Cochabamba era ayer un polvorín a punto de estallar. ¿La razón? Cocaleros y regantes movilizados tumultuosamente con la idea metida entre ceja y ceja de destituir al prefecto Manfred Reyes Villa por haberse pronunciado a favor de una gestión autonómica en aquel departamento, lo que le valió ser declarado “enemigo” del pueblo. La movilización derivó en enfrentamientos con la fuerza pública que resguardaba el edificio prefectural para impedir su toma por los enardecidos manifestantes. La reacción de los uniformados le costó la destitución ipso facto al comandante policial, -a horas de que llegara con su nombramiento desde La Paz y de haber sido posesionado por Reyes Villa, por orden de la ministra de Gobierno y que deja ver muy claro el drástico condicionamiento al que sin chistar debe someterse la oficialidad de la entidad verde olivo. ¿Actuará la Policía en resguardo del orden público solamente cuando se trate de expresiones de protesta por los desafectos al Gobierno o cuando la omnipotente ministra así lo resuelva? Tal parece ser el lineamiento a seguir, lo que es peligroso en extremo e indamisible en un estado de derecho.
Por lo demás, llama poderosamente la atención que en algunos sectores no se asuma todavía la nueva naturaleza que en términos de legitimidad, fijaron las elecciones en las que el voto mayoritario del pueblo definió quiénes iban y quiénes no a los gobiernos regionales de la república.
Legalidad, como sabe el menos informado, representa apego riguroso a la ley. Cumplían este requisito los prefectos que antes elegía a dedo el jefe del Poder Ejecutivo. Cabe recordar que los favorecidos eran casi siempre adherentes partidarios o miembros de los partidos con los cuales pactaba para garantizarse gobernabilidad. Una prerrogativa que ahora ya no la tiene, porque es el pueblo quien elige a dichas autoridades, pero no por ello se pierde la legalidad que debe ser resguardada como lo prevé la Carta Magna y que en el caso que nos ocupa estaba siendo quebrantada por adherentes al oficialismo.
La legitimidad tiene que ver con la fuente de la soberanía que es el pueblo. Y fue de este pueblo que obtuvieron el ‘Sí’ rotundo para regir en sus respectivas regiones prefectos que no militan en el MAS, como son los de Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, Beni, Tarija y Pando, o sea en seis de los nueve departamentos. Consecuentemente, en cuanto a fidelidades y compromisos, se deben más a su región que al poder central.
Creemos que no menoscaba de modo alguno tal legitimidad, la circunstancia de que por el momento carezcamos de la normativa a la cual ajustar las relaciones de los gobiernos regionales con el poder central. Este es un tema que resolverá la Asamblea Constituyente, cuando debata y sancione el régimen autononómico por el cual optaron en las urnas los departamentos de la denominada ‘media luna’.
Entretanto, por un elemental respeto al soberano a nivel regional, que es el pueblo de cada uno de los nombrados departamentos, el Gobierno debiera aceptar plenamente la legitimidad que invisten dichas autoridades. No es dable que pretenda desconocer tan novel atributo, subordinando a los prefectos a sus dictámenes. Los prefectos dejaron de ser meros vagones del convoy gubernamental. Ahora, esencialmente, se deben a los pueblos de las regiones que los eligieron en forma directa y democrática
Naturalmente que el régimen autonómico, como ocurre en España y en otros países europeos, no se desentiende de la coordinación que debe existir entre el gobierno central y los gobiernos regionales. Pero esta coordinación está circunscrita a lo estrictamente técnico-administrativo, no a lo político. Repetimos: no a lo político, que es otra cosa. Aquella tarea la puede ejecutar, desde La Paz, transitoriamente, mientras la Constituyente haga su trabajo, el Ministro Secretario de la Presidencia. ¿Delegados Presidenciales? Se convertirían en un foco de conflictos.
Juzgamos que lo sensato es que el gobierno actual, cejando en tales empeños, espere los resultados de la Asamblea Constituyente. El régimen autonómico, finalmente, en lo que hace a las prefecturas, les definirá el campo de acción.
De boca de Filemón
Raspapinchete
Ha gritado sus verdades de a puño Filemón Escóbar. Lo ha hecho en los últimos días a través de sendas entrevistas concedidas a medios de comunicación cruceños. El viejo y experimentado líder de la izquierda nacional es ‘creador’ del Movimiento al Socialismo y de su hechura se considera al actual Presidente de la República, del que ahora aparece distanciado por esos curiosos y habitualmente impredecibles vaivenes de la política criolla.
No hace mucho tiempo, por pensar y actuar diferente lo apartaron del MAS y, por si fuera poco, dizqué bajo sospecha lo etiquetaron como ‘agente’ de la central de inteligencia estadounidense (CIA).
Podrá compartirse o no el pensamiento de Escóbar pero se lo debe reconocer como un hombre de lucha, de firmes e inclaudicables convicciones y poseedor de una vasta e importante experiencia en ese terreno siempre deleznable de la política.
Suyas han sido las más descarnadas y contundentes críticas que han recibido el MAS y el Gobierno del presidente Evo Morales por el rumbo que, a un año de gestión, ha optado por seguir en un clima de una creciente y peligrosa confrontación nacional. Los dardos de Escóbar también alcanzaron de lleno al entorno presidencial que representa a la ‘izquierda tradicional’, empeñada en repetir los errores del pasado. A ese influyente sector atribuyó el cambio de idea de Morales acerca de los dos tercios para la Constituyente y las autonomías departamentales. Dos cuestiones fundamentales que, en principio, el propio Presidente anunció que apoyaría antes de renegar olímpicamente de ellas.
En sus exposiciones, Filemón igualmente puso énfasis en la que ahora considera como una desvirtuada construcción del MAS que ha desestimado, según él, ‘el principio de la unidad dual de la complementariedad de los opuestos’ y que representaba una propuesta de respeto al adversario, aceptando sus diferencias tal como fueran y proclamando un compromiso de lealtad con la democracia.
Recomendó entender que en el país existen dos civilizaciones, la occidental y la del oriente, señalando que equivaldría a “un suicidio” cualquier intento de sometimiento de la una sobre la otra. En este acápite, Escóbar sostiene que la Asamblea Constituyente tiene que representar la fusión entre el oriente y occidente pero para que ello ocurra, una primera tarea del MAS y del Gobierno es evitar la confrontación entre regiones y que desde aquellos niveles ha sido y sigue siendo una constante, en vez de buscar la concertación.
Eso, entre lo más sustancial que dijo Filemón Escóbar ofreciendo su concurso para que aprendamos a vivir en armonía en vez de hacerlo como perros y gatos. Para que los bolivianos no terminemos agarrándonos a tiros...
La voz de Filemón. ¿La escucharán todavía o en el palacio de la Plaza Murillo dirán con sorna “no se oye padre”?