Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 29, octubre de 2006
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Sugerencia atinada

Un sector empresarial acaba de sugerirle al Gobierno la conversión de YPFB en una corporación mixta. Es decir, en empresa de capitales estatales y privados, a la vez, donde el Estado controle el 51% y los sectores privados el 49% de la composición accionaria. Considera que con mayoría en el directorio y con el apoyo de inversores privados, la entidad estatal del petróleo podría alcanzar los índices de eficiencia que exigen las metas de rentabilidad que todos queremos para ella en la actual y favorable coyuntura de mercado internacional para los hidrocarburos.
Tan excepcional coyuntura, respecto a YPFB, exige una administración altamente eficiente. No sólo en lo que hace a gestión, sino también a tareas de exploración, producción, industrialización y exportación de hidrocarburos, los ejecutivos de la empresa a cargo de la cadena productiva del gas y el petróleo, deben ser gente que sepa de su oficio y de los pasos a dar, con oportunidad y precisión, en cada uno de los tramos mencionados. Eficiencia, es bueno recordarlo, no se concilia con politización. El epílogo de todo es un chasco cuando esta última y no la primera, define las designaciones en los niveles ejecutivos. Peor todavía si la politización engancha vagones inéditos pero igualmente peligrosos, como el indigenismo y el corporativismo gremial, a su locomotora predestinada al desastre, no sólo por la ineficiencia, sino también por la corrupción.
Es pertinente plantear que YPFB, respecto al Ejecutivo y al poder político, en general, goce de la autonomía que una entidad como ella requiere para alcanzar los parámetros anteriormente citados. En Brasil, tenemos a una Petrobras que el Estado comparte con el capital financiero doméstico y transnacional. La colosal expansión de la empresa brasileña es consecuencia directa de tal simbiosis de gestión.
YPFB, a plazo inmediato, como empresa que tras la denominada “nacionalización” de los hidrocarburos, quedó al mando de la respectiva cadena productiva, debe incrementar en forma drástica y progresiva sus volúmenes de exportación de hidrocarburos. Así lo exigen los compromisos con Brasil y con Argentina, país éste con el cual acabamos de suscribir un convenio que nos reata a venderle gas en cantidades que irán progresivamente en aumento a lo largo de 20 años.
Se requieren miles de millones de dólares para tareas de exploración, habilitación y producción de nuevas áreas hidrocarburíferas, así como para el tendido de nuevos gasoductos. Son inversiones que deben ser hechas de inmediato y no de aquí a tres o cuatro años, con el dinero que YFFB pueda guardar bajo el colchón como cualquier ahorrista. Yacimientos, actualmente, carece no sólo de capital financiero, sino también de estructura gerencial, técnica y administrativa idónea para la resurrección sujeta a viejo estilo estatista. Las cuentas nacionales registran saldos a favor, pero todavía no en la cantidad requerida para desvíos a emprendimientos empresarial-productivos de magnitud. Así las cosas, al Gobierno no le queda otra que considerar para YFPB la alternativa que le sugiere un sector privado del país.
Tal alternativa, por lo demás, no se aleja demasiado, estructuralmente hablando, del rol que establece la nacionalización de los hidrocarburos para las empresas transnacionales que operan en Bolivia. No las echa del país, sino que las convierte en ‘empresas de servicio’ de YPFB. Las obliga a entregar toda su producción a la entidad fiscal del petróleo, para que ésta la venda en el mercado interno e internacional, pagando directamente los respectivos impuestos y regalías al Estado. ¿Por qué no hacer que de ‘empresas sirvientas’ pasen a ser ‘empresas socias’ de YPFB? Esto supone reconocerles representación minoritaria en el respectivo directorio y bases contractuales de renta razonable para ambas partes, particularmente para el Estado, que es el propietario del energético.
Estamos, sin duda, ante una sugerencia atinada que ojalá el Gobierno la tome en cuenta.


Importancia de la nutrición infantil
Dominicus

Más allá del espectáculo folclórico que brindó al presentarse ante el Cuerpo Diplomático el nuevo director del Ceremonial del Estado con su poncho y chicote -en lamentable sesgo anti nacional, ya que los aymaras son parte de Bolivia pero desde ya no la representan en su totalidad, como lo comenté el pasado domingo-, algo es rescatable de lo dicho y hecho por Cancio Mamani, el flamante funcionario.
Para comenzar, nuestro pintoresco emponchado invitó quinua y habas, dos excelentes productos altiplánicos plenos de nutrición, de energía, de potencialidades. Nada de coca, a la que tan afecto es el Gobierno pese a sus probados daños por el nocivo adormecimiento del “accullico” y por ser la fuente única de la cocaína, droga terrible que aniquila familias, vidas enteras y genera delincuencia criminal.
Mamani se refirió a la necesidad de tener buena alimentación desde la infancia y aunque la prensa comentó que luego al enredarse en sus palabras “metió la pata” por haber dicho indirectamente que el propio primer mandatario podía tener deficiencias al no haber sido bien alimentado en su niñez, el hecho es que dijo verdades que deben ser tomadas en cuenta.
Bolivia tiene una pavorosa tasa de mortalidad infantil y encima de ello, probada desnutrición infantil. La ciencia reconoce lo fundamental que es una adecuada alimentación durante la primera infancia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que los primeros cinco años de vida son esenciales en materia nutricional. Si la nutrición no resulta ser la adecuada, el niño –aunque a partir de ese momento sea sobre alimentado- ya tendrá un daño cerebral irreparable. Es una situación desafortunada que el Estado debe esforzarse al máximo por evitar y es obligación del Gobierno generar las condiciones para ello.
La verdad: hay tantas cosas por solucionar en Bolivia, tantas injusticias y calamidades a simple vista (como ésta tan dramática de la desnutrición), que hasta resulta increíble que un Gobierno pretendidamente populista no se dedique de lleno a solucionar estos cruciales temas, en lugar de crearse gratuitamente problemas por otros costados y por otras cosas, como lo vemos todos los días.
Estuvo bien don Cancio en su agasajo con comidas sanas del país y en sus apreciaciones. Eso sí: sáquese el poncho y póngase un traje normal para sus actividades en la Cancillería; será más cómodo, más funcional y así no hará discriminación contra el resto de los bolivianos y bolivianas que no somos aymaras. Represente protocolarmente a todo el país, no a un sector.