No es difícil pensar en la imagen que se tiene de Bolivia en diversas circunstancias, por no decir en todas en las que se ve envuelta. Tal imagen puede ser de cualquier cosa, menos de un país medianamente civilizado, con casi dos siglos de existencia libre y soberana, y cuando otros acusan una honrosa y respetable mayoridad en el sentido extenso del concepto.
Por decir algo, qué imagen acaba de dar esta Bolivia tan infortunada a través del singular problema generado por el Lloyd Aéreo Boliviano. Llena de pasajeros una de sus aeronaves cobrándoles por supuesto y por adelantado el valor de los pasajes, y tras un vuelo corto los deja abandonados en un aeropuerto muy lejos aún del destino que tenían contratado.
A quién, entre los funcionarios de la empresa, le importó un comino que los pasajeros quedasen tirados, que no pudieran llegar a buen término, que perdieran las posibilidades de hacer negocios vitales, de reencontrarse con la familia, de asistir a citas trascendentales, de tomarse un justo y merecido descanso. Con descaro y sangre fría, los directores de la empresa se hicieron los del otro viernes y aquí no pasó nada. Grueso el cuero de los aludidos personeros.
El rostro del país, que de por sí es tan poco agradable, se deterioró aún más cuando a través de los portavoces oficiales del gobierno de turno inventó argucias para dar a entender que nada tenía que hacer con la línea de bandera en cuestión. Cínica manera, una de tantas, del gobierno, que carece de ideas cuando le es inexcusable la tarea mínima de sacar las castañas del fuego.
Aunque ya se lo ha repetido infinidad de veces, se hace inexcusable apuntarlo una más. El avance apabullante de los gobernantes actuales no sólo se logró con el impulso de sus bases disciplinadas y firmemente convencidas. También sumó el respaldo de los que, cansados de corrupción, de desaciertos, de falta de patriotismo, postulaban la necesidad urgente, inaplazable del cambio.
Y presuntamente, -previa consulta democrática- el cambio se dio y, también presuntamente, el cambio accedió al poder. Pero en los hechos, el tan esperado cambio apenas sí tuvo tibias y descoloridas manifestaciones. Aunque hay que reconocer que cambios de cara sí los hubo, pero sin que ello aportara mayores beneficios para el país. O acaso no vino a resultar que tras las nuevas caras se repitieron no sólo los errores, sino además los excesos, los descomedimientos, los abusos y los vicios del reciente pasado.
Líneas arriba expresamos que en ninguna circunstancia la cara de Bolivia ha sido atractiva no obstante su diversidad humana y geográfica sorprendente. Pregúntese ahora, después de lo del LAB y otras lindezas muy recientes, qué se piensa de Bolivia. Habrá que omitir las palabrotas.
Devolver gentilezas, lo menos
Marcelo Rivero
El periodismo, incluyendo la televisión hispana, estuvo pendiente de la partida y llegada sin visa a España de 800 bolivianos, que ahora ya deben tener este documento para ingresar a los predios de don Juan Carlos y a varios otros países de Europa. Imágenes tristes de viajeros que se iban quizá para no volver, o para volver al otro día, sin que tampoco faltaran cientos de personas que despedían a los suyos, o que estaban desesperadas porque en el aeropuerto de Barajas retuvieron a los pasajeros y no les permitían ni verlos -así se tratase de niños de corta edad-, porque carecían de condiciones (es decir plata) para ser turistas, siendo inminente que los empaquetaran de retorno. En fin, en las pampas de Birubiru y en Barajas pocas eran las alegrías y muchas las penas que rodearon la aventura de ‘los últimos 800’.
Sabemos de sobra que esa gente que desde hace años ha venido liando bártulos para mandarse mudar lo ha hecho por la pobreza, puesto que en esta su patria escasea el trabajo o es mal remunerado, entonces no hay plata ni para el propio sustento, peor para el de la familia, y si la hay es para unos cuantos días y para lo elemental. Peor aún, en muchos casos, como ocurre con los zafreros, el empleo es como en los tiempos de la esclavitud, o sea mínimo 15 horas de sudor por la comida y cuatro reales, de ahí que sobran las razones para emigrar. Si aquí cerquita (en Argentina) por esa tarea esclavizante quedan unos pesos para ahorrar, cómo no arriesgarse en Europa, y por lo general en España, donde el asunto es de cien euros, quizá doscientos o algo más, en cuyo caso ya es negocio redondo.
Frente a problema tan agudo, ¿qué espera el gobierno cocalero, originario y collasuyense para entrar en escena? Si la ‘saludable economía’ permite continuar el turismo de los constituyentes por el país, también el del primer mandatario por el mundo (como Japón donde fue a que le aconsejen que respete la inversión privada), asimismo las vigilias campesinas en Sucre, igualmente acumular más reservas en el Banco Central (¡cuidado que los turiros no le brinquen a los dólares!), ¿por qué no va a ser el turno de resolver el tema del desempleo y de los bajos salarios? ¿Por qué no pagar sueldos decentes a los trabajadores de la Normal Enrique Finot que están prefiriendo dejar sus pegas, ejemplo que pueden imitar muchísimos otros para irse de esclavos esta vez a Brasil ya que cruzar el charco se tornó imposible? ¿Por qué no subir el haber básico de 525 bolivianos en vista de que para medio llenar el canasto del mercado es con cuatro mil?
¡Miércoles, por lo menos hay que devolver gentilezas, igualito que a los yanquis: exigirles visa a los españoles y a sus socios que quieran entrar a Bolivia!