Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 3, noviembre de 2006
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Clima

 

 

 

 

 
SECCIÓN
 Editorial

Vacaciones escolares

Tocan a su término las labores escolares. Jardines de infantes, escuelas y colegios se aprestan para poner punto final a sus programas anuales y cerrar temporalmente sus puertas. Con raras excepciones, el fin de año y las vacaciones consiguientes son comunes a los establecimientos educativos fiscales y particulares.
En este tiempo de descanso, nuestras preocupaciones se manifiestan. Es que la situación no se modifica desde tiempos realmente inmemoriales. Los establecimientos educativos cierran sus puertas, los niños y los jóvenes no tienen mayormente nada que hacer. Expeditas están las calles, con todas sus amenazas, para que vaguen perdiendo el tiempo y malográndose en entretenimientos que no condicen con su edad e inmadura formación.
Por lo que hemos tenido oportunidad de comprobar directamente, en otros países, en otras regiones del planeta, los niños y los jóvenes, después de sus periodos de aprendizaje y de estudios cuentan con colonias de vacaciones que, o son gratuitas o se ofrecen a costos muy asequible. Imposible esperar una cosa así o parecida siquiera en el país. En Bolivia no se dispone de recursos para estos fines. Tampoco se tiene imaginación para improvisarlos. En Bolivia, las cosas que atañen a niños y jóvenes y, por igual, a la familia, corresponden a un segundo plano que nunca merece ser tomado en cuenta.
Entonces, este periodo de vacaciones ya iniciado o a punto de iniciarse, como los que le antecedieron y los que vendrán en los próximos años, volveremos a tropezar con niños y jóvenes absorbidos por la vagancia y, no pocos de ellos, atrapados por el alcohol y las drogas.
De los padres de familia no es mucho lo que se puede esperar en bien de niños y jóvenes que se han liberado de la obligación de concurrir a clases. Casi por regla general, los padres están comprometidos con la dura lucha por la vida, mientras otros nunca tuvieron conciencia acerca de sus responsabilidades respecto a la formación de los de su misma sangre. Los hay, asimismo, entre los tantos padres mal informados, los que creen que sus hijos son prodigio de machismo, alarde de fortaleza, porque se beben un vaso de alcohol sin pestañear o porque son parroquianos de amplio crédito en centros nocturnos de fatua diversión.
De las vacaciones escolares podría sacarse un buen provecho, podría darse óptima aplicación al tiempo libre, a las horas de ocio.
Mas siempre dependerá ello de la actitud de los padres, del control que ellos ejerciten sobre sus herederos. Si no desempeñan su papel como debe ser, las vacaciones tendrán efectos negativos porque no dejarán a la vista ninguna buena oportunidad.


Carta de un león
Oso Molino * ®® Sonría “Plis”

Tengo una empleada que tiene su cuñada que es una china ‘supay’, es decir la esposa del diablo, pero no en la realidad, sino en el Carnaval orureño, porque es de la diablada, hermoso baile folclórico boliviano que nos roban, los chilenos, peruanos y argentinos.
Pero ése no es el cuento. Resulta que la susodicha le ha enviado a mi doméstica la carta que dejó el león que periclitó en el llamado zoológico de Oruro y que dice así:
“Vivía tranquilo en las selvas del África. Libre como el viento, con mi melenita de oro. Era el rey de la selva en un mundo salvaje. Repentinamente, sin darme cuenta, caí en una trampa y cuando desperté estaba viajando rumbo a la América. Sufrí mucho, porque dejé a los míos tan lejos y sin poder despedirme. Yo no había hecho daño a nadie, pero la maldad de los hombres me condenó a cadena perpetua, nada menos que a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, en la ciudad minera de Oruro, donde hace un frío de la gran siete.
Me metieron dentro de una fosa para que otros seres, más salvajes que pertenecen al género humano, me miraran todos los domingos, primero con admiración luego con mucha lástima.
- Pobrecito, decían. Es el rey de la selva y más parece un anciano sin bonosol.
Supe que estaba en un zoológico. Supe que había otros animales, pero los más animales fueron los que estaban fuera de la jaula. Los que no sabían nada de nosotros y en vez de cuidarnos decretaron que me vaya muriendo, poco a poco, como si fuera un castigo.
Yo había llegado de un mundo salvaje pero nunca pensé encontrarme en otro mundo más salvaje que ése. La gente que me iba a ver parecía buena, me arrojaba comida, me hablaba con compasión, pero los que eran responsables de mi vida, sólo decretaron mi muerte, luego de diez años de agonía.
Ahora que ya me voy, quiero decirles que no se puede improvisar un zoológico. Si no hay condiciones para tener uno, es mejor hacer una cancha de fútbol para que los domingos la gente se divierta.
Por falta de las más mínimas condiciones de subsistencia me fui haciendo ‘pelota’. Me dio artritis por el frío y porque no podía moverme dentro de la fosa. Se me fueron complicando mis ‘chinchulines’ y para colmo de mal, a alguien se le ocurrió meterme en un cajón con una estufa para que no extrañara el calor de mi África lejana.
En realidad fue un ataúd y me tuvieron vivo, hasta que ya no doy más.
Con la dignidad del rey de la selva sólo puedo mandar al carajo a quienes con tanta ignorancia y mucha maldad me degradaron a lo último. Inventaron el león piltrafa, el derrotado, triste y abatido, y así no puedo vivir más.
Me voy esperando que quienes aman a los animales abran un proceso y castiguen a los promotores de mi tormento y de mi muerte para que casos como el mío no vuelvan a repetirse jamás.

* Defensor de los Derechos de los Animales que tiene una leona en casa que no lo deja salir los viernes, pero esta noche se disfrazará de Tarzán para darle su Halloween.