El presidente del tribunal que
juzga el 11-M, Javier Gómez Bermúdez, expulsó hoy de la sala
de vistas al acusado Rafá Zouhier, que sigue el juicio en el
interior desde una sala blindada, porque, según dijo, "estoy
harto de sus gestos".
Gómez Bermúdez adoptó esta decisión cuando el abogado de
Zouhier, Antonio Alberca, interrogaba a Rachid Aglif, "El
Conejo", procesado por colaboración con banda terrorista y
tráfico de explosivos, en la quinta jornada del juicio en la
Audiencia Nacional.
El juez ordenó que Zouhier, ex confidente de la Guardia
Civil para el que la fiscal pide 20 años de cárcel,
abandonara temporalmente la sala donde están los procesados
y fuera trasladado a un calabozo.
El pasado viernes, Zouhier mostró un cartel durante un
receso del juicio en el que se podía leer "nunca provocaré a
las víctimas por las que arriesgué mi vida avisando a la
Guardia Civil", que el magistrado ordenó que le fuera
retirado.
El gestó provocó que la presidenta de la Asociación 11-M
Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón, se acercara hasta
el habitáculo y leyera la nota, tras lo cual comentó que en
la primera sesión del juicio Zouhier ya intentó hablar con
ella.
El lunes el tribunal ordenó a Zouhier que se sentara en el
primer banco de la sala blindada y que se situaran agentes
de policía entre el público para evitar que se produjeran
tensiones y enfrentamientos entre los acusados y las
víctimas.
El marroquí Zouhier, procesado como autor material por
cooperación necesaria del delito de suministro de sustancias
explosivas y colaboración con banda terrorista,
supuestamente puso en contacto a los autores del 11-M con
quienes les dieron la dinamita con la que se fabricaron las
bombas.
Según el juez instructor, Juan Del Olmo, Zouhier estaba al
corriente de toda la operación del traslado de la dinamita y
ocultó esta información a la Guardia Civil, cuerpo del que
era confidente.
La Audiencia considera que confundió a las fuerzas de
seguridad deliberadamente y que sólo cuando vio en
televisión una imagen de Jamal Ahmidan "El Chino"
-considerado el jefe operativo del 11-M- seis días después
de la matanza alertó a la Guardia Civil de que era un hombre
peligroso que tenía explosivos y detonadores.
El juicio por el asesinato de 191 personas en la mañana del
11 de marzo de 2004 en Madrid continuó hoy con el
interrogatorio de Rachid Aglif "El Conejo", a quien se
considera el lugarteniente de "El Chino", que se suicidó en
Leganés junto a otros seis hombres al verse rodeados por la
policía tres semanas después de los atentados.
Aglif negó haber intervenido en la operación de intercambio
de droga, en concreto hachís, por los explosivos empleados
en el 11-M, aunque admitió haber participado en una reunión
con los principales acusados de suministrar el material
explosivo, que procedía de una mina de la región de Asturias
(norte de España).
Tras Aglif, es el turno de las declaraciones de los
marroquíes Abdelilah Fadoual y Mohamed Bouharrat, acusados
igualmente de pertenencia a organización terrorista, por lo
que podrían ser condenados a 12 años de cárcel.
EFE