Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 24, marzo de 2007
 

Con otra pollera



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A través de años el país, el desdichado país nuestro –sin merecerlo, señor- no había sido nada diferente de la misma chola, aunque con otra pollera.
A contar desde su existencia republicana, y no obstante que llegó hasta allí vertiendo a torrentes la sangre de hijos ilustres y heroicos, nuestro país no hizo otra cosa que repetirse en el error. Mas, errar no fue lo más grave que pudo sucederle. Lo dramático se presentó cuando mansamente se dejó atrapar entre los largos y viscosos tentáculos de la corrupción. Del error, que hasta solía ser de buena fe, saltó a la corrupción imperdonable y culposa, entre cuyas garras se debate hasta hoy, sin posibilidades de vislumbrar un hasta cuándo.
En estricto honor a la verdad hay que reconocer que, como postulado, han sido varios los propósitos moralizadores, honrados, austeros, sustentados desde flamantes esferas del poder encaramado en el Palacio de Gobierno. Sin embargo, de mero postulado jamás se dio un paso adelante, jamás trascendieron. Quedó todo en buenas intenciones y el país siguió haciendo aguas por abajo, por arriba y por todos lados. La chola, según forma popular de expresarse, encarnada en el poder supremo, cambiaba de pollera pero seguía siendo la misma chola.
A los últimos comicios generales celebrados en nuestro país bajo fórmulas de libertad y democracia, la ciudadanía, en porcentajes altamente significativos, concurrió dominada por la determinación de apuntalar el cambio. Por centenares y miles dejaron atrás las viejas consignas políticas partidarias y respaldaron la opción por el cambio. Ésta es una verdad que está lejos de toda duda. Ésta es una verdad que se manifiesta a través del apoyo masivo que alcanzó la fórmula por el cambio, sin desconocer, desde luego, su propia fuerza de sustentación que fue y tal vez sigue siendo vigorosa.
No obstante, el tan esperado cambio por el que muchos apostaron con cabal sentido patriótico, se dio muy poco o sencilla y llanamente no se dio. Coparon todas las instancias del aparato administrativo del país las caras nuevas, se instalaron los altos mandos, los medios y los mínimos. Con distintos rasgos y actitudes emprendieron el paseíllo por los corredores del palacio, de los ministerios, de las direcciones, de las autarquías, de tantas reparticiones, en fin, unas nuevas fachas que no demoraban en exponer características de burócratas hinchados por la vanidad.
La nueva burocracia administrativa, a la vuelta de brevísimo tiempo, mostró similitudes extraordinarias con la que había sido desplazada a consecuencia del cambio político operado en el país. La misma ineptitud, la misma carencia de planes de trabajo, la negligencia y la improvisación siempre inadecuada y, para colmo de males, contaminada por la corrupción, dispuesta a facilitar tramoyas de todo calibre a fin de asegurar lucros personales extras. Se miran las cosas de reojo y con resignación franciscana se exclama: “la misma chola, pero con otra pollera”.


Que el olvido no los sepulte
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
Cierto que su nombre está inmortalizado en una calle de nuestra ciudad.
Una plaqueta lo recuerda.
Pero, aunque al parecer éste es uno de los mayores homenajes que se puede rendir a los grandes, a mí personalmente me parece poco.
Poco en el caso de un ciudadano cruceño como lo fue el doctor Marcelo Terceros Banzer.
Me concedió la honra de su amistad.
Fue, sin mezquindades, mi maestro.

Abogado, diplomático, erudito, catedrático.
Muchos otros títulos tendrían cabida en su vigorosa personalidad.
Gran señor de su campanario, incluido.
Esposo, padre de familia predicando con el ejemplo siempre, hasta en las ocasiones más menudas y triviales.
Amigo, tal vez más apasionado en los momentos duros de la vida que en los de la fiesta y el jolgorio.

Representó al país allá, al otro lado de los mares inmensos y azules.
Y lo hizo con encendidos amores.
Con desbordantes apasionamientos.
Su casa boliviana allí en el otro confín del mundo, no sólo daba la dimensión de la Patria distante y siempre soñada.
Era asimismo, el punto de encuentro de ese mundo diplomático del que Terceros Banzer pasó a ser líder sin siquiera proponérselo.
Quién no se sentía tranquilo, seguro, confiado, departiendo con él.

Buena parte de su vida consagró a su Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de la que llegó a ser conductor máximo.
Con Anita Suárez, su gentil esposa, siempre a su lado, el doctor Marcelo Terceros Banzer daba todos los días exquisitas lecciones sobre cómo ganar, para vivir, la gracia tierna de Dios.

 




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