Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 18, marzo de 2007
 

Para un manejo transparente de la ayuda



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Es natural que tanto en el Gobierno como en la oposición promuevan preocupación y toda clase de susceptibilidades el manejo y destino de la ayuda que hiciera llegar la comunidad internacional a los damnificados de los desastres naturales del fenómeno El Niño en el país.
No hay paranoia alguna en lo anteriormente señalado. Son tan numerosos los precedentes de tipo delictivo en la materia, que se justifican tales temores. Sin remontarnos demasiado en el tiempo tenemos el caso, por ejemplo, de los desvíos de la ayuda a las víctimas del terremoto de Aiquile y Totora, y la adquisición de un avión presidencial con recursos destinados a la emergencia referida.
Ignoramos a cuánto asciende el monto de las donaciones internas y extranjeras recibidas para ayudar a los damnificados de las inundaciones de Beni y Pando, así como de las sequías y heladas del altiplano. Pero es de suponer que dicho monto, sumado a los propios, que ascienden a los 95 millones de dólares, representan una suma bastante gruesa.
El presidente Evo Morales y su equipo definieron que los gobiernos regionales no participen para nada en la distribución de tal ayuda. Crearon para este fin un organismo que puso bajo control de las Fuerzas Armadas, la cual ya asume tal responsabilidad a nivel nacional. No objetamos tal decisión, pero siempre y cuando se garantice total idoneidad y sobre todo absoluta transparencia en la distribución de la ayuda por parte de los militares.
Lo primero de lo primero para infundir confianza al pueblo en el sentido señalado, es una información sostenida y precisa sobre la materia. Se necesita saber a cuánto asciende, hasta el momento, el monto de la ayuda, tanto en bienes y vituallas como en efectivo. Cobra igual rigor la información sobre los lugares de almacenamiento y los nombres de las personas responsables de los mismos. También es necesario que se difunda en forma continuada el movimiento de las respectivas cuentas bancarias. Pesa lo mismo sobre la forma en que se distribuye la ayuda, a fin de que todos sepamos cuánto sale de los centros de acopio, quiénes reciben ayuda y en qué cantidad.
No es suficiente una pagina web en Internet para la difusión de los datos mencionados. Juzgamos necesario que la información correspondiente sea dada a conocer en forma continuada, con detallado apoyo documental sobre montos y beneficiarios.
Los desastres de Aiquile y Totora no habrían dejado estela escandalosa alguna si respecto a la ayuda a los damnificados del terremoto se hacía lo que se plantea precedentemente.
 La información debe brindarla, naturalmente, el Gobierno, sobre cuya responsabilidad recaería, finalmente, cualquier manejo doloso o delictivo de la ayuda.


El caso de la estética: preocupantes exageraciones
Por Dominicus
Se está inflando en proporciones inauditas e injustas un caso de prácticas no autorizadas en una estética y presuntos daños consiguientes.
Es increíble la cobertura y los ribetes escandalosos, como si se tratara de “Jack el destripador”... Hay otras urgencias en la ciudad, en particular muchísimos crímenes, asaltos y delitos mayores que apenas merecen una línea, mientras este caso acapara páginas y espacios. Es de no creer...
Todo esto es absolutamente exagerado y debe ser manejado con principios elementales de proporcionalidad y de cordura. Para utilizar una desafortunada expresión del presidente Evo Morales, se nota cierto “terrorismo mediático” en el trato de Fátima Justiniano, no exento de truculencia y que está totalmente sobredimensionado, verdaderamente fuera de lugar. Estas actitudes sensacionalistas y desproporcionadas dañan a medios y comunicadores, al menos en mi modesta opinión.
Llama poderosamente la atención que la Fiscalía designe nada menos que a tres fiscales para atender este caso, mientras por otro lado se menciona que “no se da abasto” para atender casos urgentes… Muchos criminales andan sueltos, nadie investiga a fondo casos horrendos como lo sucedido el año pasado en la Clínica Percy Boland donde murieron nada menos que 10 niños o el tema Carla Lorena y otros. He aquí que por el ‘complejo de Miss’ que tiene este pueblo, se sigue a fondo y con verdadera ración de sadismo, un caso de arreglos corporales estéticos de aspirantes a parecerse a “Las magníficas” que linda con la frivolidad, donde nadie murió ni se encuentra herido y donde -por las declaraciones de las propias presuntas víctimas- todo se puede arreglar mediante la intervención de un buen cirujano plástico.
Que yo sepa, Fátima Justiniano no mató a nadie y vive de su trabajo. Si cometió un delito, eso deberá ser probado y eventualmente castigado, pero de ahí a darle la dimensión que se le ha dado al caso, es algo que merecería estar en los anales de “Crease o no” de Ripley. De ahí a meterla en prisión, cuando conocidos criminales son liberados mediante ardides de toda índole, hay otro gran paso exagerado.
Todo esto refleja nomás pautas patológicas de comportamiento colectivo que motivan a la reflexión. Fiscalía y jueces tienen labores más urgentes que atender, investigaciones imperiosas de crímenes y delitos que permanecen impunes. Lo mismo con los medios. El caso de una estética no amerita semejante atención. Es lamentable y vergonzoso.

 




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