse un aval que le dé 30 denarios, no vacilará  en entregarlo, el muy malagradecido. No le quedará otra que terminar colgado de un árbol como un miserable. Es que el remordimiento se encarga de que la conciencia no deje dormir tranquilos a quienes traicionan a quienes les dieron el pan da cada día y el vino de la vida.
Qué pena. No hay derechos humanos para defenderlo. Será esta noche. Morirá como un Hombre más que como un loco, porque podrán haberlo azotado y coronado con una  corona de espinas, pero así clavado y traicionado, ni en la hora de la muerte bajará los brazos. Eso se llama dignidad.

* osomier@hotmail.com

 




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