Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 20, marzo de 2007
 

Retornar a la institucionalización



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No sólo el Gobierno, sino principalmente el país carga con los vidrios rotos de la partidización de la función pública que hace el MAS.
Tan mala práctica, que tanto dañó la imagen de los gobiernos precedentes al actual, se repite ahora en el partido oficialista. Son ya numerosos los dirigentes del MAS que admiten la extensión de ‘avales’ a los ‘buscapegas’ de siempre. Lo grave es que en gran medida, estas acreditaciones, según denuncias que ojalá sean idóneamente investigadas, se otorgarían a cambio de dinero, por sumas de variabilidad sujeta a la importancia del cargo. ¿Las pegas públicas convertidas en vulgar mercancía? ¿El clientelismo político-partidario que por el tobogán de la corrupción se desliza a la más deleznable de las ferias?
A nivel medio y superior de la administración pública muchas designaciones en cargos clave fueron únicamente de recompensa a la lealtad partidaria. No se tomaron en cuenta parámetros de especialidad, idoneidad y eficiencia. Estas fallas no tardarían en pasarle la factura al Gobierno de Morales. Recordemos cómo YPFB, a raíz de las mismas, se vio en figurillas en lo que respecta al aprovisionamiento de carburantes.
En Santa Cruz, por la misma razón, el colapso técnico, así como de fiscalización y control en el Senac, le abrió ampliamente las puertas a la fiebre aftosa, eventualidad que hizo figurar otra vez a Bolivia en la lista negra de países que no pueden exportar productos cárnicos.
Cita especial merecen los errores en los contratos petroleros, los cuales demostraron que la gente del MAS que fue a trabajar a YPFB carece de eficiencia y precisión en sus tareas.
Podemos mencionar muchos otros casos más, pero creemos que con los referidos nos basta y sobra para dictaminar lo mal que van las cosas en todos los niveles del aparato administrativo del Estado.
El Gobierno de Evo Morales debe parar en seco el ‘tsunami’ peguista que desde las costas del MAS golpea a todos los sectores de la administración pública y retomar de inmediato el curso de la institucionalización de los cargos públicos, cuya normativa sigue actualmente en vigencia, porque no ha sido ni derogada ni abrogada.
E inclusive debe ir más allá todavía, radicalizando los términos de tal normativa. Sobre todo, en cuanto se refiere a modalidades de contratación de personal. Consideramos que a los requisitos vigentes urge agregar acreditación plena de especialidad y eficiencia para el cargo a ejercer. Para funciones de menor jerarquía convendría someter a los postulantes a examen de competencia, a fin de elegir al que se apunte la nota mayor. Lo importante es que cuantos sean designados en cargos de nivel medio e inferior, sepan todo y no ignoren nada del trabajo a desempeñar.
Si Evo Morales no hace lo anterior y deja que las cosas, respecto al tema que nos ocupa, sigan como están, se expone a graves problemas que en el futuro inmediato le pueden ensombrecer más todavía su gestión de Gobierno.


Festejos y regalos obligatorios

Juan Carlos Rivero

Si hay algo que abunda en Bolivia son los festejos de aniversarios. Los departamentos tienen fecha de fundación y de gesta libertaria; también las ciudades celebran algo especial cada año y ahora hasta los barrios arman su fiesta con bombos y platillos.
Calles embanderadas, palco de honor, banda militar y desfile estudiantil le dan tal solemnidad a estos festejos que tácitamente demandan la asistencia de todo funcionario público, desde el concejal, pasando por el alcalde y el prefecto, hasta el Presidente de la República. Y pobre del que no se aparezca, ¡tremendo desaire!
No extraña, entonces, que nuestro Presidente –al ser requerido por decenas de ciudades y centenas de barrios en todo el país– tenga colgado en su cuello, casi a diario, las guirnaldas con que los pobladores premian su presencia. Con tanta pompa uno se pregunta en qué momento el Primer Mandatario se da tiempo para sentarse a trabajar.
Además de la pérdida de tiempo que estos actos ocasionan, los anfitriones esperan que las autoridades traigan regalos para su región, y como éstas ya han sucumbido a esa presión manipuladora, seguro que se vienen cargados con un montón de obsequios: inversiones, pavimento, empleos, hospitales... todo sirve con tal de quedar bien.
En el fondo, estos festejos son oportunidades propicias para que las autoridades elegidas hagan campaña proselitista hasta en épocas no electorales. Si de verdad les preocupara el bienestar de sus anfitriones, los planes de los gobiernos locales y nacionales ya tendrían contempladas las necesidades de cada región durante los 365 días del año, y no sólo cuando están de fiesta.
El pasado fin de semana, el presidente Morales asistió al festivo aniversario del Plan Tres Mil, mientras que el alcalde Fernández y el prefecto Costas brillaron por sus ausencias. Desde el punto de vista político, Evo les sacó ventaja a ambas autoridades, porque la presencia de éstos tenía mayor carácter de obligatoriedad que la de aquél. Ni corto ni perezoso, Evo, enroscado en guirnaldas, trajo como regalo el anuncio de la construcción de un mercado modelo. ¿No le compete al alcalde hacer este ofrecimiento?
Sé que este juego político ya está demasiado arraigado en nuestra cultura como para que las autoridades se excusen de marchar sin protestar hasta la fiesta del barrio Calucha. Que se las aguanten. Yo me conformaría con que dejen de convocar a los escolares para esos desfiles absurdos en los que deben esperar durante horas bajo el sol a que las peroratas circunstanciales lleguen a su fin.

 

 




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