Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 10, enero de 2007
 
 

 

A mantener la unidad



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En la actual y crítica coyuntura política que vive el país, con sombras premonitorias de males particularmente proyectadas sobre Santa Cruz, la conducción cívica de la región asume una importancia crucial. Exige, aparte de sagacidad, racionalidad y prudencia, una férrea unidad. Más allá de la diversidad de puntos de vista que puedan darse entre segmentos institucionales de ubicación diferenciada en la estructura social regional, se hallan objetivos comunes que obligan a un comportamiento férreamente unitario.
Tales objetivos toman en cuenta la necesidad de que el tipo de estructura productiva de la región siga adelante, sin permitir que nada ni nadie obstaculice, cambie o desvíe su marcha. El modelo cruceño de desarrollo, basado en la libertad empresarial y la propiedad privada, cualquiera que fuese el modo de organización de ésta (común, cooperativa, etc.), dio excelentes resultados.
Prueba lo anterior, en forma irrefutable, la circunstancia de que en menos de cuatro décadas, Santa Cruz, de aldea somnolienta, pasara a convertirse en verdadera locomotora de la economía nacional. Así lo determinó una agropecuaria de gran empuje empresarial cuyas exportaciones gravitan en forma creciente en los ingresos nacionales. Tal éxito atrajo a una creciente migración de occidente, particularmente de origen rural, pero también urbano, que al aumentar el volumen demográfico de nuestra capital, la convirtió en una de las ciudades más pobladas del país. Y más que esto todavía, le asignó rango de ciudad síntesis de la república.
Tal la razón por la cual la demanda autonomista cruceña no apunta al secesionismo, como alegan algunos despistados del Gobierno central. Santa Cruz sólo quiere que se le respete su determinación, acreditada por el voto mayoritario en las urnas, de ir a un sistema de organización territorial y administrativa que le permita administrar sus propios recursos, respecto a un desarrollo regional tan cierto como creciente, bajo el modelo al cual debe tanto avance. El gobierno regional haciendo esto, por un lado, y el gobierno central, en La Paz, dedicándose a lo suyo en el marco de sus atribuciones y funciones constitucionales a nivel nacional.
Nunca más oportunas éstas y otras reflexiones ahora que la región se apresta a renovar la directiva de su Comité Cívico. No vamos aquí a tomar partido por ningún candidato en particular. Serán los representantes de las diferentes instituciones quienes con su voto definan cuál de ellos encabezará el gobierno moral de los cruceños.
Sólo pedimos, y con nosotros, por cierto, todo el pueblo cruceño, que dichas justas tengan un epílogo de unidad. La cerrazón de filas en torno a objetivos comunes, constituye ya toda una tradición en la conducción cívica de la región. Estamos seguros que ella saldrá totalmente fortalecida de las justas que se avecinan.


Ni un chiquitito y tres viudas
Marcelo Rivero
Quisiera ignorar para siempre los sinsabores que está provocando el gobierno sobre todo a Santa Cruz, además de sus abusos en todo el país, como acaba de acontecer en Cochabamba. Es que enferma tanta torpeza y necedad que están llevando a la nación a un callejón sin salida, al enfrentamiento que puede ser sangriento, a la profundidad del abismo. Trataré de olvidar, al menos por ahora, las amarguras que produce este régimen despótico, para comentar algo de lo mucho que se podría decir con respecto a los usos y costumbres de nuestra parroquia.
Sin más preámbulos señalaré que las nuevas generaciones de cruceños -y algunas no tan nuevas-, muy bien encabezadas por periodistas de cuanto medio de comunicación exista en nuestra capital, con las excepciones que confirman la regla están dejando a un lado los términos que empleamos toda la vida para referirnos a nuestros semejantes de la edad y condición que fuere. Ya sea por esnobismo, por hacerse los bien hablados, por chifladura, de puro mentecatos, por repetir como los loros lo que oyen y leen en el periodismo oral, escrito y televisivo del exterior, Sancho, Pedro y Martín están introduciendo palabras que nada tienen que ver con el vocabulario de los nacidos en esta llanura.
Por eso no resulta extraño que estén desapareciendo expresiones como criatura, muchacho, viuda y tantas otras que, por lo demás -es decir fuera de ser tan comunes en nuestro hablar-, pertenecen al idioma castellano. De ahí que es un milagro encontrar o escuchar, con respecto a los seres humanos que han llegado a este mundo, y más exactamente a nuestro suelo, que nació una criatura: ¡ay de bonita la criatura!, ¡qué peladinga linda!, ¡ay de alajinga el chiquitito!, eran algunas de las frases de un pasado no lejano, que ahora han sido reemplazadas por ‘bello tu bebé’ y ‘hermosa la bebé’. Por supuesto que esta terminología no escapa a las crónicas sociales y policiales y a las noticias en general, que son cosa de todos los días y hasta pronostican que ‘la bebé será escultural como su madre’, o anuncian que fulanita tendrá su ‘baby shower por el advenimiento de su bebé’, o que ‘un infante fue raptado de la maternidad’, o que la diva mengana o la princesa zutana dieron a luz una ‘divina bebé’ o un ‘encantador bebé’.
No queda pues ni un chiquitito en este pueblo y añadiré una ‘curiosidad’: sólo hay tres viudas. Resulta que antes, si el marido se anticipba en el viaje al más allá, la mujer con resignación pasaba a ser ‘viuda de...’ En los días que corren no hay tal cosa (salvo los tres casos que conozco), la esposa sigue siendo ‘Fulanita de Vacaflores’, de hecho con el solícito respaldo del periodismo. ¡Ah los tiempos de hoy!

 




 
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