Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 14, marzo de 2007
 

Vaya forma de expresarse



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Más propiamente de la gente de un tambo, de la gente ordinaria, inculta, irrespetuosa y vil de un tambo, porque también la hay buena, bien formada, respetuosa en aquel sórdido ambiente, son, y con censurable frecuencia, las formas de expresarse del notable presidente de Venezuela, el fornido don Hugo Chávez.
Su nación, la fraternal, la culta, la encantadora Venezuela, de la que muchos bolivianos, entre otros ciudadanos del mundo, disfrutamos alguna vez, vive en suerte hoy bajo la tonante voz de su primer mandatario que la tiene convertida en su feudo, en que puede permitirse todas las licencias habidas y por haber, incluso la de gritar palabrotas y la de hacer escarnio de los que no comulgan bajo sus dictados, que peor que dictados, son excesos de la más baja calificación.
Pero en fin, si en su feudo se permite lo que le viene en ganas y por imperio de la opresión los que lo rodean se lo tienen que tragar, nada nos va ni nos viene lo que ocurra a buena distancia de nuestro propio territorio, a no ser dejar a la vista una manifestación de solidaridad con los gratuitamente ultrajados por el soberbio ocupante del Palacio.
Otra cosa muy diferente ya es que ocurra lo que está ocurriendo aunque todavía en pequeñas proporciones, es decir, que el señor Hugo Chávez, insatisfecho con hacer blanco de sus malos modos y de sus palabrotas a su propia gente, emprenda viajes, salga de su feudo y allí donde toque tierra empiece a reiterarse en sus exabruptos, en sus descomedimientos, en sus malos modos que, por regla general, tienen la calidad de inaceptables, por mucha que sea la deuda de gratitud generada por la generosidad venezolana que, de ninguna manera, será susceptible de ser pagada aceptando agravios.
Penoso es remarcar, pero tampoco se lo puede pasar por alto, que los colaboradores uniformados del señor Chávez están demostrando tener muy bien asimilados los modos o más bien los malos modos de su jefe supremo. Denuncias acerca de actitudes prepotentes y de descomedimientos de los subalternos venezolanos han llegado hasta el dominio público. Buen precio, al final de cuentas, aunque no material, el que se está incluyendo en la factura que implícitamente se les pasa a nuestras desdichadas víctimas de los desastres naturales que nos han azotado y que, al parecer, no han tocado aún a su fin.
Parece que hay un buen remedio para enfrentar las groserías, las torpezas, los malos modos de aquellos que, como el jefe del Estado venezolano, se creen lo suficientemente grandes y poderosos para tratar con las patas a los que no piensan como ellos, a los que bogan en aguas  más o menos tranquilas. Ese remedio empieza por no llevarles el apunte, por dejarlos que zapateen a su regalado gusto. Tal vez al sentirse ignorados recuperen la ecuanimidad.


Ayuda con segundas intenciones 
Marcelo Rivero
Numerosas personas han expresado su gratitud por las donaciones que han hecho naciones amigas para ayudar a los damnificados por las lluvias e inundaciones que desde hace dos meses vienen arrasándolo todo, tanto en las ciudades como en los campos de cultivos y de crianza de animales. Varias de esas personas han hecho propicia la oportunidad para insinuar que no han faltado los ingratos porque no fueron a recibirlo ni le testimoniaron sus agradecimientos al presidente de Venezuela, que ha mandado -y quizá lo siga haciendo-, alimentos, medicinas, colchones, tractores, aeronaves y otras cosas que aliviarán la angustiosa situación de miles de afectados por los fenómenos atmosféricos. Entre esos desagradecidos, apuntaron con el dedo y de viva voz, están los prefectos y muchos alcaldes de los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz, que no fueron a saludarlo, menos le tendieron una alfombra ni se las dieron de besamanos con el dictador venezolano en una más de sus apariciones por suelo boliviano.
¡Bien merecido lo tienen los figurones y los parlanchines que ayudan más por hacer politiquería y por demagogia que por fraternidad y humana solidaridad! Es que no puede ser que dejando de lado los desastres, cuando medio mundo está sufriendo de hambre y enfermedades, o cuando está dolorido porque lo perdió todo, se monten escenarios desde los cuales se pretende adoctrinar a la gente, se promete la solución de los problemas habidos y por haber, se anuncian con su consabida apología actividades políticas, se ofrece el cielo a unos y el infierno a otros, se envuelven en guirnaldas y se bañan con mixturas, en fin, se ofende al prójimo, desde el lugareño que no comparte ideas -y que por ello de inmediato es tildado de oligarca-, hasta el más encumbrado ‘imperialista’. Si hasta pareciera que el pueblo se está dando cuenta de la falsía de los mensajes y de las orientaciones partidarias que quieren imponer tuerto o derecho porque su presencia en las ‘concentraciones multitudinarias’ es cada vez menor.
No señor, hay que dar pero en silencio, sin segundas intenciones, sin esperar nada a cambio. Alemania, Japón, España y varios otros países desde hace décadas están realizando importantes aportes (hospitales, caminos, aeropuertos, condonación de deudas por miles de millones de dólares), para que los bolivianos mejoren sus condiciones de vida, y nunca vinieron sus altos funcionarios, mucho menos sus presidentes, primeros ministros, emperadores y reyes, con discursos populacheros, con diatribas y con injerencias en los asuntos propios de la nación.
¡Vergüenza debiera darle al que ayuda con segundas intenciones!

 




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