La misma salida equivocada
Con mezquindad, con muy escasa visión se enfrentan las demandas regionales de
Santa Cruz de la Sierra, ya sea las que atañen directamente a la Grigotania, o
aquellas otras de que esta Grigotania forma parte o es simplemente solidaria.
No nos creen capaces, allí en las embriagadoras alturas del poder político, de
buenas intenciones a los hombres y mujeres que constituyen nuestro entorno
social. Por el contrario, inveteradamente se nos atribuyen propósitos sesgados,
intenciones aviesas. Para los dueños del poder político, los que con
descomedimiento manejan los destinos nacionales, los pobladores de Santa Cruz de
la Sierra, que están conformados por cambas, collas y chapacos, tal vez más de
éstos que de aquéllos, somos sencillamente sediciosos, alentamos la
desintegración del país, aspiramos a constituir una república independiente al
margen de la de Bolivia, o estamos en tratos secretos, misteriosos o en
concertaciones mercantiles para anexionarnos a alguna potencia vecina que nos
tienta con baratos oropeles.
A pocos días del paro total reciente, del que participó Santa Cruz de la Sierra
en pleno y otras regiones del país con singular unanimidad, la salida del
Gobierno ha sido la habitual. A la topatolondra acusa, a nuestra gente en
particular, de estar en posiciones desintegracionistas, de pretender anexarnos a
algún país vecino.
Mucho ojo con esta desgastada y mezquina afirmación con que habitualmente se
trata de descalificar nuestras cívicas rebeldías. Cualquier momento puede darse
el hecho de que alguno de los aludidos países vecinos demande del gobierno de
Bolivia, una acusación precisa, con nombre de nuestro “cómplice”, circunstancias
en que se produciría la desmembración y otros detalles menudos. Es que nadie,
gratuitamente en el concierto hispanoamericano va a querer cargar con la
sospecha de estar alentando y alimentando los propósitos disgregacionistas de
una región, cualquiera sea ella. ¿O no es así?
El gobierno de Bolivia pues, insistiendo en su posición miope, está incurriendo
en graves calumnias. Calumnias que lastiman a la población de Santa Cruz de la
Sierra, mayoritariamente conformada por collas y chapacos. Y que lastiman
asimismo a nuestros vecinos en el cono sudamericano, haciéndolos sospechosos de
prohijar una dramática desintegración territorial.
En las alturas del Gobierno algún día tendrá que mirarse las rebeldías de la
región cruceña tan cosmopolita, bajo una óptica cabal y medianamente despojada
de mezquindades y de absurdos prejuicios. La mancomunidad heterogénea de
nuestras llanuras y los pueblos vecinos de Bolivia estamos urgidos de una
sincera rectificación.
Los colectivos como en tiempos de las ‘perreras’
Marcelo Rivero
Hoy me referiré al servicio de colectivos en el área urbana de Santa Cruz de
la Sierra, para señalar que en lugar de mejorar empeora, o en todo caso se
mantiene en las malas condiciones que lo caracterizan desde siempre, porque es
la pura realidad: nunca fue bueno, ni siquiera regular, directamente nació
malparido, sin exceptuar unos enormes buses municipales que fueron parte de un
negociado y recordando que por los años 60, cuando aparecieron los primeros
micros, éstos originalmente habían sido camionetas o pequeños camiones tan mal
adaptados que tomaron el nombre de ‘perreras’ y que cruzaban la ciudad de norte
a sur y de naciente a poniente.
Nada diré del caprichoso recorrido de la infinidad de líneas existentes, como
tampoco de los relojes tarjeteros sobre los que se acordó hace años que por lo
menos los del centro y del primer anillo desaparecerían. Mencionaré en cambio el
estado en que se encuentran los motorizados y el comportamiento de sus choferes.
Vehículos cacharros y por tanto con mal funcionamiento, sucios, con los asientos
duros y rotos, algunos a gas con la garrafa ocupando un lugar en la cabina lo
cual constituye enorme peligro. ‘Micreros’ que van volando para marcar tarjeta a
tiempo y que en procura de este objetivo desvían su ruta y dejan pasajeros
‘plantados’ (los de la línea 42 lo hacen seguido en la avenida Irala, donde en
lugar de llegar hasta la calle La Paz tuercen dos cuadras antes, por la Potosí).
Cumplido este propósito se quedan conversando generalmente con el muchacho que
introduce la tarjeta en el reloj, o pierden tiempo porque les da la gana, o van
lentamente, para después, cuando han tenido que aguantar los infaltables
embotellamientos, volver a las de antes, es decir, a sumirle el fierro e ignorar
a los usuarios que aguardan, sin que importe edad, sexo ni condición (niños,
mujeres embarazadas, personas con impedimentos físicos o ancianas), como tampoco
si está lloviendo o tiritan de frío en la vía pública. ¡Santo Dios, ¿cuándo
podrán cubrir los trayectos a una velocidad regular?!
En cuanto a los ‘vuelteros’, siguen molestando a los pasajeros con unos
transbordos absurdos, abusivos y morosos. Por otro lado los colectiveros van con
la radio tronando, unas veces con programas musicales, otras dando noticias, y
otras tantas con tipos que hacen chistes con más obscenidad que gracia, y se
molestan si se les pide que bajen el volumen.
El espacio no da para seguir anotando las fallas del servicio del transporte
urbano en Santa Cruz de la Sierra, cuyos dueños y choferes no quieren entender
que se deben a los pasajeros porque con lo que éstos pagan unos hacen platita
(poca o mucha pero la hacen) y otros paran la olla.
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