En esa lucha frontal y sin cuartel, como sin duda debe ser, contra el narcotráfico y sus actores, expediente legítimo y sin lugar a réplica, venía a ser, y lo sigue siendo, la incautación de bienes de los traficantes.
No estamos muy bien informados en materia jurídica. Sin embargo, y según nuestra modesta comprensión de las cosas del medio, tenemos casi la certeza de que la tal incautación de los bienes, con todo su rigor, se aplicaba y se aplica por igual, a efectos de valor, a los propietarios que incurren en delitos públicos de reconocida y probada gravedad.
En resumen, y para precisar los alcances de este comentario, lo que en primer término nos proponemos destacar es que bajo el rubro de “bienes incautados” (cualesquiera sean las causas, cualesquiera sus orígenes) la cantidad, el número de ellos es realmente grande y de verdad, sorprendente.
Aparte de los bienes inmuebles, los muebles, de igual manera se los cuenta por montones. En fin, se trata nada más y nada menos que del boato de que acostumbraban rodearse los actores del narcotráfico que se creían con derecho a gozar de la gran vida por fomentar el crimen universal de la narcoadicción.
En resumidas cuentas, -y esto es lo que estamos tratando de subrayar- son muchos y de enorme valor en metálico, los bienes incautados especialmente en la lucha sin cuartel contra los narcotraficantes y el narcotráfico. Bienes que incluyen, entre muchos otros, costosos vehículos de lujo y modernos y sofisticados aparatos electrodomésticos. Con precisión no es posible tener una imagen de conjunto porque, salvo que estemos muy mal informados, jamás han trascendido los detalles concernientes a los efectos incautados y, de paso, al número o volumen de ellos. En este punto específico han sido vagas las informaciones.
No sabemos si por mandato de ley expresa o por norma que decididamente apoyamos, los bienes que se incautan al narcotráfico son asignados a favor de algunas de las tantas instituciones que cumplen abnegada y humanitaria labor social. De lo que sí estamos enterados por el simple hecho de que llega a ser del dominio público, es de que no faltan los arbitrarios, los ensoberbecidos en su tránsito por las esferas del poder político, que se apropian de dichos bienes, especialmente inmuebles y motorizados modernos, y se aprovechan a cara pelada de ellos, en exclusiva.
Un caso reciente en este sentido causó justificado revuelo y una generalizada indignación. Pero en resumen, y al menos que se sepa, no pasó nada. A nadie se le movió cuando menos un pelo. ¡Vaya tiempos de cambios los que nos están soplando!
Queda mucho por decir acerca de los bienes inacutados.
Bloqueos, ¿hasta cuándo?
Marcelo Rivero
Hasta el pasado fin de semana centenares de campesinos en Tarija estuvieron bloqueando caminos exigiendo el manejo de un programa productivo, llegándose a un ‘entendimiento’ tras doce horas de reunión con autoridades prefecturales. El que se hubieran podrido las uvas y los duraznos -que escasearon en Santa Cruz y seguramente en otras ciudades-, es nada, lo grave fue que por el cerco murieron dos personas, una de ellas porque el ómnibus en que viajaba no llegó a tiempo a destino y el corazón no esperó la ‘buena voluntad’ de los sitiadores. Pocos días antes en el departamento de La Paz los bloqueos estuvieron a todo dar, hasta que los lugareños de seis provincias consiguieron el objetivo de que salga de la zona, con camas y petacas, la empresa encargada de suministrar electricidad a 16 municipios. No supe en qué quedó otro bloqueo ‘programado’ en Sucre, por el cual no habría ingresos ni salidas en la capital de la república, medida que debían tomar los padres de familia en demanda de 300 cargos para profesores.
Y probablemente al aparecer estas líneas habrá nuevos bloqueos de caminos y calles en comunidades, pueblos, barrios y ciudades, reclamando atención a pliegos petitorios y la solución de problemas de la más variada naturaleza. Como hace unos días, unas semanas y unos meses aconteció en Oruro con los mineros cooperativistas a los que el Gobierno les está haciendo capito, en San Julián para que el cabildo del millón no pase de esta cifra, en Cochabamba para que salga tostando el prefecto, en Yapacaní para recibir más plata de la Prefectura y luego por los defensivos en el río para que no se lleve a los ‘cabañeros’ (a los que más bien habría que sacar a guasca por asentarse en zona prohibida), en Camiri y en el Gran Chaco para que Yacimientos y las regalías no se escapen... ¡Caramba, pero si hasta en medio de las torrenciales lluvias y del desastre que éstas causaban, hubo bloqueo de la vieja vía que conecta Santa Cruz de la Sierra con provincias y departamentos del occidente porque no llegaba la maquinaria para realizar reparaciones, cobrando el hecho otra víctima fatal!
En conclusión, como sucedía en toda Bolivia hace dos, tres y más años, cuando los bloqueadores eran dirigidos por el máximo dirigente cocalero, que sin dejar esta pega ahora funge como presidente de la nación, aunque la cosa era mucho más peliaguda porque el corte de carreteras era con dinamitazos o produciendo deslizamientos de piedras, así la obra destructora era completa.
¿Hasta cuándo los bloqueos? Hasta el día del juicio, porque es otra de las características de este país boliviano: contraer un mal y tornarlo endémico. Como el de la corrupción que comenté anteayer.