Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 18, febrero de 2007
 
 

 

Democracia, prensa y pluralismo



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Democracia supone pluralismo ideológico y político. Los más, gobernando con la legitimidad que les concede el voto mayoritario del pueblo en las urnas, pero sin desconocer la cuota parte de participación que en la toma de decisiones corresponde a los menos, en proporción a la estatura cuantitativa que acrediten en los respectivos resultados electorales. El diálogo y la concertación, en el ámbito legislativo, son los instrumentos universales para ello.
 Tampoco es concebible la democracia sin pluralismo en el campo de los medios de comunicación social. Así como no hay sociedad en la que todos, respecto a cualquier asunto, tengan idénticos reflejos valorativos, así también es imposible concebir una estructura nacional de diarios, radioemisoras y canales de televisión que se igualen en una común línea de información y opinión respecto a hechos y procesos del acontecer nacional
La diferenciación en tal tarea es inevitable. Sobre todo, en lo que respecta a valoración y opinión, campos en los cuales cierta carga de subjetividad, natural en cualquier ser humano, determina que una misma cosa asuma tono blanco para algunos y gris o negro para otros.
Unos critican, otros aplauden, mientras no faltan quienes mantienen equidistancia de los bandos en disputa. Esta diversidad no debe disgustar a nadie. Es algo por lo cual, justamente, en todos los países del mundo, existe con rango constitucional el derecho a la libre expresión.
 Últimamente vemos alarmados que no sólo en las filas del gobierno, sino también en ciertos sectores, empiezan a darse aprestos implícitamente dirigidos a imponer una uniformidad de opinión en los medios de comunicación social. Uniformidad, conviene aclararlo, que beneficie al gobierno de Evo Morales y al MAS. Se cuestiona en forma ácida la línea editorial y de opinión de los medios, asociándolos a frentes dizqué empeñados en dañar imagen y prestigio del régimen de Evo Morales. Se menciona, entre otros, a la denominada “Media Luna” y a sectores oligárquicos al “servicio de las transnacionales”. Y todo porque en sus ediciones, cuanto analizan y valoran, no encaja en lo que el gobierno y el MAS quieren que se diga sobre ellos.
¿Qué quieren? ¿Qué los medios renuncien a su derecho a opinar en forma libre y diferenciada? ¿Que todos sigan el camino que los cuestionadores nativos y foráneos ya emprendieron? Es decir, ¿que se comprometan con el MAS? ¿Es lo que buscan?


¡Y se vino el Carnaval!
Dominicus

¡Y se vino nuevamente el Carnaval, la llamada Fiesta Grande de los cruceños! Ayer fue el Corso y hoy comienzan los famosos “tres días” que culminarán en la víspera del Miércoles de Ceniza, el próximo 21 de febrero. Se trata del feriado más largo del año, siguiendo una tradición de ocio que cada vez se aplica menos en otros países, pero que en Bolivia resulta imposible pensar modificarla. Si algo asemeja a cambas, collas y chapacos, es su afición carnavalera. Cada cual a su estilo y con sus costumbres, toda la diversa población boliviana quiere disfrutar de su carnaval, nadie se lo quiere perder y aquéllos pocos que son indiferentes, se quedan en sus casas encerrados o los afortunados y con buenas billeteras, aprovechan para viajar.
Como en otras oportunidades, sólo les pido a los carnavaleros de aquí cuidarse y cuidar a la ciudad.
La pobre Santa Cruz de la Sierra no tiene que ser la principal estropeada con suciedades y pintarrajeadas. Asimismo, que prime la alegría sin excesos, sin borracheras, peleas ni tragedias. Todo el mundo tiene derecho a divertirse, pero también todo el mundo tiene el derecho de pasar las fiestas carnavaleras sin sobresaltos ni angustias. Que sea fiesta grande, no tragedia ni tristeza grande.
Vendrá luego la forzada limpieza que hace la Municipalidad y la resignada limpieza hecha por vecinos y damnificados.
Poco a poco, los carnavaleros se quitarán la resaca de tanto alcohol, fiesta y farra, para así poder reiniciar sus actividades. Muchos se divirtieron sanamente, otros participaron de la violación anual de la ciudad participando con su incomprensible “alegría” en el gratuito y penoso “ensuciamiento” de la urbe que dicen querer.
Ojalá que en este carnaval ya iniciado, las cosas cambien y se pueda tener sana diversión sin “cochineras” ni dramas de ninguna naturaleza. Ojalá, reitero y así lo espero. Los próximos días darán su implacable veredicto.

 




 
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