Vacaciones escolares
Tocan a su término las labores escolares. Jardines de infantes, escuelas y
colegios se aprestan para poner punto final a sus programas anuales y cerrar
temporalmente sus puertas. Con raras excepciones, el fin de año y las vacaciones
consiguientes son comunes a los establecimientos educativos fiscales y
particulares.
En este tiempo de descanso, nuestras preocupaciones se manifiestan. Es que la
situación no se modifica desde tiempos realmente inmemoriales. Los
establecimientos educativos cierran sus puertas, los niños y los jóvenes no
tienen mayormente nada que hacer. Expeditas están las calles, con todas sus
amenazas, para que vaguen perdiendo el tiempo y malográndose en entretenimientos
que no condicen con su edad e inmadura formación.
Por lo que hemos tenido oportunidad de comprobar directamente, en otros países,
en otras regiones del planeta, los niños y los jóvenes, después de sus periodos
de aprendizaje y de estudios cuentan con colonias de vacaciones que, o son
gratuitas o se ofrecen a costos muy asequible. Imposible esperar una cosa así o
parecida siquiera en el país. En Bolivia no se dispone de recursos para estos
fines. Tampoco se tiene imaginación para improvisarlos. En Bolivia, las cosas
que atañen a niños y jóvenes y, por igual, a la familia, corresponden a un
segundo plano que nunca merece ser tomado en cuenta.
Entonces, este periodo de vacaciones ya iniciado o a punto de iniciarse, como
los que le antecedieron y los que vendrán en los próximos años, volveremos a
tropezar con niños y jóvenes absorbidos por la vagancia y, no pocos de ellos,
atrapados por el alcohol y las drogas.
De los padres de familia no es mucho lo que se puede esperar en bien de niños y
jóvenes que se han liberado de la obligación de concurrir a clases. Casi por
regla general, los padres están comprometidos con la dura lucha por la vida,
mientras otros nunca tuvieron conciencia acerca de sus responsabilidades
respecto a la formación de los de su misma sangre. Los hay, asimismo, entre los
tantos padres mal informados, los que creen que sus hijos son prodigio de
machismo, alarde de fortaleza, porque se beben un vaso de alcohol sin pestañear
o porque son parroquianos de amplio crédito en centros nocturnos de fatua
diversión.
De las vacaciones escolares podría sacarse un buen provecho, podría darse óptima
aplicación al tiempo libre, a las horas de ocio.
Mas siempre dependerá ello de la actitud de los padres, del control que ellos
ejerciten sobre sus herederos. Si no desempeñan su papel como debe ser, las
vacaciones tendrán efectos negativos porque no dejarán a la vista ninguna buena
oportunidad.
Carta de un león
Oso Molino * ®® Sonría “Plis”
Tengo una empleada que tiene su cuñada que es una china ‘supay’, es decir la
esposa del diablo, pero no en la realidad, sino en el Carnaval orureño, porque
es de la diablada, hermoso baile folclórico boliviano que nos roban, los
chilenos, peruanos y argentinos.
Pero ése no es el cuento. Resulta que la susodicha le ha enviado a mi doméstica
la carta que dejó el león que periclitó en el llamado zoológico de Oruro y que
dice así:
“Vivía tranquilo en las selvas del África. Libre como el viento, con mi melenita
de oro. Era el rey de la selva en un mundo salvaje. Repentinamente, sin darme
cuenta, caí en una trampa y cuando desperté estaba viajando rumbo a la América.
Sufrí mucho, porque dejé a los míos tan lejos y sin poder despedirme. Yo no
había hecho daño a nadie, pero la maldad de los hombres me condenó a cadena
perpetua, nada menos que a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, en la
ciudad minera de Oruro, donde hace un frío de la gran siete.
Me metieron dentro de una fosa para que otros seres, más salvajes que pertenecen
al género humano, me miraran todos los domingos, primero con admiración luego
con mucha lástima.
- Pobrecito, decían. Es el rey de la selva y más parece un anciano sin bonosol.
Supe que estaba en un zoológico. Supe que había otros animales, pero los más
animales fueron los que estaban fuera de la jaula. Los que no sabían nada de
nosotros y en vez de cuidarnos decretaron que me vaya muriendo, poco a poco,
como si fuera un castigo.
Yo había llegado de un mundo salvaje pero nunca pensé encontrarme en otro mundo
más salvaje que ése. La gente que me iba a ver parecía buena, me arrojaba
comida, me hablaba con compasión, pero los que eran responsables de mi vida,
sólo decretaron mi muerte, luego de diez años de agonía.
Ahora que ya me voy, quiero decirles que no se puede improvisar un zoológico. Si
no hay condiciones para tener uno, es mejor hacer una cancha de fútbol para que
los domingos la gente se divierta.
Por falta de las más mínimas condiciones de subsistencia me fui haciendo
‘pelota’. Me dio artritis por el frío y porque no podía moverme dentro de la
fosa. Se me fueron complicando mis ‘chinchulines’ y para colmo de mal, a alguien
se le ocurrió meterme en un cajón con una estufa para que no extrañara el calor
de mi África lejana.
En realidad fue un ataúd y me tuvieron vivo, hasta que ya no doy más.
Con la dignidad del rey de la selva sólo puedo mandar al carajo a quienes con
tanta ignorancia y mucha maldad me degradaron a lo último. Inventaron el león
piltrafa, el derrotado, triste y abatido, y así no puedo vivir más.
Me voy esperando que quienes aman a los animales abran un proceso y castiguen a
los promotores de mi tormento y de mi muerte para que casos como el mío no
vuelvan a repetirse jamás.
* Defensor de los Derechos de los Animales que tiene una leona en casa que no lo
deja salir los viernes, pero esta noche se disfrazará de Tarzán para darle su
Halloween. |