Años hace que se lo dio a conocer como el gigante dormido. Mutún, una especie de tesoro invaluable situado en el extremo oriental del territorio nacional, dentro de la jurisdicción del departamento de Santa Cruz de la Sierra.
Por lo que siempre se dijo, Mutún es un real prodigio. El mayor yacimiento de hierro de todo el mundo. El mineral, como otrora la plata en el Cerro Rico de Potosí, se halla a flor de tierra y sólo es cuestión de echarle mano.
Y no sólo es la riqueza en mineral de hierro. Lo es, asimismo, -se hacía constar-, en otros metales, en otros elementos de alto valor estratégico, por citar alguno, el manganeso. En torno de Mutún los cruceños, los bolivianos todos, ciframos esperanzas siempre. Es, aún lo sostenemos hoy, punto de sustento del desarrollo y del progreso, es fuente de vida y medio de trabajo de sectores humanos hasta el presente nada afortunados.
Pero un nuevo siglo, el vigésimo, ha quedado atrás y estamos transitando a estas alturas casi una década del vigésimo primero. Y Mutún, el distante Mutún, el mítico Mutún, continúa siendo el gigante dormido. Con sus entrañas de hierro, manganeso y otros minerales, Mutún no consigue engranar en la realidad nacional ni en la regional.
Brilló una tenue luz de esperanza al hacerse pública la información en sentido de que una importante empresa de la India, no sólo estaba interesada en Mutún, sino además discutiendo formalmente las bases de acuerdos con el gobierno de Bolivia para entrar en la explotación de los yacimientos dormidos. Pensamos confiadamente en que había sonado la hora para transformar en realidad el hermoso sueño de Mutún. Mas, hemos vuelto a desembocar en silencios pesados y, peor que eso todavía, corre la noticia según la cual la empresa India ha perdido interés, al parecer debido a las posiciones duras e inflexibles de parte de las autoridades bolivianas. ¿A echarle otra vez la cruz con las patas a ese viejo sueño que, por lo que se puede apreciar, no tiene vías para desembocar en terrenos de la realidad?
¿Cuánto cuesta y cuánto perdemos por tener dormido Mutún? Es una estimación cuantitativa que se le debe al pueblo de Bolivia.
El mural de Lorgio
Tertuliador ®® Desde el mojón de la esquina
Soy viejo y firme amigo de Lorgio Vaca.
De su obra, he alimentado mis sentidos.
En mi casa. En mis lugares de trabajo. En los centros, en fin, en que discurre mi quehacer de todos los días.
Pero, más que eso, siempre me he sentido gratificado con la amistad de Lorgio.
Con la de Adita.
Con la del exquisito Piraí.
Hasta noches de bohemia, alguna vez compartimos con Lorgio, pulsando él, con vigor y buen gusto, su guitarra.
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Algo, porque sé que no me lo va a tomar a mal, debo decir acerca de las reacciones que ha provocado un mural suyo en la cordial ciudad de Montero.
Lorgio, te sobra razón al afirmar que te asiste la libertad plena para pensar y para crear.
Pero tal libertad podés exigirla y ejercitarla sin restricciones cuando producís para vos o para tu íntimo entorno.
De no ser así, en tratándose de un producto para otro o para otros, al menos por cortesía estás en el deber de informarte si será del agrado de ese otro o de esos otros.
Francamente Lorgio, me parece que es mucha dosis eso de tratar de imponer una creación, por muy maravillosa que sea, a alguien que, con argumentos, o simplemente porque no le agrada, la resiste.
Convendrás conmigo, Lorgio, en que constituye atentado contra la libertad de expresión y otras libertades, impedir a una persona o a un grupo de personas que deseche lo que no es de su gusto.
Simbolismos aparte, desde luego.
Aunque en el caso que me ocupa, tampoco transijo con tan desgastado y siempre relativo simbolismo.
Ejercitá la memoria, apreciado Lorgio. En uno de tus magníficos murales para mí, advertí un pequeño detalle que no era de mi agrado. Te lo hice notar y no tuviste inconveniente en repararlo sobre la marcha.
Siempre afectuoso: Tertuliador