Nos imaginamos la sorpresa con la cual se recibió en casi todo el mundo la noticia de que algunas figuras del viejo y fracasado guerrillerismo centroamericano postularán la candidatura del presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, al Premio Nobel de La Paz.
Sí, sorpresa, porque en el exterior ya se tiene un perfil bastante claro de nuestro actual primer mandatario. Ciertamente que al principio jugó a su favor el carácter inédito del fenómeno político que le catapultara al poder. El hecho de que por primera vez la banda presidencial con la medalla del Libertador Simón Bolívar luciese en el pecho de un indígena, alcanzó en otras latitudes gran espectacularidad y tonante resonancia. Enseguida le llovieron a Evo Morales invitaciones de diferentes países del mundo, en algunos de los cuales empezaron a compararlo con el líder sudafricano Nelson Mandela, pero en versión aimara.
Parecía que no sólo fuera de nuestras fronteras, sino entre nosotros mismos, se desvanecía para siempre la figura de quien más bien, durante mucho tiempo, alterara en forma tan recurrente la paz social del país, mediante bloqueos y otros hechos de violencia que, infringiendo las libertades de los demás, creaban un ambiente de convulsión política y social que nos hacía vivir en ascuas.
El perfil al cual hacemos referencia no es otro que el de un manifiesto autoritarismo. Si se hace un repaso de cuanto se escribe o analiza sobre el Gobierno actual en los medios de comunicación del exterior, se llega inevitablemente a tal conclusión. Es que los fragores de las actuales embestidas gubernamentales contra quienes desde las prefecturas o los comités cívicos no comulgan con el MAS y sus planes, repercute fuertemente en el exterior. Algunos hechos coetáneos a los anteriores, aumentan sus decibeles. Entre ellos, las recurrentes agresiones a los periodistas para impedirles que en sus medios escriban e informen lo que pasa en las calles, tal cual como los hechos se producen.
Estamos seguros de que todo lo anterior es también de conocimiento de los acreditados personajes integrantes de la fundación que otorga el Premio Nobel de la Paz a cuantos se hacen acreedores a tan honrosa distinción, por antecedentes de lucha a favor de la convivencia pacífica, tanto a escala nacional como internacional.
Lo mejor que pueden hacer los viejos sandinistas de Nicaragua, que respecto al tema de la paz no son precisamente trigo limpio, es venir a informarse a Bolivia. El repaso y análisis de todo lo sucedido desde que Evo Morales y el MAS llegaron al poder, pero sobre todo, de los últimos acontecimientos, les servirían de referencias ciertas para pergeñar la imagen real de quien quieren postular para el Premio Nobel de la Paz.
Algo, lo anterior, que sin duda hará o ya hizo la fundación aludida anteriormente, en Suecia.
Pueblo que no cuida lo suyo…
Dominicus
El 22 de octubre de 2002 expresé: “Este 18 de octubre el Honorable Concejo Municipal rindió un significativo homenaje al Gral. Agustín Saavedra Paz, héroe de Ingavi. El acto –que contó con la presencia de numerosos descendientes del homenajeado–, se realizó al inicio de la calle que lleva el nombre del prócer y consistió en la colocación de una plaqueta recordatoria con motivo de los 140 años del fallecimiento de ese ilustre cruceño (1796-1862)”.
Grande fue mi tristeza al pasar la semana pasada por la esquina de René Moreno y Agustín Saavedra para percibir con mis propios ojos que la plaqueta fue destruida recientemente por algún vándalo; solamente queda un pedacito como mudo testigo del salvaje acto. No duró ni cinco años… De la misma manera, me he enterado que sucedió algo similar con varias placas colocadas en el Parque Urbano, en el monumento a Simón Bolívar y en muchas otras partes. A ello agréguense las burlas que, de tanto en tanto, elementos incalificables propinan gratuitamente sobre estatuas que honran a nuestras personalidades locales.
Alguna vez dije que se podía matar a un pueblo sin matarlo. En efecto, para ‘liquidar’ a un pueblo basta con arrancarle la memoria histórica. Sin ella, ese pueblo quedará vivo pero como si se le hubiera practicado una lobotomía colectiva; en otras palabras, quedará convertido en un ente social, sin personalidad y listo para ser empujado al carro de cualquiera. Es por eso que es tan importante conservar el recuerdo de los hechos del pasado, pues ese flujo que viene de atrás y alimenta nuestros recuerdos, es lo que le da vida y personalidad a un pueblo. Y esto lo estamos perdiendo en Santa Cruz de la Sierra y en todo el departamento, por diversos factores que analizaré en otra oportunidad.
Ahora, quiero lamentar profundamente el atropello realizado contra la memoria del general Saavedra y pedirle al Concejo Municipal que así como dignamente procedió en su oportunidad, reponga ahora la plaqueta, para que el recuerdo de ese prócer –combatiente de Ayacucho, defensor de Chiquitos ante la invasión brasileña y héroe de Yanacocha, Socabaya e Ingavi–, no sea olvidado. Por último, quiero recordar que pueblo que no cuida lo suyo, debe atenerse a las consecuencias. Si prosigue la tendencia en Santa Cruz de no cuidar, respetar ni preservar nada, Dios nos libre del futuro que tendremos.