En realidad, más que de bronca, el comportamiento del Gobierno actual frente a los periodistas puede ser etiquetado de inseguridad y temor.
¿A qué?
En busca de una respuesta a tal pregunta hagamos una radiografía de aquel recelo. Por cierto que no son pocas sino muchas las sombras a tomar en cuenta en la respectiva placa. Una, en particular, cobra especial relieve. Se trata de aquella alusiva al actual sistema de medios de comunicación social del país, donde predominan, naturalmente, como ocurre en cualquier país democrático del mundo, los de propiedad privada.
Los medios estatales constituyen puntitos apenas perceptibles en el referido sistema. Obviamente que el Gobierno intentó revertir a su favor la correlación de fuerzas en este frente, adosando a la radio y televisión estatales toda una red de radioemisoras a cuya instalación cooperó, con recursos económicos y técnicos, el gobierno de Venezuela. No logró su objetivo, toda vez que dichos medios ejercen poca o ninguna influencia en el proceso de formación de opinión pública. Puede que en ciertos medios rurales hagan lo suyo, pero en las ciudades sus mensajes pasan totalmente desapercibidos. Son los medios privados, principalmente aquellos que acreditan firme e incuestionable tradición de equidistancia de intereses económicos y políticos, así como de consecuente apego a la verdad y objetividad en el tratamiento de la noticia, los de mayor gravitación en dicho proceso.
La historia demuestra que ninguna marcha gubernamental hacia la hegemonía política tiene epílogo exitoso sin previo y total control de los medios de comunicación social. En Alemania, Hitler clausuró todas las radios y diarios privados. Al suprimir las libertades de prensa e información, se hizo así de una ventaja que la supo aprovechar al máximo su ministro de información, Goebels, quien le hacía creer al pueblo todo cuanto interesaba al régimen fascista que creyese, porque no tenía al frente nadie que cuestionara o criticara sus falsas verdades. En la ex URSS, Stalin hizo lo propio.
En Bolivia, la prensa, junto a la Iglesia Católica, conforme lo acreditan las encuestas, es la institución que más confianza y credibilidad inspira en el pueblo. El Gobierno lo sabe y, por lo mismo, le teme. Particularmente, teme y odia a los reporteros que cubren los sucesos callejeros, tal como lo ponen de manifiesto últimos hechos. Nos referimos a los protagonizados por los ‘movimientos sociales’ del MAS, cuando en San Julián y Cochabamba, muchos reporteros fueron salvajemente agredidos. Le molesta que los periodistas informen tal como ocurren los sucesos y no como él y su base social quisieran que lo hagan.
No en vano el Gobierno y el MAS se estrellan contra los medios de comunicación social y los reporteros. Los ven como obstáculos en su marcha a la hegemonía política total. Y les causa temor, algo que, como se sabe, casi siempre genera odio. Por eso el trato iracundo que dispensan a los periodistas. Por eso el hecho de que los masistas, en las calles, les conviertan en blanco principal de sus agresiones.
¿Dónde te metiste Feliciano?
Oso Molino * ®® Sonría “Plis”
Luego de que fue sacada de su cargo, la ex ministra de Gobierno abandonó su despacho. Se llevó la foto de su familia, la del Evo la hizo un rollo y la hizo desaparecer. Se llevó sus pinturitas con las cuales no se maquillaba; se caracterizaba todos los días, como quien va a una fiesta de Halloowen, para hacerse respetar.
Nada de eso funcionó y hay que reconocer, Evo, escuchando el clamor del pueblo y comprobar que esa extremista tan peligrosa debía ser alejada del Palacio Quemado, antes de volverlo a quemar la despachó, con el respectivo sana sana carita de ana
Lo que no se llevó es una grabación top secret que le dieron sus dispositivos de inteligencia.
Fue una charla entre Evo y un tal Feliciano que transcribo confidencialmente:
- ¡Feliciano! Carajo! Dónde te has metido!, empezó don Evo, con la cordialidad que lo caracteriza.
- Sigo en España papituy. Qué país lindo oye, respondió su diputado.
- ¡Que lindo ni que lindo! Te fuiste a meter con ETA y el gobierno español casi me saca un egg.
- Un que…?
- Eso.
- Si sólo estaba con unos tipos muy simpáticos del Batasuna.
- Y no sabes que el brazo armado de esos, es ETA, carajo?
- No se enoje jefecito. Yo pensé que sólo eran hinchas del Barcelona.
- Yo no sé hasta dónde nos va a llevar la ignorancia!
- Bueno, por lo visto, hasta ahora nos ha llevado muy arriba.
- Pero esto no es entre nosotros caimán! Cómo le voy a explicar a Zapatero que un diputado de mi partido pensaba que Batasuna era la hinchada del Barcelona.
- ¿Quién es pues Zapatero, jefecito?
- El Presidente de España.
- Pero que no se preocupe, porque sólo me han contado cuentos de gallegos y han preparado unos tragos.
- ¡Qué tragos?
- Bombas Molotov creo que se llaman y algunos truquitos para hacer asustar a nuestros contras.
- Volvé de una vez, mastodonte,
- Perdón, mi apellido es Begamonte, Felicianito Begamonte.
- No quiero saber nada más de esos tus amigos.
- ¡A la ri la! Los he invitado a las alasitas. Hacen bombas en miniatura.
- Bestia! No sabes acaso que son una banda de terroristas?
- Dijeron que eran de una banda, pero pensé que era de músicos como usted que podían amenizar el Gran Poder. Inclusive tenían poleras que decían:
Devórame Otra Vez. Pensé que se estaban preparando para el carnaval.
- Bueno, mejor quédate callado.
- Claro, me hace callar luego de discursear 4 horas y media. Eso es terrorismo.
- Ya hablaremos luego.
- ETA? “Eta” ute enojado mi papuchin?
La cinta se corta ahí. Ojalá que las conexiones con ETA también, sólo hayan sido una clásica metida de pata de los hombres del presidente.
• Autor del libro “Los Efectos de la Altura en las Actividades Terroristas del ETA” y del Poema “Coctel y Dinamita para hacer el amor con una española.”
* osomier@hotmail.com