Desastre total el que se está viviendo en nuestra cálida región cruceña. Desastre absoluto ya, pero que todavía puede llegar a mayores tomando en cuenta que las condiciones atmosféricas parece que no van a mejorar en cuestión de horas y que, consiguientemente, seguirá cayendo más copiosamente el agua para hinchar el caudal de los ríos y riachuelos y desbordar las grandes y pequeñas lagunas y lagos, incluso de la periferia urbana de nuestra ciudad capital.
Ya es un solo e inmenso mar el que rodea a nuestra urbe tras cubrir toda la campiña y asolar sembradíos y campos de pastoreo. Ya no es posible levantar los granos de las recientes siembras ni recoger los frutos de temporada. Y lo que viene a ser más dramático, tal como lo decimos líneas arriba, es que el agua de las lluvias torrenciales y constantes, amenaza el casco viejo y ya tiene a su merced áreas pobladas a partir del tercero y hasta del segundo anillo de circunvalación de la ciudad.
¿Hasta qué punto se va a cernir la tragedia sobre la muy noble Santa Cruz de la Sierra? Es la pregunta inquietante de esta hora, cuando no se borra la amenaza de nuevos diluvios.
En las buenas y en las malas, más en las malas, desde luego, los cruceños hemos sacado fuerzas de flaquezas para poner de manifiesto un espíritu batallador que no claudica, que no se rinde frente a la adversidad. Pues, es justamente en esta hora crucial que tenemos la obligación de demostrar que no estamos derrotados, que no nos hemos rendido, que no hemos perdido las esperanzas, que nos restan fuerzas para lidiar contra la adversidad.
Es cabal, es correcto que demandemos el auxilio que está obligado a prestar, inexcusablemente, el Gobierno nacional. Pero más que estar en pie de demanda de la ayuda gubernamental, tenemos que dar muestras claras de nuestra fuerza, de nuestro espíritu de lucha, de nuestra fe en nosotros mismos, de nuestra bravura que se vuelve alud cuando las cosas empiezan a darse cuesta arriba. El desastre no sólo golpea a las puertas de Santa Cruz de la Sierra, sino que se ha abierto paso de manera frenética y descontrolada.
Sacrifiquemos todo, ésta debe ser nuestra determinación, bienes materiales y espirituales, horas de descanso y de regocijo, en fin, impongámonos, como sabemos hacerlo, todo tipo de privaciones y de sacrificios. Tal vez nos alcance nuestra esforzada entrega para revertir el desastre que hoy pretende arrebatarnos hasta el resuello.
Injerencia extranjera
Marcelo Rivero
Este gobierno se jacta de ser originario, comunitario, cocalero y de ponchos rojos, defensor a rajatabla de todo lo que sea de pertenencia de la nación, por supuesto que incluyendo el territorio, al punto de que al unísono con un jefe de las Fuerzas Armadas afirmó que “la patria no se toca”. Fue en alusión a las voces de “la media luna” y más exactamente de Santa Cruz reclamando las autonomías ganadas en las urnas, como que si estas autonomías fueran a tocar un pedazo de la heredad nacional, cuando lo que buscan es trocar el centralismo que lleva casi 200 años de fracaso, por un sistema exitoso que tiene su mejor ejemplo en España. Por eso las voces autonomistas ya retumban con más fuerza en otros departamentos, tal el caso de Cochabamba.
Pues bien, el poder originario y cocalero está atestado de colaboradores extranjeros, entre ellos unos ‘asesores’ en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en el palacio presidencial, o sea en dos puntos neurálgicos, no sólo de Bolivia sino de cualquier país del mundo. ¡Conque gobierno originario y la patria no se toca, y los extranjeros, entre ellos unos chocos, metiendo sus cucharas en las ciudades, en las fronteras, en la cancillería y en la mismísima sede del Poder Ejecutivo!
A uno de ellos, de merecida fama como ex terrorista, nada menos que el Vicepresidente de la República ha tenido la desfachatez de pretender defenderlo diciendo que solamente se dedicaba a grabar y a transcribir los discursos del Presidente, a la vez máximo dirigente cocalero, cuando se sabe que dirigió la campaña del ahora partido gobernante para las elecciones de diciembre de 2005, que él mismo se lo acercó al jefe de Estado y que en el más cercano entorno de éste es tipo de peso. Eso, sin contar que el ministro de Gobierno se hizo el distraído asegurando que no conocía la situación legal del peruano, sólo sabía que estaba en tareas de comunicación en el Palacio.
¿O sea que el ‘vice’ y un ministro están tomándole el pelo al pueblo? ¿Así que un extranjero -sin contar a los miles entre ‘alfabetizadores’, ‘médicos’, ‘técnicos’ y ‘asesores’-, puede estar en plena actividad política? ¿Por qué entonces lo hicieron bolsa al cubano que renunció al ‘paraíso’ de la isla caribeña, cuyo principal pecado fue apoyar las autonomías y a un grupo de mujeres que preparaba una protesta contra el régimen en un conocido hotel?
Estamos pues ante un gobierno que a sus ‘cualidades’ de originario, cocalero y de ponchos rojos, quiere sumar la condición de totalitario y comunista extremista, y que para lograrlo no se inmuta en acoger la injerencia externa, en las mismas entrañas de la nación: vale decir en la Cancillería y en el Palacio Quemado.