Casi un mes después del linchamiento de Marcelino R.P. (12 de octubre), en
manos de una turba enardecida de mototaxistas y pobladores de San Julián, el
fiscal Basilio Villca asegura que ya tiene identificados a los presuntos
instigadores de aquel crimen, pero no actúa porque está aguardando que baje la
tensión social en el pueblo para luego citarlos a declarar.
Además, el código del silencio que empezó a regir después de ocurrido el
linchamiento ha hecho que las investigaciones no avancen con más celeridad.
El jefe policial de San Julián, Samuel Ortega, admitió que los mototaxistas y
los familiares de las víctimas de los atracos se cuidan de hablar sobre el
crimen ocurrido. Similar criterio expresó el fiscal Villca, pero dijo que
primero está investigando los casos de robo de motocicletas y los hechos que
originaron el linchamiento de un presunto atracador y que dejó herido a otro.
Después del crimen, algunos dirigentes de los mototaxistas desaparecieron de San
Julián, mientras que otros mantienen reuniones frecuentes en lugares
clandestinos. El ambiente sigue tenso, al extremo que la presión de los
mototaxistas obligó al fiscal a incluir en el proceso por el robo de
motocicletas al casero de la propiedad El Vergel, Mateo Rojas, que a principio
había sido separado porque no existían indicios en su contra. Ahora, sin
embargo, está detenido bajo el argumento de que supuestamente era cómplice de
Bernardino R.M., el joven que mantenía una relación sentimental con una de sus
hijas. Además, porque varios atracos se dieron frente a su predio.
Esa misma forma de presionar fue la que se vio poco antes de ocurrido el
linchamiento. Los mototaxistas hicieron que el fiscal y dos policías vayan hasta
la ciudad de Montero para atrapar a Marcelino. Cuando éstos retornaban, otro
grupo de transportistas se concentró en el lugar donde ocurrieron los dos
últimos atracos, a cinco kilómetros de San Julián, para interceptar y secuestrar
a los sospechosos, a los que golpearon sin piedad. Uno de ellos, Marcelino, fue
asesinado en la plaza principal, a los pies de una cruz de madera.
Otra muestra de presión se ejerció tres días después. Una comitiva, integrada
por mototaxistas, el fiscal y los policías, tuvo que trasladarse hasta la
comunidad de Santa Rosa del Sara para aprehender a Aldo R.M., hermano de
Bernadino.
Bernardino actualmente está recluido en la carceleta policial de San Julián
acusado de ser cómplice en el atraco a los mototaxistas. Mientras que Mateo
Rojas y Aldo fueron trasladados hasta la cárcel de Palmasola. La hija de Mateo,
de 15 años, fue llevada al hogar Renacer, por disposición del juez William
Escalante.
Luego el fiscal Villca explicó que Mateo no tuvo nada que ver con los hechos,
pero fue enviado preso para evitar que sea linchado.
La historia que provocó que un gremio se atreva a linchar a un hombre y a
mantener amenazadas a las autoridades comenzó cuando el mototaxista David
Paredes Álvarez fue víctima de un atraco. Según su declaración, trasladó en su
motocicleta a un joven que trabajaba en una lavandería de vehículos, al que
logró identificar después como Marcelino. Dijo que al llegar frente al predio El
Vergel otros dos individuos lo golpearon con un fierro y cuando creyeron que
estaba muerto, se llevaron la motocicleta.
Al día siguiente del atraco, casi a la misma hora (19:30), atraparon a
Bernardino cuando retornaba de Montero, donde se cree que fue a dejar la
motocicleta robada. Ante el hostigamiento y los golpes de parte de los
mototaxistas y familiares de la víctima, Bernardino delató a los hermanos
Marcelino y Aldo.
Aquella noche en el pueblo ya circulaba la versión de que a los atracadores los
iban a linchar. Pese a esa advertencia, el jefe policial no tomó los recaudos
necesarios y el alcalde, Germán Villca, desapareció del pueblo, dijo el
sacerdote Ruperto Rodríguez, que intentó calmar los ánimos de la turba, pero
todo fue inútil.
Los
antecedentes
El 12 de mayo. El taxista Eusebio Cuti Porras (40) fue asaltado en el barrio
Los Tajibos de San Julián. Le arrebataron su motocicleta.
El 27 de junio. Asesinaron a Basilio Lizarazu para robarle la motocicleta. El
hecho ocurrió frente al predio El Vergel, pero no fue denunciado a la Policía.
El 10 de octubre. Asaltaron a David Paredes Álvarez. Se llevaron la moto. La
víctima se hizo el muerto y después logró identificar a Bernardino.
El vía crucis de los dos sindicados
Los ocho policías que prestan servicio en San Julián, incluidos el
comandante, Samuel Ortega y el fiscal, Basilio Villca, fueron testigos una noche
antes de que los ánimos de los mototaxistas estaban caldeados, así que
prepararon todo para que tras la llegada del principal sindicado Marcelino y de
su presunto cómplice Bernardino, sean llevados ante el juez cautelar.
Sin embargo, no sucedió como lo planificaron. Alrededor de las 7:30, decenas de
mototaxistas se habían concentrado en el lugar donde ocurrió el último atraco.
En el mismo sitio, frente a la propiedad El Vergel, se hallaba una cruz en
memoria de Basilio Lizarazu, otro mototaxista que hace casi cinco meses fue
asesinado.
Allí, la caravana de cinco vehículos que retornaba de Montero con los dos
aprehendidos, más dos motocicletas y dos bicicletas que fueron halladas en poder
de Marcelino, fue interceptada y le arrebataron a los dos sospechosos.
Desde ese lugar, a cinco kilómetros de San Julián, Marcelino y Bernardino fueron
obligados a cargar la cruz que había en el sitio. Luego, como recordando el vía
crucis de Jesucristo, los llevaron caminando, mientras la turba enardecida los
azotaba y los golpeaba con patadas y puñetes.
Algunos testigos dijeron que los dos jóvenes fueron castigados de manera
inhumana. Cada vez que caían, eran levantados jalados de los cabellos. Los dos
uniformados que los traían y el fiscal Villca fueron separados, quedando bajo
control de los mototaxistas y los familiares de las víctimas de los atracos.