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Tenso ambiente
En esta urbe cruceña y seguramente en otras del interior del país, se vive en
fatigosa tensión. Aquello que es como una premonición, como esa certidumbre de
que algo inesperado y malo va a suceder en cualquier momento, agobia al hombre
de la calle en su cotidiano ir y venir.
Rostros ensombrecidos los nuestros y los de aquellos con que nos encontramos a
cada paso. Aprensiones, reservas, recelos, elocuentes silencios. Esto y más en
el ánimo de la gente que parece tener extraviado el sentido del humor y perdida,
asimismo, la esperanza.
Tenso el ambiente de un tiempo a esta parte, con los transeúntes desplazándose
sin detenerse a reparar en el entorno, a disfrutar de lo poco de bueno que
todavía se mantiene en pie. Tenso el ambiente, minado por la desconfianza, por
el temor a las fuerzas invisibles del mal que realmente se dejan sentir.
Por lo que concierne a la comunidad autóctona cruceña, nos atrevemos a pensar
que nunca, o casi nunca, la tensión ha sido tan patente. Aquí siempre tuvieron
lugar el buen ánimo, la alegría, la fe, la confianza en cada cual. Si Santa Cruz
de la Sierra se transformó en algo así como la tierra prometida, fue, entre
otras cosas buenas, por el apego a la vida de su gente, con alegría y hasta con
ilusiones a veces fantasiosas, pero nunca dañinas, nunca sombrías.
Ese buen ánimo que rebosaba doquier y que resultaba altamente contagioso, no se
manifiesta en este tiempo y en esta parte del mundo en que hasta de las cosas
más serias se hacía verdadera fiesta. Para los hombres y las mujeres de nuestro
entorno era corriente esta curiosa reflexión: Si, ciertamente vamos a morir
cuando Dios lo disponga, pero nadie, en ninguna instancia, nos quitará lo
bailado.
¿Y cuál es la causa de tan manifiesto bajoneo espiritual y anímico? Pues, entre
varias, la situación de incertidumbre en que nos estamos debatiendo, en que se
debaten en general, sectores del pueblo de Bolivia, que tienen peso específico,
que hasta ayer nomás han sido pilares de la sociedad plural en que vivimos y a
la cual honramos con indisimuladas devociones. A merced de la incertidumbre que
se extiende de uno a otro confín patrio, qué ganas quedan para alimentar la
llama de la alegría y de la esperanza.
Urge una sacudida para aligerarse de intereses creados, de veleidades
demagógicas, de mezquindades prohijadas por malsanos resentimientos y gratuitas
formas de la animadversión y el endiosamiento.
Es menester la reposición del espíritu alegre y optimista, antes de que pasemos
de lo que hoy sentimos, a la antesala del infierno o a algo peor todavía.
Me voy a Italia
Oso Molino * ®® Sonría “Plis”
Como mucha gente que no ve futuro en este país, me marcho a Italia. No
necesito visa, porque tengo el visto bueno del Vaticano. Me voy porque no hay
garantías para mi permanencia. Me voy porque era yo una vecina muy querida y
visitada, pero hoy me ignoran. No es cuestión de mantener perfil alto o bajo. Es
cuestión de que otras cosas se han hecho más importantes.
El sacarse la mugre entre vecinos y hacer de este santuario, un verdadero
infierno, es lo que más me afecta.
Las pasiones, las mezquindades, la ambición de poder, suple las artesanías, el
melao y la hospitalidad de mi gente.
Cotoca no es ya un santuario, porque se han adueñado de esta población
malandrines, no se de cuál bando, que se ha encargado de mancharla de sangre.
Que ya se mancille un santuario, me tiene muy preocupada, por eso me voy. En
realidad ya estoy ausente, porque el milagro de la paz, no hacen las vírgenes ni
santos, sino los hombres laboriosos de cualquier tierra y en el caso de Cotoca,
la realidad es otra.
Felizmente no necesito visa para irme, pero no es por la facilidad de marcharme
que preparo mis chirapas, sino por esa amargura que tengo trancada en la
garganta ante la impotencia de no poder calmar las furias encontradas ni la
vergüenza que provocan las acusaciones y los insultos.
Algunos de esos vecinos, necesitan el averno para pasarla mejor. El santuario
les queda pequeño para pelear, por eso me voy a Italia. He escogido ese país
porque está de moda, porque ahí, cerca de España seguro muchos bolivianos
exiliados por el hambre, me harán otro santuario y con ellos podremos comulgar
el pan de cada día con la bendición de mi Hijo.
Iba ir por Medio Oriente, para volver a mi tierra. Para ver el pesebre donde
nació El, pero la cosa está ahí más peliaguda aún, pero no me queda otra que
marcharme, deseando que haya paz en la tierra a los cotoqueños de buena
voluntad. Son una mayoría avergonzada y agredida por unos cuantos que se imponen
con la violencia y no quiero que sea en nombre de la virgen que se tiren de las
mechas.
Voy a rezar por ustedes. Voy a rezar por Cotoca y me voy a ir escoltada por la
policía, no vaya a ser que alguien me lance una pedrada. Hoy en día, todo puede
verse en la tierra del Señor.
* Ex monaguillo en las misas de los domingos, de aquellos domingos cuando se
hablaba de paz porque había paz y no incapaces de la onda talibanera que mella
los santuarios, sustituyendo la oración por el palo.
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