En la medida en que transcurre el tiempo, cobra mayor vigor la certeza de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, quiere llenar el vacío dejado por Fidel Castro en el liderato de la corriente latinoamericana antiimperialista.
Pero las metas de Chávez van mucho más allá de aquello todavía. En realidad, quiere estructurar un bloque de naciones a las cuales comandar dentro de un esquema de integración que él y solamente él defina. Para ello propone toda clase de esquemas que partiendo de lo económico-financiero, se engarzan en lo ideológico y político. Trasminan más a estas dos últimas cosas que a lo primero.
Sus últimas actuaciones delatan en forma elocuente sus empeños en el sentido mencionado. Como ya se siente poco menos que líder indiscutible de América Latina, la reciente gira del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, por varios países del continente de habla hispana, le desató un furioso reflejo de territorialidad igual o peor al que se observa en un tigre frente a otro que le invade su espacio. Castigó con rugido de multitudes “antiimperialistas” al mandatario americano, por atreverse a poner plantas en su “territorio”.
Bolivia, Ecuador y Nicaragua figuran en la nómina de países a los cuales Chávez intenta alinear en torno suyo. Bolivia, con el actual Gobierno, de hecho, ya se le cuadra. Ecuador parece que está a punto de hacer lo mismo, mientras Nicaragua todavía no pasa del protocolo a los hechos concretos.
¿Qué conviene a Bolivia? ¿Una integración mucho más amplia, a escala continental, o pasar a ser parte de una reducida escuadra ideologizada en ismos que aíslan de la inversión extranjera internacional, generando graves recelos en los países latinoamericanos que no toman muy en serio a un Chávez que se dedica más a la política que a la economía?
Obviamente que lo primero, no sólo respecto al continente americano, sino también a Europa y el resto del mundo. En el exterior tenemos que hacer negocios y no política. Nos urge ensanchar nuestros espacios en el mercado internacional, en busca de réditos y no de expansiones ideológicas que sólo halagan el narcisismo político del mandatario venezolano y que a nosotros más bien nos perjudica.
Lo menos que puede hacer Bolivia es dejarse arrebañar política e ideológicamente por Hugo Chávez y la Venezuela que rige en la forma en que todos ya sabemos. Tener buenas relaciones con aquel mandatario, agradeciéndole, como corresponde, la ayuda que brinda al país, pero al margen de compromisos o alineamientos que dañen la imagen boliviana en el exterior.
Legalidad que invita a la corrupción
Juan Carlos Rivero ®®
Si cumplir la ley no fuera tarea tan complicada, seguro que no tendríamos tanta corrupción en sectores públicos y privados de Bolivia. Pero aquí, la lista de requisitos para completar un trámite es tan extensa, el tiempo que se demora en completarlo es tan largo, y hasta el propio procedimiento es tan absurdo que la gente busca la forma de ‘aceitar’ el engranaje para que las cosas no se tranquen.
Uno de los documentos más absurdos de todos es el certificado del carné de identidad. O sea, ¿de qué sirve tener un carné si cada vez que se lo requiere hay que certificar la validez del mismo? Para ganar el campeonato mundial de lo insólito, se podría exigir que se emita otro certificado para certificar el certificado. (No es broma, la fotocopia legalizada del carné ya no se emite porque la falsificaban fácilmente). Con requisito tan absurdo se corre el riesgo de que los falsificadores también aprendan a falsificar el certificado o que alguna autoridad comience a negociar con la venta ilegal de papeles valorados. ¿Por qué no eliminar toda esa basura burocrática y dejar que el carné recobre su validez por sí solo?
Entre los trámites que más tiempo demoran se encuentra el de obtener la nacionalidad boliviana. Se tarda entre tres y ocho meses, según consultas realizadas en Migración. No importa si el interesado es hijo de boliviano; igual tiene que entregar una sarta de documentos, incluyendo el pasaporte del país de origen. Esto significa que durante este tiempo, la persona ni siquiera puede viajar al exterior. Para acelerar el trámite conviene tener un ‘amigo’ en La Paz, mejor si es de la talla de la ex ministra Alicia Muñoz, que pudo obtener ciudadanía para su cuñada en tan sólo dos días.
El pago de impuestos representa otro dolor de cabeza para quienes quieren cumplir con sus obligaciones tributarias. (Los que no tributan, que son mayoría, no tienen de qué preocuparse). Los empleados deben presentar facturas cada mes para evitar descuentos de sus salarios. Este sistema incentiva el gasto en lugar del ahorro. Si no consumen lo suficiente, muchos empleados deciden comprar facturas de personas que no las necesitan o de negocios que precisan facturar para equilibrar sus cuentas fiscales.
En definitiva, los sistemas ineficientes, incoherentes y burocráticos que abundan en nuestro país hacen que el ciudadano busque su ‘contraparte’ para hacer ‘negocios’ de conveniencia mutua. Esta manera de corrupción generalizada se combate de manera efectiva haciendo que la legalidad no demande grandes sacrificios y que más bien otorgue ventajas a quien se adhiera a ella.