Un toque cruceño a la ciudad
De tanto hacer rotondas para luego deshacerlas,
de tanto faltarle al respeto en su estilo arquitectónico, tenemos una ciudad
híbrida que ni es colonial ni es moderna y, para colmo, tan mal ornamentada, tan
sucia, tan a merced de los abusos de propios y extraños. Más de una vez hemos
escrito sobre este tema, es decir, sobre el abuso de que es objeto la ciudad de
parte de extraños que, aquí, en esta paciente y aguantadora urbe, hacen lo que
no les sería permitido bajo ninguna circunstancia en sus lugares de origen
Pero ahora queremos volcar el énfasis en aquello de hacer y deshacer rotondas,
canteros y camellones que viene a constituir, al parecer, la máxima preocupación
de las autoridades pertinentes y que es la causal número uno de que nuestra
ciudad, (supuestamente muy amada por nosotros sus hijos), a casi cuatro siglos y
medio de fundación, no tenga una identidad definida.
Fiebre fue lo de llenar de rotondas la ciudad, y tan mala fiebre, que se
manifestó surcando las tales rotondas, además de los canteros, de unas palmeras
raquíticas e inamistosas, erizadas de espinas ponzoñosas, las más horrorosas,
caridad seguramente de alguien que nunca nos amó, pues no se puede concebir que
existiendo en nuestras pampas bellísimas especies de palmeras, luzcan en
avenidas y recovecos urbanos las menos recomendables.
Rara vez, se ha podido disfrutar de la policromía o de la fragancia de los
jardines públicos en esta capital ñuflense, en cuya tierra tan pródiga, basta
echar al boleo una semilla para que se transforme en rosal o en mata de mágicos
colores. Escasean las plazas, avenidas, rotondas o canteros floridos en la urbe,
en el centro o en los llamados barrios residenciales.
Vaya a saberse, en cambio, cuánto cuesta conseguir un rosal en la fría ciudad de
La Paz, a casi cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar. Pero allí en
La Paz, sea cualquiera la dirección que se tome, los canteros y las rotondas
floridas se extienden hasta donde se pierde la vista.
Plantas ornamentales de extraordinaria belleza las tenemos, y muchas, en nuestra
región. Baste con citar los gloriosos tajibos que los hay de diversos colores, o
los gallitos, casi tan fascinantes como los tajibos. Pero siendo tan sencillo su
cultivo y aprovechamiento para poner color a la vida gris en que nos debatimos
¿quién se presta para engalanar el ambiente con tales ejemplares, quién exhorta
a los propietarios o mejor aún, quién dispone la obligatoriedad de aportar al
ornato con al menos un árbol florido? En otras cosas andan los que se mueven en
los niveles del poder.
El centro urbano es un caos en que está muriendo lo poco de lo que llamábamos
arquitectura colonial. A cuatro siglos y medio de vida, Santa Cruz de la Sierra
no tiene identidad propia, es un híbrido sucio que llega a arrancar lágrimas de
los pocos y viejos cruceños que aún quedan y que sueñan, no con mucho: con su
vieja aldea.
Atropellos y ojeriza del gobierno contra Santa
Cruz
Marcelo Rivero
El gobierno está atropellando cuanto encuentra en
su camino y repartiendo palo de ciegos, como acontece en la Asamblea
Constituyente donde su injerencia es torpe e ilegal -¡tanto que se llena la boca
proclamando el respeto a la ley!-, al extremo de que está rigurosamente vigilada
por adeptos al régimen y detrás se mueven diligentes los comunistas trasnochados
y el petulante parlanchín venezolano.
Otros atropellos de las normas se producen por cuenta del régimen,
principalmente en el departamento de Santa Cruz. La actitud de las autoridades
de estrellarse contra todo lo que sea cruceño, o de interés de la región, es
desde el primer día en que asumieron el mando, bien encabezadas por el
presidente de la nación y secretario ejecutivo de los cocaleros, dejando en
evidencia una antipatía rayana en el odio, condimentada con esos ingredientes
tan dañinos que degradan a los humanos que se llaman racismo, envidia, venganza
y represión, con un añadido: estas bajezas no tienen fundamentos y por supuesto
carecen de justificativos.
Entre esos atropellos hay que mencionar el avasallamiento de tierras en Choré,
en Amboró, en áreas en producción y con dueños legítimos. Bueno fuera que se las
dieran a lugareños que carecen de una parcela (guarayos, buenavisteños,
samaipateños, etc.), pero los beneficiados son todos del occidente y entre ellos
hay individuos buscados por la justicia -que se codearon con el primer
mandatario-, al estar señalados como los principales culpables de la
desaparición de un hombre cuando empezaron los líos en Yuquises.
Más atropellos está consumando el gobierno en Santa Cruz como los nombramientos
de autoridades en salud, educación y otros sectores, y como el cambio del jefe
de la Policía porque no reprimió a un sector de la COD que no obedece consignas
oficialistas, ya que además podía correr sangre. De hecho le quita atribuciones
al prefecto, que no las tiene por azar sino porque así está previsto en la Ley
de Descentralización.
Las cortapisas que el oficialismo impuso en el parlamento a leyes favorables a
Santa Cruz con motivo de su efemérides, el cambio de sede de una reunión cumbre
presidencial que debía realizarse en nuestra capital, la temeraria afirmación de
que nos alegramos por los luctuosos sucesos de Huanuni (por ventura, ¿nos
conocen por la frialdad para linchar a alguien o por tenderle la mano al prójimo
necesitado?), el no permitir banderas ni música cruceñas (sólo whipalas y
huaiños) en actos oficiales, si no son atropellos, pues son pruebas elocuentes
de la ojeriza que el gobierno le tiene al oriente.
En esta cadena de atropellos, de ofender gratuitamente y de sembrar cizaña, ni
siquiera le importa a los mandamases de turno que los daños alcanzan a todo el
país. |