Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 21, febrero de 2007
 
 

 
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El presidente del tribunal que juzga el 11-M, Javier Gómez Bermúdez, expulsó hoy de la sala de vistas al acusado Rafá Zouhier, que sigue el juicio en el interior desde una sala blindada, porque, según dijo, "estoy harto de sus gestos".

Gómez Bermúdez adoptó esta decisión cuando el abogado de Zouhier, Antonio Alberca, interrogaba a Rachid Aglif, "El Conejo", procesado por colaboración con banda terrorista y tráfico de explosivos, en la quinta jornada del juicio en la Audiencia Nacional.

El juez ordenó que Zouhier, ex confidente de la Guardia Civil para el que la fiscal pide 20 años de cárcel, abandonara temporalmente la sala donde están los procesados y fuera trasladado a un calabozo.

El pasado viernes, Zouhier mostró un cartel durante un receso del juicio en el que se podía leer "nunca provocaré a las víctimas por las que arriesgué mi vida avisando a la Guardia Civil", que el magistrado ordenó que le fuera retirado.

El gestó provocó que la presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón, se acercara hasta el habitáculo y leyera la nota, tras lo cual comentó que en la primera sesión del juicio Zouhier ya intentó hablar con ella.

El lunes el tribunal ordenó a Zouhier que se sentara en el primer banco de la sala blindada y que se situaran agentes de policía entre el público para evitar que se produjeran tensiones y enfrentamientos entre los acusados y las víctimas.

El marroquí Zouhier, procesado como autor material por cooperación necesaria del delito de suministro de sustancias explosivas y colaboración con banda terrorista, supuestamente puso en contacto a los autores del 11-M con quienes les dieron la dinamita con la que se fabricaron las bombas.

Según el juez instructor, Juan Del Olmo, Zouhier estaba al corriente de toda la operación del traslado de la dinamita y ocultó esta información a la Guardia Civil, cuerpo del que era confidente.

La Audiencia considera que confundió a las fuerzas de seguridad deliberadamente y que sólo cuando vio en televisión una imagen de Jamal Ahmidan "El Chino" -considerado el jefe operativo del 11-M- seis días después de la matanza alertó a la Guardia Civil de que era un hombre peligroso que tenía explosivos y detonadores.

El juicio por el asesinato de 191 personas en la mañana del 11 de marzo de 2004 en Madrid continuó hoy con el interrogatorio de Rachid Aglif "El Conejo", a quien se considera el lugarteniente de "El Chino", que se suicidó en Leganés junto a otros seis hombres al verse rodeados por la policía tres semanas después de los atentados.

Aglif negó haber intervenido en la operación de intercambio de droga, en concreto hachís, por los explosivos empleados en el 11-M, aunque admitió haber participado en una reunión con los principales acusados de suministrar el material explosivo, que procedía de una mina de la región de Asturias (norte de España).

Tras Aglif, es el turno de las declaraciones de los marroquíes Abdelilah Fadoual y Mohamed Bouharrat, acusados igualmente de pertenencia a organización terrorista, por lo que podrían ser condenados a 12 años de cárcel.



EFE

 

 

 

 

 

 




 
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