Mayor seguridad para los
pasajeros
La Unidad Operativa de Tránsito ha tenido últimamente excelentes ideas. Se le
ha ocurrido empadronar a unos 150 mil conductores de radiotaxis, taxis, buses y
minibuses de La Paz, con la finalidad de dar mayor seguridad a los pasajeros.
Se trata de una urgente medida que, felizmente, comenzará a ser ejecutada en
octubre de este año. Una de las primeras tareas será identificar a los choferes
y, para ello, no sólo les pedirá fotocopias de sus cédulas de identidad y
licencias de conducir, sino certificados de antecedentes policiales y croquis
del lugar donde habitan para que sea fácil ubicarlos.
No tendrán de qué quejarse porque todo el trámite será gratuito.Ya era hora de
que algo así se anunciara en La Paz y por qué no en todo el país. No puede ser
que los lectores y televidentes lean o escuchen una y otra vez sobre casos de
delincuencia en los que aparecen involucrados sobre todo radiotaxis y pretender
que después puedan subirse tranquilamente a un automóvil del servicio público.
Incluso a la larga no solamente habría que pensar en la seguridad del pasajero,
sino también en la del conductor, por cuanto muchos de éstos han sido atacados
por amigos de lo ajeno que se dan modos para hacerles ir a lugares alejados con
la finalidad de robarles el dinero y otros objetos o incluso el auto.
Por eso en otros países los taxis llevan una división segura entre el conductor
y el pasajero, y la identificación del primero está pegada en la parte trasera
de tal forma que quien va ahí pueda sentirse completamente seguro de llegar sano
y salvo a su destino. Estas medidas no existen en Bolivia.
Es más, muchas veces los propios compañeros de radiotaxistas involucrados en
hechos delictivos cuentan que cuando se enteraron por las noticias de que un
colega suyo había sido arrestado, ellos habían comentado: “Tan buen tipo que
parecía; con razón gastaba tanta plata en cerveza y no sabíamos de dónde...”
En todo caso, es bueno ver a Tránsito plantear soluciones y ponerse manos a la
obra. Ojalá esta actitud la tuviéramos las y los bolivianos todos los días
porque ya está de buen tamaño quejarnos y criticar sentados sin hacer nada al
respecto.
Como ésta, aún existen muchas políticas que en materia de seguridad habrá que
diseñar y varias medidas que se deberán ejecutar.
La inseguridad que la población siente al subirse a un vehículo, al dejar sola
su casa, al esperar que sus hijos pequeños lleguen del colegio sanos y salvos,
al caminar por las calles de noche no es única en Bolivia; sin embargo, en el
caso del país hasta ahora no se han asumido las medidas necesarias.
El Ministerio de Gobierno aún no ha hecho conocer a la población plan de
seguridad alguno, a pesar de que ya han transcurrido ocho meses de gestión.
Sin embargo, seguramente se dará tiempo para elaborarlo y luego ejecutarlo
porque las diferentes encuestas que se han hecho en el país muestran que entre
las necesidades más sentidas están el empleo y la seguridad.
Discurso para los pobres
Juan Carlos Rivero
“No soy enemigo de los ricos, pero soy más amigo de los pobres”, dice la
leyenda colocada en la parte trasera de algún micro que circula por la ciudad.
¡Qué ternura, que... profundidad! Uno se imagina que el micrero debe ser también
pobre y que tiene un corazón tan grande como el de Robin Hood.
Pero no nos disparemos. ¿Qué pasaría si el micrero se convierte en el dueño de
la línea y se vuelve rico? ¿Seguirá pensando de la misma manera? Si no es tan
amigo de los ricos, ¿será capaz ahora de estimarse a sí mismo? ¿Y qué pasaría si
los pobres comienzan a tener más platita? ¿Dejarán de ser amigos del micrero? Y
si los ricos se vuelven pobres, ¿se ganarán la amistad de éste?
Como vemos, el pegajoso refrán no aguanta el menor cuestionamiento porque
condiciona un valor tan incondicional, eterno y puro –como la amistad–, a un
valor tan material, sucio y pasajero, como es el dinero. O sea, decir, “sos mi
amigo porque no tenés plata” es un solemne disparate.
Similar ‘micro’ retórica viene siendo empleada hasta el cansancio por
gobernantes que se autodenominan socialistas, izquierdistas, indigenistas y
otros calificativos que los hace aparecer como si sintieran un apego muy
especial y solidario hacia los pobres.
El discurso que el vicepresidente García Linera pronunció en Warisata cae en esa
categoría. Enfundado en su poncho rojo, el ‘vice’ contó sus andanzas al lado de
los indígenas del lugar. Comió, amó, se armó, luchó y sufrió junto a ellos.
Hasta su acento medio castizo se transformó para la ocasión, volviéndose más
colla de lo normal.
Como lo escrito en el micro, García Linera dejó un mensaje claro: “Yo soy uno de
ustedes y por eso los amo un poquito más que los otros” (por no decir que hasta
sería capaz de empuñar las armas en contra de éstos).
Este discurso, al igual que muchos otros que nos revientan los tímpanos en estos
tiempos, no es otra cosa que un lamento por los pobres y promesas huecas. La
izquierda nacional busca ganarse la simpatía de las masas con el fácil recurso
de mostrarse más amiga de los pobres. Sólo palabras, nada concreto para acabar
con la pobreza.
Ahí radica la falacia: la simple orientación política no convierte a uno en ‘más
amigo’ o ‘menos amigo’ de nadie. Incluso, un gobernante derechista podría
cultivar una amistad más duradera con los desposeídos si desarrollara políticas
de Estado capaces de erradicar la pobreza. Lo demás es palabrerío barato.
Las tendencias políticas simplemente propugnan diferentes estrategias para
llegar a un mismo fin: beneficiar a todos –con poncho o sin poncho– para que
todos se beneficien entre sí. Es con trabajo, no con palabras, que se hace
amigos de por vida. |