Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 3, febrero de 2007
 
 

 

Buscándole a la vida



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Tal vez por lo incierto de la situación política que suele manifestarse a través de preocupantes signos, quizás por la especie de efervescencia social en que nos estamos debatiendo, vivir en Bolivia, al menos para gruesos sectores de bolivianos, se ha vuelto escasamente atractivo y casi nada de esperanzador.
Faltan de manera dramática las fuentes de trabajo. Escasas y cada vez más restringidas son las perspectivas para la inversión. La productividad interna, para redondear el cuadro desfavorable, experimenta una sensible declinación que, en lo que viene a ser el colmo de la desdicha, se agudiza a merced de los desastrosos factores atmosféricos que parecen estar cebándose en la región más fecunda del país, vale decir en nuestro Oriente tropical.
En fin, y reafirmando impresiones que numerosos sectores comparten, para nosotros, los propios bolivianos, ha pasado a ser poco atrayente la determinación de ahondar las raíces en la morena tierra madre.
A esta realidad, que resulta difícil de objetar, responde la desesperación de verdaderas multitudes que hemos podido apreciar aquí en Santa Cruz de la Sierra, en la propia sede del Gobierno, y seguramente en otras ciudades, a la búsqueda de la documentación que les es requerida para viajar al exterior, no en tren de turismo, por supuesto, sino buscándole a la vida como corrientemente se dice. Bajo el sol y bajo la lluvia, a medio comer y a medio beber y hasta a medio dormir, suman centenares y tal vez miles los individuos, hombres, mujeres, muchos  con niños a cuestas, haciendo colas interminables en procura de pasaportes, visas y otros colgandijos en que se gastan, los interesados, sus preciosos y siempre pequeños dineros.
Ahora bien, si permanecer en el país se ha vuelto un sacrificio que no todo el mundo está en condiciones de sobrellevar, ingresar en otro, en España por ejemplo, se está tornando, si no imposible, sumamente difícil. Ya hay exigentes requisitos que llenar adoptados por las autoridades españolas. E incluso el llenado de requisitos suele no ser suficiente para asegurarse la vía libre en la Madre Patria. Problema insoluble el que les sale al paso a quienes, por carecer de oportunidades en su propia tierra, parten a buscarle a la vida hasta al otro lado de los mares.
Por lo demás, nunca los bolivianos hemos sido acogidos sin recelos cuando nos ha correspondido, por una u otra razón, trasponer nuestras fronteras y llegar a cualquier parte del planeta. Se nos considera cargados de malos o de dudosos antecedentes, en el mejor de los casos, y bajo esta circunstancia, la piensan dos o tres veces antes de abrirnos las puertas. Esa discriminación, hoy en día, está más acentuada. El Gobierno, ni el actual ni los anteriores, hacen ni hicieron nada en defensa de sus ciudadanos viajeros. Así nos va.



Que el olvido no los sepulte
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina

Era hombre modesto.
La modestia, tal vez el rasgo más saliente de su personalidad.
Su modestia lo engrandecía más aún.
Bajo los aleros tibios del viejo campanario, su modestia relucía.
Y relucía, asimismo, cuando el viejo campanario empezó con sus alardes de gran ciudad, cosmopolita.

***

Él era Mario Sandoval Saavedra.
Maestro de corazón.
Abogado de muchas y siempre diáfanas luces que, muy a su pesar, lo desbordaban.
Hombre de hogar, en el seno de los suyos su corazón palpitaba en paz.
Los de su calidad humana dieron lustre a las familias cruceñas.
Y él mismo, el doctor Mario, enalteció muy legítimos blasones.

***

En el aula, su voz resonaba y no había  quién se perdiera sus giros y sus acentos.
El tono suyo era el preciso.
Del que se vale el saber para transmitirse de unos a otros, entre los que quieren aprender.
Nunca tuvo que llamar al orden, media vez siquiera, a los inquietos.
Nunca tuvo que espabilar a los desatentos.
Como embrujados recogían sus incontables oyentes las claras modulaciones de su voz.
Sandoval Saavedra, con toda seguridad, nunca tuvo que repetir conceptos debido a la falta de claridad de sus exposiciones.
Lo suyo era verdad. Lo suyo no admitía objeciones y menos, dudas.

***

Con su talento privilegiado, el Dr. Mario pudo llegar muy lejos en el campo de los favorecidos por la fortuna.
Pero todo el mundo sabía que nunca él traficaría con su conciencia ni con sus principios éticos. Todo el mundo sabía que era inútil tentarlo,
Murió uncido a la dignidad. Memorias como la suya no pueden ser sepultadas por el olvido.

 




 
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