Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 15, marzo de 2007
 

Exponorte, un ejemplo



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En estos tiempos de acentuada incertidumbre en que nuestras cosas, nuestros emprendimientos marchan lentamente o sencillamente marchan mal o lisa y llanamente no marchan y ni siquiera se los plantea, resulta agradable en grado extremo, gratificante para el espíritu, señalar realizaciones y aplaudir sin reservas, los éxitos,
Nadie ignora, pues hasta en el ámbito internacional ha trascendido, que el actual no es el tiempo óptimo para hacer inversiones en Bolivia por circunstancias que no es del caso analizar. Una sola referencia en este sentido, que se dé en nuestro entorno y más todavía que trascienda del marco interno, viene a constituir razón sobrada para empeorar la situación de parálisis en que empieza a precintarse la siempre precaria reserva económica de nuestro Estado.
Por ese lado pues, encontramos buenos motivos para sentirnos de capas caídas. ¿Las cosas van a mejorar? No resulta nada sencillo hacer una predicción.
Pero hay más todavía de aquello que tiene marcado el momento presente como muy desalentador, como nada promisorio en lo concerniente a la suerte de nuestra Bolivia y de su pueblo que de tan escasas satisfacciones sabe, en realidad. Eso a lo que aludimos en este acápite concierne a los fenómenos naturales, a los despiadados efectos del famoso “El Niño” que se las ha tomado con nuestro país y que está marcando su paso fatídico con muertes. devastaciones, pérdidas cuantiosas e irreparables de las que los mayores damnificados, como siempre ocurre, son los humildes, los que de apenas sí tienen, en el mejor de los casos, un lugar en el cual caer muertos al lado de los suyos.
Ejercitamos la memoria, nos remontamos hasta años que se pierden entre las brumas de los tiempos, y llegamos a la conclusión de que nunca, como hoy, padecimos tanto bajo los embates de la naturaleza. En suma entonces, que tal vez nunca estuvimos tan golpeados arteramente desde varios frentes como lo estamos en estos días.
Pero pese a esas condiciones de flagrante adversidad, la Exponorte se pone de pie de la mano de sus impulsores tradicionales y abre sus puertas en alarde de guapeza y de coraje. Disimulando las amarguras que están dejando las cosas adversas, la gente de Exponorte, en sus predios, hace una demostración de fe, de confianza en sí misma y aparte de mostrar logros que les ganaron a los infortunios, enseñan nuestra música, dan a probar nuestras comidas y bebidas y hacer pasear, para el encantamiento de todos, la belleza, la donosura, la gracia gentil e incuestionable de nuestras mujeres.
Con Exponorte se deja sentada una verdad. Sobran las ganas de vivir.


Que el olvido no los sepulte
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
El de maestro es para mí el oficio más noble y generoso.
El maestro, con amor y vocación, lo da todo a cambio de muy poco.
El maestro ejercita todos sus sentidos moldeando al hombre de hoy, al de mañana, al de siempre.
Por estas y por otras razones muy personales proclamo mis devociones por el maestro.

Tuve la fortuna de moldearme en manos de excelentes maestros.
Todos buenos, todos sin tachas.
Y entre ellos escojo, sin mengua de los demás, a Eldda Viera Barba.
A poco de graduarse en la Escuela Normal de Sucre, la señorita Eldda fue mi maestra en el viejo y querido colegio Obispo Santistevan.
Allí bregó, con singulares virtudes, sin acusar cansancio, con amor casi maternal, por meternos en nuestras cabecitas las primeras luces del saber.
Tres años, si la memoria no me falla, Viera Barba batalló con tantos adolescentes como yo, para enseñarnos, a la par de cuidar de nuestra buena conducta.
La señorita Eldda, en otra de sus muy interesantes facetas de educadora, trataba de descubrir nuestras inclinaciones por el arte, la poesía, (declamaba ella con voces tiernas), la música, la danza, la pintura.

En lo que habría de ser la culminación de su larga y fecunda vida docente, la señorita Eldda Viera Barba puso en marcha su propio establecimiento educativo.
Con emoción la visitaba allí, en dominios que se había ganado a todo pulmón.
Seguía firme en la brecha apuntando los caminos del saber.
Su nombre y su imagen se conservan indelebles en el corazón de los que nos nutrimos de su savia.

 




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