Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 16, agosto de 2006
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Manifiestas incoherencias

Conforme a la ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente, cuantos fueron elegidos el 2 de julio pasado como miembros de aquella instancia deliberativa, respecto a las reformas a la Carta Magna carecerán de poderes decisorios o definitivos. Todo cuanto les corresponde hacer es elaborar y aprobar por dos tercios de votos reformas parciales o totales al instrumento constitucional, mudanzas que, bueno es hacer notar, no causaran efecto de inmediato, puesto que deben ser aprobadas o rechazadas por el pueblo en el referéndum previsto para el caso.
O sea que el pueblo les delega a los asambleístas la facultad de pergeñar y sancionar reformas cuya aprobación final él mismo se reserva mediante voto libre, democrático y mayoritario en las urnas.
Para decirlo en términos gráficos, en el Teatro Municipal Gran Mariscal Sucre tendremos sólo a 255 redactores de propuestas de reformas constitucionales a poner en consideración del soberano que en las urnas les encomendara tal labor. Como todo mandante, el pueblo o fuente originaria de la soberanía estará atento a que el mandatario no vaya más allá del trabajo o función que se le ha delegado. No aceptará, desde luego, que aquél pretenda invertir los roles. Es decir, pasar de mero mandatario a mandante supremo, como quieren algunos sectores del MAS, empezando por el propio Jefe del Estado. Aun cuando la Constituyente se apegue fiel y consecuentemente a su mero carácter de poder delegado, no se salvará del veredicto final del soberano. Es decir, del pueblo. De ése que en el referéndum le dirá Sí o No a cuanto se hizo en la Asamblea de Sucre.
Si puntualizamos todo lo anterior es para destacar la increíble falta de coherencia en las posiciones del Gobierno respecto a la Asamblea Constituyente. Primero, es el propio jefe de Estado quien en discurso público incita a los movimientos sociales afiliados al MAS a instalar avanzadillas en Sucre para que garanticen un ‘carácter originario’ a la Asamblea Constituyente. Es decir, para que se convierta en poder de poderes, capaz de sepultar a los otros poderes públicos, decidiendo por sí mismo el futuro institucional del país. Inmediatamente, las organizaciones gremiales partidarias del MAS anuncian que instalarán oficinas en Sucre para que de “manera rotativa y permanente” sus dirigentes hagan lo que deben en la Asamblea Constituyente. Es decir, con toda seguridad, más que presentar propuestas de reformas constitucionales, será presionar a los asambleístas para que ajusten sus decisiones a la línea trazada por el Gobierno.
Por cierto, es manifiesta la incoherencia de que hace gala el Gobierno con semejante despliegue. Actúa como si no estuviesen en el pueblo, que dirá su última palabra en un referéndum, sino en la Constituyente, las claves de la dirección final de las reformas a la Carta Magna del Estado. Pretende que toda una estructura corporativa de tipo gremial defina lo que al pueblo-pueblo le corresponde decidir. Pueblo-pueblo somos los más de nueve millones de bolivianos que vivimos en este país, de los cuales alrededor de 4 millones son ciudadanos que en las urnas acreditan la titularidad real de un poder originario o fuente de soberanía que hoy se quiere desconocer.
Si la Constituyente debe ser poder supremo, entonces, ¿para qué el referéndum previsto en la ley de convocatoria a la Asamblea? Esta interrogante alude a otra de las incoherencias en que incurre el oficialismo cada vez que se refiere a naturaleza y fines de la Constituyente.


La ‘relocalización’ de los monumentos en la ciudad
Raspapinchete

Los trabajos que febrilmente ejecuta el municipio para reducir o eliminar algunas rotondas sobre el segundo anillo de circunvalación de la ciudad, con el objeto de agilizar el tránsito de motorizados y evitar ‘trancaderas’ en las horas consideradas pico, da pie para abordar otro tema: qué hacer con algunos o con todos los monumentos allí levantados.
Antes, conviene detenerse en una consideración adicional acerca de las rotondas que en su momento fueron construidas para regular la circulación de vehículos y evitar los riesgos de accidentes ocasionados por el exceso de velocidad en las intersecciones. Más aún tomando en cuenta que el actual sistema de semáforos es deficiente y cuando todavía sigue postergado para las calendas griegas el proyecto de instalar los aparatos ‘inteligentes,’ cuya adquisición en gestiones edilicias anteriores demandó una ponchada de dinero y se mantienen en depósito a la espera de que San Juan baje el dedo... Hay, aparentemente, un trámite pendiente de cumplimiento y la necesidad de comprar un equipo faltante para proceder, por fin, a su habilitación.
Entre tanto, no parece tenerse una idea clara sobre la suerte o el próximo destino de los monumentos a punto de ser ‘desalojados’ de sus pedestales en las rotondas en trance de ser achicadas o de desaparecer. Un caso ilustrativo es el de la estatua de Germán Busch en la avenida que lleva su nombre. Tampoco se sabe a ciencia cierta a dónde irá a parar el tanque de guerra utilizado en la contienda del Chaco y que compartía el mismo sitio con la efigie del héroe.
Un funcionario municipal ha hecho notar que los espacios públicos son propiedad de la Alcaldía y es suya la facultad de ‘hacer cambios en beneficio de la población’, según se informó en las últimas horas tras empezar los cuestionamientos sobre el nuevo destino de Busch y del tanque, aunque ya se anticipó que el primero quedará en su lugar como ‘elemento histórico’.
Antes de que se tomen nuevas determinaciones sobre el particular, ¿no será éste el momento oportuno para que la comuna convoque y consulte, entre otros, a urbanistas e historiadores que contribuyan con ideas y propuestas acerca de cuál puede ser el mejor sitio de los monumentos que en considerable número hay en diferentes zonas de la ciudad?
Sobre el asunto que nos ocupa fue lanzada, hace algunos años, una iniciativa que apuntaba a crear o habilitar un paseo o área específica donde pudiera ser honrada y perpetuada la memoria de los próceres y notables de la región. Un paseo que, a diferencia de lo que ocurre con las rotondas, permitiera a la ciudadanía o a los visitantes saber a quién corresponde y en mérito a qué obra o acción se le ha levantado un monumento a determinada personalidad.
Razonable e interesante tal iniciativa que convendría al menos reconsiderar. Por lo demás, ¿podría alguien en particular, picado por la curiosidad y sin riesgo para su integridad física, acceder a alguno de los monumentos que mantienen su actual ubicación justo en el centro de vías de densa y acelerada circulación de vehículos? En una de esas, Superman o el Hombre Araña...