Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 31, enero de 2007
 
 

 

¿Con o sin razón?



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Más de una vez, el primer mandatario de la nación ha apuntado con el índice a los medios de comunicación del país, a quienes hace cargos por presuntos desafectos que se traducen en críticas y juicios que, al aludirlo directamente, alcanzan asimismo a su gestión gubernativa.
Poniendo las cosas en su justo término, las alusiones de los medios de comunicación nada tienen que ver con la humanidad del presidente, que lo será así él sea blanco, moreno, de ojos azules o negros, mientras responda al mandato de las mayorías expresado democráticamente o por el torpe expediente de la fuerza. Los medios de comunicación, necesario se hace subrayarlo, aceptan y respetan a su presidente guste o no su cara o su aspecto físico en general.
Al jefe del Estado, nadie, la prensa menos, lo va a resistir o lo va a negar porque no le caiga gracioso y simpático. En eso tendría que pensar el propio gobernante a la hora de buscar las causas por las cuales en los medios de comunicación del país, no se le canta loas todos los días y, hasta a veces, más se lo enfoca torcido o entre sombras, que otra cosa.
En vez de concluir convencido de que gratuitamente los medios lo maltratan o por lo menos faltan, según su propia apreciación, a la ecuanimidad, tendría que dedicar algún tiempo a hacer un examen de conciencia, a auto analizarse con la determinación de establecer de primera mano, por su propio ojo, qué es lo que está haciendo mal, qué es lo que no funciona, qué es lo que se escapa de todo control racional y atropella y genera desbarajuste. Si lo piensa detenidamente y bien, aceptando de antemano que nadie es infalible, con toda seguridad que él, el presidente de la República, encontrará razones, excelentes razones, para adoptar cambios, para buscar mejoras y racionalidad en el difícil manejo de un país, especialmente si ese país es el nuestro, Bolivia, donde hay tantas cosas por hacer y muchas más por rectificar.
Los medios de comunicación, en nuestro país tanto como en cualquier otro del mundo libre y democrático, han librado, sólo a cambio de su tranquilidad de conciencia, duras, ásperas y dramáticas batallas en defensa de los principios en que se inspira nuestra existencia y de los intereses públicos y de los privados legítimos. En eso están justamente en este tiempo. Ni la sombra de la duda cabe. La historia lo certificará a su tiempo.

Dos dolores de cabeza 
Marcelo Rivero

Pozos profundos y lagunas a cada paso en el pavimento, y semáforos que no funcionan o que funcionan mal haciendo más caótico el tránsito de motorizados y de personas, he ahí lo que a primera vista se puede apreciar en esta ‘locomotora del país’ que dizqué es Santa Cruz de la Sierra.
El problema de los baches y de los aguales se complicó en este mes de enero a raíz de las lluvias que no han dejado de caer todos los días, como nunca antes había sucedido. Sin embargo, baches y aguales también son prueba contundente -a ser tomada muy en cuenta para futuras obras-, de que cuando efectuaron refacciones, e incluso cuando se pavimentó o enlosetó las vías, los trabajos no fueron realizados a conciencia, o sea que se falló en la compactación y nivelación del terreno, en la aplicación de los materiales, en la colocación de losetas y en otros aspectos relativos a este tipo de tareas, además de que los fiscalizadores tampoco cumplieron su misión como correspondía. Eso de que terminó la ‘vida útil’ del pavimento es hasta por ahí nomás: las calles y avenidas de infinidad de ciudades en el mundo fueron empedradas primero y asfaltadas o enlosetadas después y jamás estuvieron tan intransitables como las de nuestra capital, primero porque los trabajos los ejecutaron como Dios manda y luego porque nunca dejaron que un bache se convirtiese en un socavón. La reparación fue y es inmediata. ¡Y bien hecha!
He visto que la Alcaldía lleva a cabo refacciones, pero cabe aguardar que una vez pasada la época lluviosa se encare una labor seria y responsable y que esta característica sea para siempre de manera que no tengamos los pozancones y las lagunas que ahora nos están causando tantos dolores de cabeza.
Como nos lo causan los semáforos, un servicio que cojeó desde su estreno hace tres o cuatro décadas y del que se dijo hace unos años -cuando se produjo quizá la más funesta administración municipal-, que quedaría una maravilla con unos aparatos ‘inteligentes’ obtenidos mediante préstamo millonario en Francia. Para qué repetir las fallas existentes en casi todas las intersecciones donde hay semáforos, sólo hay que echarle en cara a la comuna que es cosa de escándalo que no resuelva tan agudo problema, no sólo instalando todos los artefactos franceses sino adquiriendo cuantos sean necesarios para que el tráfico vehicular y peatonal no sea tan temerario como lo es desde hace tiempo.  
Los padecimientos en la ‘locomotora del país’ también se pueden extender a otros aspectos, tales los casos de desperdicios tirados en cualquier sitio y las aceras desiguales, copadas por vendedores, en mal estado o directamente inexistentes. Es larga la lista y estrecho el espacio.

 




 
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