El escándalo por el espionaje a los
directores del fabricante de ordenadores e impresoras Hewlett-Packard a
nueve periodistas terminó finalmente por costarle el puesto a la presidenta
de la compañía, Patricia Dunn.
El caso es uno de los últimos coletazos de la no menos controvertida
retirada de la ex presidenta ejecutiva de la empresa Carly Fiorina, quien
renunció el año pasado en medio de especulaciones y críticas de analistas
por el desempeño de la compañía bajo su mandato.
El contenido de las deliberaciones privadas en el consejo de
administración sobre la salida de Fiorina llegaron rápidamente a la prensa,
lo que motivó a Dunn a realizar una investigación.
Esta fue encargada a un asesor externo, que a su vez contrató a una
agencia de detectives privados que fueron los que utilizaron una serie de
medios para obtener la información.
Un método utilizado fue el conocido como "pretexting" y que, en suma,
consiste en llamar a una compañía de teléfonos simulando ser su cliente para
obtener información sin contar con el permiso del cliente real.
Este tipo de mecanismos llamaron la atención de las autoridades, y por
ello la compañía está es investigada por el Departamento de Justicia, la
fiscalía de California y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
El caso estalló en mayo pasado, cuando en una reunión del consejo se
informó de que se había determinado que el directivo George Kenworth había
sido quien reveló información a la prensa.
Esto hizo que el inversor y hasta ese momento director, Thomas Perkins,
criticara a Dunn y anunciara su renuncia, mientras Kenworth se negó a
abandonar su puesto.
Perkins pidió hace pocos días la renuncia de Dunn y había prometido dar
batalla a las prácticas de espionaje en el seno de la empresa.
Hewlett-Packard no sólo espió a sus directivos para averiguar quién
filtró información a la prensa sino también a los propios periodistas, lo
que amplia aún más el campo de acción de las autoridades.
Los investigadores privados contratados por la multinacional de la
informática Hewlett-Packard (HP) espiaron las llamadas telefónicas hechas
por reporteros de "Cnet", una revista online de tecnología con sede en San
Francisco; del "The New York Times" y del "The Wall Street Journal".
La compañía no ha querido dar a conocer la identidad de la agencia de
investigadores que contrató su asesor, y señaló que en un principio pensó
que las técnicas utilizadas por esta compañía eran legales.
"Desafortunadamente la investigación, que fue llevada a cabo por terceras
personas, incluyó ciertas técnicas inapropiadas", señaló Dunn en un
comunicado, en el que también pide disculpas por haberlas utilizado.
Dunn dejará el cargo el próximo mes de enero, aunque continuará como
directiva en HP, y será sustituida por el actual consejero delegado y máximo
cargo ejecutivo, Mark Hurd, quien asumirá así el control de la empresa en
sus ramas ejecutiva y de administración.
Pese a los publicitado del escándalo, los analistas creen que se trata de
una caso más bien menor y que no debería afectar el rendimiento financiero
de la compañía ni el éxito que ha tenido en los últimos meses, en gran parte
porque la posición de presidente no tiene una injerencia demasiado palpable
en la estrategia de negocios y la gestión de una compañía.
Desde que llegó a la compañía en abril de 2005, Hurd ha llevado a cabo
desde su cargo de consejero delegado una importante transformación que ha
sido recompensada con una subida constante y fuerte del valor de sus
acciones (un 27 por ciento en lo que va de 2006) y con beneficios que han
superados las previsiones de los analistas.
Aunque la salida de Dunn le permitirá a Hurd tomar mayor control sobre la
empresa, algunos analistas como Eric Ross de ThinkEquity Partners, creen que
podría influir en la independencia del directorio, lo que en vista de los
problemas que ha enfrentado la compañía en los últimos años puede no ser la
mejor decisión.
EFE