Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 24, octubre de 2006
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Clima

 

 

 

 

 
SECCIÓN
 Editorial

Un toque cruceño a la ciudad

De tanto hacer rotondas para luego deshacerlas, de tanto faltarle al respeto en su estilo arquitectónico, tenemos una ciudad híbrida que ni es colonial ni es moderna y, para colmo, tan mal ornamentada, tan sucia, tan a merced de los abusos de propios y extraños. Más de una vez hemos escrito sobre este tema, es decir, sobre el abuso de que es objeto la ciudad de parte de extraños que, aquí, en esta paciente y aguantadora urbe, hacen lo que no les sería permitido bajo ninguna circunstancia en sus lugares de origen
Pero ahora queremos volcar el énfasis en aquello de hacer y deshacer rotondas, canteros y camellones que viene a constituir, al parecer, la máxima preocupación de las autoridades pertinentes y que es la causal número uno de que nuestra ciudad, (supuestamente muy amada por nosotros sus hijos), a casi cuatro siglos y medio de fundación, no tenga una identidad definida.
Fiebre fue lo de llenar de rotondas la ciudad, y tan mala fiebre, que se manifestó surcando las tales rotondas, además de los canteros, de unas palmeras raquíticas e inamistosas, erizadas de espinas ponzoñosas, las más horrorosas, caridad seguramente de alguien que nunca nos amó, pues no se puede concebir que existiendo en nuestras pampas bellísimas especies de palmeras, luzcan en avenidas y recovecos urbanos las menos recomendables.
Rara vez, se ha podido disfrutar de la policromía o de la fragancia de los jardines públicos en esta capital ñuflense, en cuya tierra tan pródiga, basta echar al boleo una semilla para que se transforme en rosal o en mata de mágicos colores. Escasean las plazas, avenidas, rotondas o canteros floridos en la urbe, en el centro o en los llamados barrios residenciales.
Vaya a saberse, en cambio, cuánto cuesta conseguir un rosal en la fría ciudad de La Paz, a casi cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar. Pero allí en La Paz, sea cualquiera la dirección que se tome, los canteros y las rotondas floridas se extienden hasta donde se pierde la vista.
Plantas ornamentales de extraordinaria belleza las tenemos, y muchas, en nuestra región. Baste con citar los gloriosos tajibos que los hay de diversos colores, o los gallitos, casi tan fascinantes como los tajibos. Pero siendo tan sencillo su cultivo y aprovechamiento para poner color a la vida gris en que nos debatimos ¿quién se presta para engalanar el ambiente con tales ejemplares, quién exhorta a los propietarios o mejor aún, quién dispone la obligatoriedad de aportar al ornato con al menos un árbol florido? En otras cosas andan los que se mueven en los niveles del poder.
El centro urbano es un caos en que está muriendo lo poco de lo que llamábamos arquitectura colonial. A cuatro siglos y medio de vida, Santa Cruz de la Sierra no tiene identidad propia, es un híbrido sucio que llega a arrancar lágrimas de los pocos y viejos cruceños que aún quedan y que sueñan, no con mucho: con su vieja aldea.


Atropellos y ojeriza del gobierno contra Santa Cruz

Marcelo Rivero

El gobierno está atropellando cuanto encuentra en su camino y repartiendo palo de ciegos, como acontece en la Asamblea Constituyente donde su injerencia es torpe e ilegal -¡tanto que se llena la boca proclamando el respeto a la ley!-, al extremo de que está rigurosamente vigilada por adeptos al régimen y detrás se mueven diligentes los comunistas trasnochados y el petulante parlanchín venezolano.
Otros atropellos de las normas se producen por cuenta del régimen, principalmente en el departamento de Santa Cruz. La actitud de las autoridades de estrellarse contra todo lo que sea cruceño, o de interés de la región, es desde el primer día en que asumieron el mando, bien encabezadas por el presidente de la nación y secretario ejecutivo de los cocaleros, dejando en evidencia una antipatía rayana en el odio, condimentada con esos ingredientes tan dañinos que degradan a los humanos que se llaman racismo, envidia, venganza y represión, con un añadido: estas bajezas no tienen fundamentos y por supuesto carecen de justificativos.
Entre esos atropellos hay que mencionar el avasallamiento de tierras en Choré, en Amboró, en áreas en producción y con dueños legítimos. Bueno fuera que se las dieran a lugareños que carecen de una parcela (guarayos, buenavisteños, samaipateños, etc.), pero los beneficiados son todos del occidente y entre ellos hay individuos buscados por la justicia -que se codearon con el primer mandatario-, al estar señalados como los principales culpables de la desaparición de un hombre cuando empezaron los líos en Yuquises.
Más atropellos está consumando el gobierno en Santa Cruz como los nombramientos de autoridades en salud, educación y otros sectores, y como el cambio del jefe de la Policía porque no reprimió a un sector de la COD que no obedece consignas oficialistas, ya que además podía correr sangre. De hecho le quita atribuciones al prefecto, que no las tiene por azar sino porque así está previsto en la Ley de Descentralización.
Las cortapisas que el oficialismo impuso en el parlamento a leyes favorables a Santa Cruz con motivo de su efemérides, el cambio de sede de una reunión cumbre presidencial que debía realizarse en nuestra capital, la temeraria afirmación de que nos alegramos por los luctuosos sucesos de Huanuni (por ventura, ¿nos conocen por la frialdad para linchar a alguien o por tenderle la mano al prójimo necesitado?), el no permitir banderas ni música cruceñas (sólo whipalas y huaiños) en actos oficiales, si no son atropellos, pues son pruebas elocuentes de la ojeriza que el gobierno le tiene al oriente.
En esta cadena de atropellos, de ofender gratuitamente y de sembrar cizaña, ni siquiera le importa a los mandamases de turno que los daños alcanzan a todo el país.